1.9.07

Dylan, Costello

Se me pasó el show, pero me encontré otro

Ayer, cuando intentaba infructuosamente comprar en Ticket Master un boleto de avión que me transportara
ipso facto de Maine al Perú (para asistir a las celebraciones limeñas del Blog Day), me encontré de pronto con otra oferta que no pude rehusar: boletos para el concierto de Elvis Costello y Bob Dylan, aquí en Portland, este 4 de octubre.

Dylan se me había estado escapando desde hace años. Costello no: a él lo vi en un concierto en Rio de Janeiro, hace unos diez años, un concierto extraño al que fui con Fernando Vivas y Mabela Martínez, y en el que la mayor parte de las canciones fueron standards de jazz. Ahora, Costello es el inesperado telonero de lujo en las presentaciones de Dylan en toda Nueva Inglaterra, y la coincidencia es bienvenida.

Por supuesto, el hallazgo del concierto de
Dylan a un paso de casa es una alegría (Maroon 5 y Bruce Springsteen andan de gira por acá, pero no me llaman tanto la atención, y cuando vino White Stripes yo andaba de viaje). Una alegría tan grande que casi compensa la pena de no haber podido asistir al ombligo del mundo --el Mochileros Bar de Barranco-- a ver a los principales bloggers del Perú mirarse a sí mismos en videos en los que se entrevistaban unos a otros: descentralización, que le llaman.

Pero (volviendo a la música) la alegría dylanesca no ha bastado para derrotar la tristeza que me produjo descubrir que, hace dos semanas, murió uno de mis músicos favoritos y yo, que no sé en qué mundo vivo, ni me enteré: el gran maestro Max Roach, baterista estrella del momento más innovador del jazz, genio del
hard bop, el hombre tras los tambores en los mejores discos de Miles Davis y Charlie Mingus, entre otros, y un genio de la experimentación en sus trabajos personales (en mi altar de pobre baterista aficionado, a la altura de Max Roach sólo pego la estampita de Art Blakey).

Aquí dos videos como homenaje, a dieciocho días de su muerte: en el primero aparece Roach solo; el segundo es parte de la famosa Batalla de las Baterías que reunió a Roach y Blakey con Elvin Jones: si les gusta el jazz y/o la percusión, agárrense, esa es una de las cosas más impresionantes que escucharán en su vida.



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