19.2.08

Los "cojudos"

Motivos para creer que el gobierno desprecia al pueblo

"Lo que todo el mundo esperaba era la noticia de la muerte", ha dicho la escritora cubana Zoé Valdés ante el anuncio de que Fidel Castro ha decidido, por fin, dar un paso al costado en la jerarquía del gobierno de la isla.

¿Alguien recuerda los tiempos en que Castro todavía no era una momia pero ya le empezaban a salir las canas, y un movedizo presidente peruano, joven pero que ya andaba por la tercera papada en el buche, aspiraba seriamente a sucederlo en el liderazgo de la región?

A Alan García, en esas épocas, el caricaturista Alfredo lo dibujaba como era: un muchacho gigante de permanente terno azul, al que los músculos de la sonrisa, aún sin atrofiar, no le habían dibujado esa morisqueta grotesca de máscara china que es su gesto de estos días.

Si un visitante se pasea por La Habana, no encontrará con frecuencia retratos de Fidel Castro; no al menos en esa inundación constante con que hallará los retratos del Che Guevara o de José Martí, el muchachón y el viejito eternos que no deberían serlo porque no murieron ni tan joven el primero ni nada viejo el segundo (a los 39 y a los 46).

Si uno pasea por Lima verá la cara de García en todas las esquinas, en todos los periódicos. Pero solo si abre La República y llega hasta la columna del caricaturista Alfredo descubrirá que Alan sigue siendo un niño angelical, que ninguna arruga le cruza las mejillas ni la frente, que su sonrisa es un ejemplo de felicidad.

Quienes hayan leído la novela más celebrada de Oscar Wilde notarán de inmediato que la relación entre Alan y Alfredo evoca la relación de Dorian Gray y Basi Hallward, solo que con el vínculo perfectamente invertido: en La República Alan vive inocente y limpio mientras su doppelganger carnudo, que va ya por el buche de siete bolsas, circula por las calles del país convertido en un despojo del Alan que fue.

Si eso --el alanismo de propaganda, el alanismo de ministerio de información-- fuera el peor pecado de Alfredo en estos tiempos, no estaría hablando de él. El problema es que no se puede ser propagandista de un tipo como García y no representar, tarde o temprano, su lado oscuro, el lado que Dorian Gray confinaba a los dos metros cuadrados de su lienzo maldito.

Consideren la caricatura del avión y de los indios que muestro en este mismo post. Y consideren que esa es la forma en que Alfredo representa el conflicto desatado a raíz de las protestas en el Cusco en contra de las recientes leyes de promoción del turismo aprobadas por el Congreso de la República.

Los indios y el avión, entonces, son los cusqueños y el gobierno central; los regionalistas y el Estado; los primitivistas y el desarrollo; los indígenas y el Perú moderno; el pasado y el futuro; etc. También, lamentablemente, son la imagen de la turba estúpida que cree que es posible derribar un avión tirando lanzas y flechas. La idea es clara: solo los indios ignorantes son capaces de oponerse al inexorable plan de García.

No se trata, entonces, solamente de una señal de desprecio: también es una representación de la inevitabilidad del poder y de los motivos por los cuales es enteramente natural que Lima gobierne a las provincias: porque, para Alfredo, para Alan, las provincias son incapaces de gobernarse a sí mismas.

Eso explica por qué Alan, así como encarga a su caricaturista dibujitos idiotas que no son chistes sino logotipos del racismo, así también le pide a su juglar de cabecera, Aldo Mariátegui, que escriba, con su estilo de gamonal que ya se ha vuelto uno solo con su caballo, artículos como el de ayer en Correo, en el que decía:
"Indignante y preocupante como han reaccionado varias regiones al promulgar ordenanzas contra la decisión del Ministerio de Educación de establecer la pertenencia al tercio superior como requisito para postular a ser profesor contratado. Igual de mal reaccionan los cusqueños, que creen que nos pueden imponer su parecer al resto del país si es que a ellos no les agrada una norma determinada, como la concesión de zonas adyacentes a ruinas.
"¿Es que Simon y Guillén se creen que estamos en los Balcanes, que Lima es Serbia y ellos son Kosovo, Croacia y Macedonia? ¿Ese Gonzales Sayán de Cusco se cree un reyecito, el Inca del Perú? ¿No saben que esta es una república unitaria? Ni siquiera en un sistema federal, de estados asociados por contrato constitucional, los gobernadores desconocen que existe una sola política educativa nacional.
"¿Mañana qué sigue entonces? ¿Arequipa con pasaporte propio? ¿Simon con ejército propio? ¿Cusco reemplazando definitivamente la bicolor por esa huachafada gay-andina? ¿Moquegua quedándose con toda el agua? Oigan, esto es un país y no un lenocinio donde cada uno hace lo que le da la gana. ¿Estos se creen curacas, caciques, señores feudales, duques, marqueses, barones, que pueden hacer lo que quieran en sus dominios? ¿Están cojudos o qué?".

Dejemos de lado otra vez la homofobia y el evidente desprecio biliar de Mariátegui por cualquier cosa que no sean él mismo y el aprista que lo gobierna como un domador de circo gobierna a sus poodles. La noción clave del artículo es esta: si los provincianos ("el inca del Perú", "curacas, caciques") se sienten con derecho a gobernarse a sí mismos, a protestar por una medida que los afecta directamente, a adoptar los símbolos que les parezca pertinentes, etc., entonces son "huachafos" y "cojudos".

Uno quisiera decir que ese menosprecio patente por los peruanos del interior es sólo cosa del alanismo. Pero no. Ojo. La idea de que si los cusqueños creen tener una respuesta mejor que la del gobierno central en el tema de la promoción turística, entonces los cusqueños son "cojudos", tiene exactamente el mismo transfondo de aquella otra noción genial, la de
Jaime Bayly y Pedro Pablo Kuczynski cuando señalaban que ciertas opciones políticas defendidas en los Andes eran producto de la falta de oxigenación del cerebro de los serranos.

Ahí lo tienen: los indios lanceros de
Alfredo, los "cojudos" de Mariátegui, los descerebrados de Bayly: Lima (lo peor de Lima) piensa que su poder sobre las provincias se justifica en la tendencia al atraso y la estupidez de "los indios". Exactamente igual que hace doscientos años. Exactamente igual que hace quinientos años. Y curiosamente, cuando eso pasa, son los autoproclamados "neoliberales" los que defienden el centralismo, la mano dura, la imposición de las ideas de la capital, la implementación de legislaciones unitarias, etc.

A
Mariátegui las protestas le parecen "indignantes"... "Ay, estos indios levantiscos", debe de pensar, como habrían pensado nuestras tatarabuelas. "Habrá que mandarles una expedición"...

18.2.08

Retrato robot

Entrevista a Roncagliolo y reseña en The Barcelona Review

Me olvidaba de la habitual autopromoción (¿acaso no soy un ombloguista?): la edición número 62 en español de The Barcelona Review
publica una reseña mía de La cuarta espada, la crónica de Santiago Roncagliolo sobre la vida de Abimael Guzmán. La reseña se titula Retrato robot: el Guzmán de Roncagliolo no explica al Guzmán de la realidad.

Aunque yo no sabía que esa era la idea, la revista publica en su espacio central una entrevista al autor del libro , "dejando así constancia de ambas posturas", dicen los editores de
The Barcelona Review en el email de anuncio que recibí esta mañana. Luego agregan: "lo hacemos porque pretendemos ser reflejo y tribuna del diálogo y el debate de ideas acerca del conflicto armado que asoló al país andino en el último cuarto del siglo XX".

Una cosa más: si alguien (alguien habrá) se pregunta cómo es que elijo los libros que reseño, les contaré: todas las reseñas que escribo, así como cada artículo que publico en la prensa, es resultado de la invitación de un editor. Hace por lo menos siete años que ocurre así. Obviamente, son más las veces en que he dicho que no que las veces en que he aceptado. (Después de haber escrito por cuatro años seguidos una o dos reseñas por semana en El Comercio, no me quedan ganas de hacerlo con esa frecuencia). Eso tiene dos consecuencias visibles: por un lado, no escribo bajo ningún tipo de obligación; por otro lado, suele ocurrirme que escribo sobre libros que yo no hubiera escogido espontáneamente.

Fotografía: Revista Caretas.

Con ventilador

Ooops: cuidado que viene Aldo Mariátegui

La editora de espectáculos de Correo me envía un comentario que ya está publicado completo en otra parte de este blog. Quiero reproducir aquí su párrafo final, y lo hago respetando incluso los errores sintácticos y ortográficos de esta periodista profesional llamada Giovanna Rubina:

"En Correo Espectáculos siempre hemos sido respetuosos y tratamos de ser lo más correctos posibles y no actuamos con mala fé, mucho menos utilizamos las páginas para tirar barro con ventilador. Creo que de la misma forma en que se formó esta bola asquerosa de acusaciones, se debería, primero, constatar la otra versión. Ahora comprendo porqué el Perú no avanza, porque nos apulañamos entre peruanos".


Mientras ella escribía eso y publicaba versiones a medias de lo sucedido, yo le di mi blog a Pablo Saldarriaga para que contara su verdad y publiqué la carta rectificatoria de Rubina apenas la envió. Al mismo tiempo, coloqué un comentario mío rectificándome de la acusación contra Correo. ¿Y qué hacía Correo mientras tanto?

Bueno, el jefe de Rubina, Aldo Mariátegui, aprovechaba la sección fija de insultos anónimos que mantiene en el diario Correo --y que debe de ser su mayor contribución al periodismo peruano-- para publicar este texto:


"
Existe un insufrible intelectualoide posero llamado Gustavo Faverón, que posiblemente anda de “janitor” (limpiador de W.C.) en un colegito gringo de un pueblito pesquero del remoto estado de Maine. Por eso seguramente suelta inmundicias como que Correo está usando indebidamente en web unas columnas de Pablo Saldarriaga cuando estamos autorizados por dicho autor".

No necesito aclararlo pero lo haré: si fuera yo conserje y no profesor mi trabajo sería poner la basura en su sitio; motivo por el cual seguiría hablando sobre Mariátegui y esa excrecencia suya que es su trabajo en la prensa. (¿Y qué tanto problema si en verdad fuera basurero o conserje? ¿Es que acaso habría alguna vergüenza en eso? ¿O es que el único trabajo decente ahora es el de ser el rasputín fronterizo de un presidente vergonzoso y difundir mentiras atrabiliarias desde la trinchera de un pasquín amarillento? El diario Correo, sin ir más lejos, estaría infinitamente mejor en las manos de sus conserjes que en las garras de este plumífero hiporracional.

Que Bowdoin ocupe el sexto puesto en el ranking norteamericano de las mejores universidades de artes liberales no parece un dato importante para este mitómano convulso, así que no me tomaré la molestia de aclararlo. Eso sí: aunque nací en un pueblo pesquero (La Punta) la verdad es que no vivo en uno: ya quisiera, pero no es así: la mundialmente famosa langosta de Maine la pescan a treinta minutos al sur de aquí, entre Brunswick y ese otro pueblito cochino llamado Boston.

Me pregunto si la periodista Rubina esta mañana, al leer las palabras de su jefecito, habrá tenido otra epifanía acerca de qué cosa es ser decente, respetuoso y limpio y acerca de por qué "el Perú no avanza". Si la tuvo, imagino que ya habrá renunciado a la madriguera que, con la finura que le permite su oligofrenia, conduce el pequeño cinocéfalo de Aldo Mariátegui.

Imagino que la gente de Correo, después de los otros plagios que le han sacado en cara, tiene que saltar hasta el techo cada vez que uno de esos casos no resulta tal: lo malo es que de tanto saltar hasta el techo, Mariátegui parece tener ahora más sesos empastelados en el cielorraso que adentro de la cabeza. Ah, pero eso no le impide seguir escribiendo: eso sí que es darle la cara a la adversidad: sigue adelante, Aldito.

La única duda que me queda es por qué Mariátegui, sabiendo perfectamente que son otros cuatro los blogs que iniciaron en conjunto la denuncia contra Correo, y que esos cuatro no se han rectificado, decide atacarme solamente a mí. Hm... el odio y el resentimiento masticados durante mucho tiempo deben de saber horrible...

17.2.08

La pantalla y el pantallazo

Carta desde Berlín de Pablo Saldarriaga

Si alguien se preguntaba dónde estaba la opinión del mismo Pablo Saldarriaga en medio de ese maretazo de posts que la blogósfera publicó la semana pasada respecto al caso de los textos que aparecieron en Correo y en el blog La Habitación de Henry Spencer, de Luis Carlos Burneo, la respuesta la van a encontrar a continuación, en esta carta que Pablo me ha hecho llegar por email y que además ha publicado, dirigida a la blogósfera en general, en su bitácora personal, donde sigue publicando sus crónicas del Festival de Berlín. La explicación de Saldarriaga es, a mi parecer, transparente.

Berlín 15.02.08

Hola,

Soy Pablo Saldarriaga. Mediante este mensaje, quiero expresar mi desacuerdo con el intercambio de opiniones descargadas en el blog peruano llamado La Habitación de Henry Spencer y la lamentable cola de reacciones que esta situación desencadenó de parte del autor de dicho blog.

Me encuentro desilusionado al ver la facilidad con la que un reducido grupo de personas ha desatado una balacera sin conocer la verdad de los hechos. Para mí es una pena que, con excepción de la persona que se identifica como "Davido", pocas personas que postearon comentarios en La Habitación de Henry Spencer hayan dado su opinión a favor o en contra de los puntos de vista que se desarrollaban en los informes.

Sin embargo, los gallinazos no demoran un segundo en aparecer cuando ven que llega desmonte. Nadie puso atención en comentar mi pésima ortografía, nadie dijo nada de la precaria capacidad de redacción de mis envíos, ni nadie se manifestó a favor o en contra de algunas opiniones dejadas en mis informes.

Mi versión sobre cómo se dieron las cosas es la siguiente:

Cuando salí de Lima por cuestiones laborales, entré en contacto con la editora del diario Correo del Grupo Epensa, Giovanna Rubina, a quien no conozco personalmente. En algún momento le di una entrevista que se publicó en ese mismo diario. Después de eso, quedamos en contacto vía messenger.

Posteriormente, cuando empecé a trabajar en la Berlinale me contacté con algunos medios, optando por trabajar con Luis Carlos Burneo porque me parecía atinado darle mi información a alguien con un espacio independiente, que había trabajado en La Ventana Indiscreta (el cineclub de la Universidad de Lima) y que iba a estar interesado en difundir información para cinéfilos.

Al iniciar la redacción de mis reportes me contacté con Giovanna Rubina, pidiéndole que me ayudara con la lectura y corrección de mis textos, ya que yo no soy periodista ni redactor. Con ella intercambié información sobre lo que estaba pasando en el festival, bajo un clima de total confianza.

La primera semana de febrero, cuando salió publicada en el diario Correo la nota que se cuestiona como plagiada, me comunique con un Luis Carlos fastidiado porque no habían hecho mención alguna a su blog. Ante esta situación, me ofrecí a interceder en lo que yo creía un malentendido y me comuniqué instantáneamente con Giovanna, quien prometió --relajadamente--, publicar al día siguiente una nota rectificatoria. Se lo comente a Luis Carlos, pensando que la situación estaba zanjada pero, al parecer, él no estuvo satisfecho.

Mientras buscábamos una solución que nos convenciera a ambos, Luis Carlos llamó por teléfono, sin comunicármelo, al diario Correo y sostuvo una conversación a la que él mismo bautizó como "de editor a editor". Esto me fastidió, porque sentí que Luis Carlos pasó por encima de mi opinión, puesto que aún no decidíamos cómo solucionar éste embrollo.

Luis Carlos me pidió que le enviara un email (a él mismo) indicando que nunca le di información publicable a Giovanna. Por supuesto, me negué a enviar ese email. Como respuesta le dije que dejáramos de darle vueltas a esta situación y que siguiéramos trabajando.

Al día siguiente, me encontré con notas en la web acerca de un supuesto plagio, escritas con dudosa espontaneidad. Me incomodé de inmediato y le dije a Luis Carlos que no me parecía correcto juzgar de forma tan ligera el trabajo de una periodista, quien de buena intención hizo una nota sobre MI trabajo --no el de Luis Carlos Burneo--, pues quien realizó los informes desde la Berlinale fui yo.

El blogger en cuestión, con toda facilidad, me dijo "dejémoslo ahí". De este comportamiento entiendo que no se le dio el justo valor a mi trabajo.

Pensé que Luis Carlos y yo, como compañeros de universidad y adultos, podíamos solucionar éste problema de una forma inteligente, sencilla y simple. Estaba equivocado. Al parecer, para Luis Carlos era más rentable, mediáticamente hablando, armar un bluff de esto antes que continuar con el propósito inicial con el que empecé este trabajo: brindar a la gente interesada en el cine un poco de información de lo que está sucediendo actualmente en el mundo, comunicar tendencias, ofrecer contactos y asesorar, en la medida de lo posible, a quienes quieran postular a festivales.

Mi rutina ha sido muy exigente desde que acepté ser jurado. Cada día debía ver cinco películas, luego correr para conseguir una foto en la conferencia de prensa y llegar a la computadora a las 12:30 a.m. para escribir informes, sabiendo que al día siguiente debía madrugar. En consecuencia, he hecho una inversión importante de tiempo y esfuerzo, pero mi motivación principal era compartir algo de todo lo que me tocó aprovechar desde donde estoy.

No me encuentro muy informado sobre la blogosfera peruana, pero leyendo los comentarios, he sentido lástima del poco respeto que se tiene hacia el trabajo de los compañeros y hacia ellos mismos (sin generalizar).

Me he retirado del blog de Burneo porque siento que han sacado provecho del trabajo que hice de forma incorrecta y él no ha sabido defender lo importante, optando por el escándalo fácil. Quiero dejar muy en claro que este trabajo fue voluntario. No he recibido ningún tipo de honorarios, ni he firmado ningún documento ni derechos de exclusividad con nadie.

He pedido a Luis Carlos Burneo que retire mis textos y mis fotos de su blog y sólo he recibido como respuesta una negativa. Espero no tener que tomar medidas sicilianas al respecto.

Ya que no considero haber sido copiado, aprovecho este informe para invitar a las personas interesadas en copiar mis informes y fotos a que lo hagan. Pero ojo, revisen la ortografía.

Gracias por su atención.

Pablo Saldarriaga

PS. Los interesados en obtener mayor información pueden visitar mi nuevo espacio: http://funkdealer.blogspot.com/. Lo que viene en mi próximo informe es la divertida conferencia de prensa de Madonna y luego la hipnotizante Scarlett Johannson, junto a Natalie Portman y Erik Bana. Espero que lo disfruten.

Fotografía publicada con autorización de Pablo Saldarriaga.

14.2.08

Dos avisos

Comments invisibles y Quipu en libro

Por algún motivo completamente incomprensible para mí, durante los últimos diez días varias decenas de comentarios fueron directamente a "moderación" sin pasar por mi cuenta de correo electrónico. Debido a ello, no los vi nunca y nunca salieron publicados.

Entre ayer y hoy, una serie de personas (Camilo Fernández Cozman, Luis Gallardo, Daniel Salas, José Alejandro Godoy, etc) me dijeron por otros medios que habían enviado comentarios a Puente Aéreo. Yo jamás los había visto. Así que entré a la página de administración de comments, que no suelo visitar, y encontré varias decenas de mensajes que desconocía.

Lamento en particular no haber leído a tiempo los comments de las varias personas que se habían ofrecido desde un primer momento a formar parte de un comité de administración de Quipu. También, obviamente, lamento que quedaran relegados comentarios de personas aludidas en posts míos (incluso aquellos que básicamente escriben para insultar, porque entiendo que debe ser uno de los pasatiempos más creativos de su mucho tiempo libre). Cumplo con publicarlos en los posts a los cuales fueron remitidos.


Y ya que menciono a Quipu, de paso, les cuento que ese proyecto ha dado un nuevo salto, en verdad emocionante para mí, como de seguro lo será para los jóvenes autores que resulten beneficiados: ha llegado un ofrecimiento de la Editora Mesa Redonda para trabajar en la publicación de libros anuales que antologuen los mejores textos publicados como parte del proyecto.

El día en que eso se haga realidad, creo yo, habrá quedado más que demostrada la utilidad positiva de la blogósfera en la difusión de las letras en el Perú y además otra cosa que muchos parecen considerar imposible: que un grupo numeroso y desinteresado de escritores y críticos literarios peruanos invierta su trabajo en la promoción del trabajo de otros.

A y B

De David B. a Marjane Satrapi, ida y vuelta

Cada cierto tiempo aparece una discusión de este tipo: una pareja de artistas, A y B, dedicados al mismo oficio, trabajan con estilos muy similares, y tiempo más tarde, cuando uno de ellos, o quizá los dos, se hacen famosos, alguien hace notar que el trabajo de A es demasiado similar al trabajo de B.

Falta de originalidad, se dice casi s
iempre, aunque a veces, sobre todo cuando los artistas ya están muertos, se habla incluso de plagio o de suplantación: decir que las mejores esculturas de Rodin las hizo Camille Claudel ha de ser como el non plus ultra de esa línea argumentativa.

Ah, pero a veces sucede. Hay críticos en Francia y Estados Unidos que se toman un trabajo terrible para describir el estilo gráfico de los cómics de la iraní Marjane Satrapi (de quien varias veces les he hablado en los últimos dos años): dicen que es una peculiarísima mezcla de expresionismo alemán y arte naif oriental, que es la respuesta persa a Alison Bechdel, que es como un híbrido de Seth, Chester Brown y Gabrielle Belle pero con conciencia social, que es el Guy Delisle de la literatura gráfica femenina, etc.

Siento ser aguafiestas, pero eso de la relación entre A y B en este caso parece ser una mejor explicación. A es Marjane Satrapi y B es B. Es decir, B es el celebérrimo novelista gráfico francés David B, nombre de pluma de David Beauchard, cuya carrera en el cómic se remonta a 1986 (catorce años antes del inicio de la de Satrapi), y quien se consagrara mundialmente con el éxito de su notable novela gráfica L'Ascension du Haut Mal (traducida como Epileptic), que fuera publicada por entregas entre 1996 y el año 2003.

De hecho, Satrapi, que fue novia de David B por varios años, no tenía una carrera en el mundo del cómic cuando lo conoció, y su obra está marcada mucho más allá de lo normal por el trabajo de aquél, sobre todo por Epileptic: se mueve en el mismo género de la autobiografía novelada, recurre a la misma mezcla de acidez inocente, o de inocencia ácida, que habita el mundo de David B., construye igualmente personajes que son niños o adolescentes recreados desde la adultez y evocados retrospectivamente, y alternativamente asume no sólo su punto de vista sino también su lógica infantil para luego abandonarla y crear un sentimiento de enternecedora ironía.

Formalmente, las similitudes no podrían ser mayores: Satrapi tomó ciento por ciento el estilo gráfico de David B. en Epileptic: el blanco y negro sin matices, las grandes áreas de oscuridad, la absoluta limpieza de la línea, la alternancia de las páginas limpias con las laberínticas, el uso del trazo ingenuo y caricatural para ir construyendo espacios de pesadilla, la emboscada del humor, la importancia similar que le da a los cuerpos y a las sombras de los cuerpos, como creando un mundo de acechanzas y peligros que uno no entiende pero sospecha.


Si una diferencia se puede señalar entre ambos es que, como dibujante, Satrapi carece de la elegante versatilidad de David B. y de su rango estilístico: en todos los libros de Satrapi (he leído todos los traducidos al inglés, porque soy un fan de Persepolis, aunque debo decir que Satrapi no ha podido reencontrar ese nivel en el resto de su trabajo hasta hoy); en todos los libros de Satrapi, digo, el dibujo se parece al de Epileptic, mientras que el mismo David B. no suele regresar a ese estilo con frecuencia, sino rebuscar en nuevos terrenos y descubrir formas novedosas cada vez: la marca del artista creativo es temer más a aquellos terrenos en los que se puede afirmar con facilidad que a la arena movediza de lo desconocido. De hecho, no sería exagerado decir que todo el estilo gráfico de Satrapi proviene de las primera cuarenta páginas de Epileptic, porque en las otras trescientas veinte David B es bastante, bastante más experimental.

Imágenes: extractos de Epileptic.

13.2.08

Correo plagia a Pablo Saldarriaga


Hace meses (parecen años) el escritor Rafo León tomó textos aparecidos en el diario El Comercio y los incluyó en un libro de su autoría: plagio. Los textos originales habían sido redactados por un grupo de periodistas de El Comercio y, como todos los artículos publicados por redactores de planta del periódico, eran propiedad del diario.

La blogósfera se levantó en armas contra León. Casi sin excepciones, se ridiculizó su versión, según la cual él no había cometido el plagio, sino que había sido víctima del mal trabajo de sus colaboradores. (A mi juicio, la ridiculización era totalmente innecesaria, pero la defensa de León era, eso sí, demasiado pobre: uno espera que el autor de un libro escriba el libro).

Casi sin excepciones, se dijo que los periodistas de
El Comercio eran los únicos perjudicados. No se dijo que la víctima fuera El Comercio. Es más, no faltó en la blogósfera quien de alguna manera se diera maña para apuntar un dedo acusador también en contra del periódico.

(No sé si lo recuerdan, pero también cuando se fueron descubriendo los plagios de
Alfredo Bryce hubo quienes culparon al periódico, cuando era obvio que la institución, que había pagado por artículos originales, era la primera gran estafada en esa circunstancia).

Otro plagio, de menores proporciones pero no menos vergonzoso, se ha producido en días recientes: el actor Pablo Saldarriaga ha venido enviando despachos desde Berlín con respecto al célebre festival de cine de esa ciudad, y sus textos han aparecido en el videoblog La Habitación de Henry Spencer, administrado por Luis Carlo Burneo, a quien la blogósfera conoce como Henry Spencer. De pronto, algún mediocre en el diario Correo decidió plagiar literalmente un texto de Saldarriaga y fue rápidamente descubierto.

La blogósfera se levanta en armas contra los plagiarios de Correo. Un blog se pregunta "¿Correo plagia a Henry Spencer?" y en post casi inmediato se responde: "Correo plagia a Henry Spencer". Otro blog es menos inquisitivo, más seguro de sí mismo desde el principio: "Plagian a Henry Spencer". Cabe aclarar que en ambos casos, cuando dicen "Henry Spencer" se refieren a Burneo. El primer blog lo deja muy claro: "Henry Spencer, también conocido como Luis Carlos Burneo". El segundo blog es incluso más específico:
"El mismo Spencer, bastante educado, en vez de mandarse con post se contactó directamente con los encargados de Espectáculos del diario y pidió que admit[ier]an el robo. Así que ayer se publicó una notita dizque rectificatoria pero que, francamente, solo entienden Spencer y quien la redactó".
El problema es que nadie ha plagiado a Henry Spencer. Nadie ha plagiado a Luis Carlos Burneo. Los blogs parecen, en verdad, tan concentrados como siempre en describir a los bloggers como ombligos del mundo que se olvidan de subrayar la noticia tal como debería ser dicha (muy sencillamente, además): muchachos, en el diario Correo han plagiado un texto de Pablo Saldarriaga.

Qué les cuesta tener un poquito más presente (como sí lo hace el mismo Burneo) que Burneo/Spencer no es la víctima del plagio (aunque es obvio que se sienta directamente afectado). Qué les cuesta reivindicar más
al autor, en vez de formular la noticia de una manera tan inexacta que al final parecen darle a Saldarriaga tras cuernos palos, olvidando que él es el plagiado, y no el administrador del blog.

(¿A alguien se le hubiera ocurrido decir que la víctima del plagio en el caso de un artículo de Bryce tomado del diario La Nación era el editor de La Nación, y no el autor del articulo?: No. Ese es el motivo por el cual en las decenas de posts que se escribieron sobre el caso Bryce se aludió a todos y cada uno de los autores plagiados y no a los propietarios, directores o editores del las revistas o diarios, con la sola excepción, escasa y tangencial, de los que fueron entrevistados por agencias de noticias).


Uno de esos blogs dice, además, refiriéndose a Correo:
"típico caso en que los reporteros le sacan la vuelta a sus jefes". Cosa curiosa: esa fue la defensa de Rafo León: que sus redactores subcontratados le dieron gato por liebre. Defensa que, como dije, lo hizo objeto de burlas.

La pregunta es: ¿por qué en un caso se puede decir que los redactores del diario
Correo, burlándose de sus jefes, plagian a Henry Spencer, y no se puede decir, en el otro caso, que los redactores de Rafo León, burlándose de su jefe, plagiaron al diario El Comercio?). ¿Por qué quienes reivindicaron a los redactores de El Comercio mucho más que al diario (o que a us editores o directores) reivindican ahora más a Burneo/Spencer que a Pablo Saldarriaga?

Porque a la blogósfera es mucho más amiga de Platón que de la verdad y le encantan los dramas cuando ella misma es la protagonista (por eso le gusta armar conflictos de juguete ante la menor crítica o llamar guerra a cualquier discusión; esperemos que esa fiebre, como estas otras, se le pase con el desarrollo).

Un tercer blog, el de J.A. Godoy, hace notar lo que quizá es el lado más triste de todo el asunto: Correo ha decidido inventar nuevas mentiras para justificar el plagio a Saldarriaga. Está bien que se haga notar que la cobardía y la costumbre del robo intelectual no deben seguir contaminando a la prensa. Pero no estaría de más, una vez más, que ese titular ("Correo invade y plagia la habitación de Spencer") se cambiara por uno más justo, que repito por última vez: Correo plagia a Pablo Saldarriaga.

PD: Quiero darle la bienvenida al Proyecto Quipu al vigésimo tercer blogger incorporado, el profesor Camilo Fernández Cozman, de la UNMSM. Su blog especializado en poesía es el conocido La Soledad de la Página en Blanco.

Imagen tomada de aquí.

12.2.08

El mundo contra mi país

Sobre dos conceptos y una oposición simplificada

Hay muchas maneras posibles de aproximarse al tema de las literaturas nacionales. Uno que no tiene sentido es asumir como postura la idea de que no existe nada que podamos o debamos llamar literatura nacional.

La posición de quienes reducen el debate a una oposición simple (literatura mundial versus literatura nacional) no es útil porque niega una larga cantidad de realidades evidentes: que la literatura es una construcción cultural; que la historia de la literatura es una construcción cultural; que la edificación de los cánones literarios es una construcción cultural; que la literatura, la historia literaria y los cánones literarios tal como los conocemos han sido todos construidos dentro de paradigmas románticos y post-románticos de tradiciones nacionales, concebidos dentro de un conjunto de visiones del mundo (los diversos marxismos, socialismos, liberalismos) en los que la literatura es ante todo una reconstrucción y un diagnóstico de nuestras sociedades y nuestras sociedades son entendidas, queramos aceptarlo o no, como estados nacionales.


Entiendo que cuando se presenta el asunto de la literatura mundial y las literaturas nacionales como una oposición, lo que se quiere oponer son estas dos concepciones: una que ve la literatura como un solo océano ecuménico al que derivan miles de corrientes diversas, que lo alimentan y unifican. Otra que la comprende como una serie de hilos independientes, que sólo ocasionalmente se cruzan y convierten en un tejido compacto, para seguir luego su camino en direcciones distintas.

La oposición no tiene sentido en esos términos. No existe una tradición literaria que sea inmune a la influencia de otras (de otras lenguas, por ejemplo); pero tampoco existe una que no sea autorreflexiva, que no se establezca como una constante inspección de sí misma, o que ignore su propia historia, su propio origen, su propio camino previo. La discusión, planteada de esa manera, y específicamente para los casos latinoamericanos, dejó de tener sentido por lo menos cinco décadas atrás, cuando Borges escribió "El escritor argentino y la tradición".


La tesis de Borges, sin embargo (la noción de que las tradiciones literarias periféricas se construyen en el vaivén entre la conservación o la invención de lo propio y la apropiación y rerracionalización de lo ajeno), comete un pequeño exceso cosmopolita. En efecto, un escritor peruano, como querría mi amigo
Iván Thays, puede apropiarse de Cees Nooteboom o de Leo Perutz, digamos, pero jamás, lamentablemente, podrá hacerlo como lo hace un holandés que encuentra en Nooteboom los miles de curvas y desvíos y dobleces que a nosotros se nos escapan, o como un judío praguense lo logrará con Perutz: nuestra lectura puede ser igualmente apasionada y no menos interesante, no menos cómplice, no menos ilustrada, pero no será similar, y esa disimilitud tiene que ver con la historia, la lengua y el sentido de comunidad que nosotros no compartimos con esos autores, no importa cuánto nos cueste aceptarlo: esa diferencia es lo más cercano que podemos descubrir a un rastro de la existencia tangible de eso que llamamos literatura nacional.

Sin embargo, dije al principio, no se trata de nada más que una construcción cultural: los griegos no concebían su literatura como literatura griega, y ciertamente aunque el mismo Cervantes pudiera entender la importancia de su teatro como instrumento de cohesión comunitaria hispana, y aun cuando él mismo se decidiera a historiar la dramaturgia española, aun así no concebía su propia tradición como definida por las diferencias con otras.

Quienes hablan de la literatura mundial como una suerte de estadio superior de lo literario, superior al estrato menor de lo nacional, parecen suponer que en verdad podemos volver a esa época, como si los siglos mediantes nunca hubieran sucedido: no es así.
Cualquier cosa que queramos llamar hoy "literatura mundial", no podrá ser otra cosa que algo constituido por la diversidad de las muchas literaturas nacionales. Porque ya es simplemente inevitable: todo lo que llamamos literatura contemporánea ha sido escrito dentro del marco intelectual de las literaturas nacionales: Vargas Llosa escribió con Flaubert en la cabeza pero el gran interlocutor de toda su obra literaria ha sido José María Arguedas, y eso no es una simple casualidad.

Borges
no regresó sobre Sarmiento y Hernández y Lugones una y otra vez por un capricho del azar. Paul Auster no reescribe infinitamente los cuentos de Hawthorne por una extraña coincidencia. Y sospecho que la llamada literatura postmoderna no es menos nacional, sino nacional a la enésima potencia: Piglia es la eterna revisión de Macedonio Fernández, Bolaño está obsesionado por resolver el trauma de la censura fascista en las letras chilenas, a Rushdie lo persiguen los fantasmas de los miles de divinidades convulsas y contrapuestas de su infancia y de la literatura de su tierra.


Son doscientos años durante los cuales la literatura ha sido comprendida como un instrumento en la construcción de las nacionalidades, un recipiente para la fragua de las identidades, un microcosmos para estudiar, proponer y observar los procesos de formación nacional. Y no son sólo los críticos y los intelectuales quienes han hecho eso: también los escritores. Todo ese marco de concepciones es lo que llamamos literaturas nacionales: no desaparecerán con sólo desear que nunca hubieran existido.

En días recientes se ha venido hablando de ese tema en relación con otro: el de la representatividad de ciertos escritores con respecto a la literatura nacional peruana. Que el asunto persista es curioso: quiere decir que, en pleno proceso de formulación del concepto de literatura mundial, hay quienes ven como crucial el paso más elemental de la noción romántica de las literaturas nacionales: la importancia de la literatura como invención identitaria.

Porque algo que ya debería estar claro a estas alturas es que las literatuas que se reclaman como "genuinamente nacionales" no son las que mejor retratan a una nación sino las que más se empeñan en inventarle una identidad a esa nación. Y que la forma más común y frecuente de inventar una identidad es levantando fronteras que la limiten. "Nosotros somos más genuinamente peruanos que ellos" no es una proposición que describa el resultado de una observación: es un programa construido para desplazar a los otros, para segregarlos y colocarlos fuera del terreno que se propone como propio.


El poder de las ideologías es inmenso, claro. La concepción romántica de lo nacional es una de las construcciones ideológicas más dominantes de nuestro mundo. Su poder en la esfera literaria es casi infinito. Eso es lo que hace que libros que nadie lee sean considerados fundamentales en una tradición o en un canon. La Nueva crónica y buen gobierno de Guamán Poma quizá no haya sido leída de cabo a rabo por más de cien personas en este planeta (lo digo en serio), pero cualquier crítico literario dirá que es uno de nuestros libros claves: lo es porque la crítica lo ha convertido retrospectivamente en un eslabón importantísimo de eso que muchos quieren llamar la forja de la identidad peruana, nuestra tradición.

Eso no va a desaparecer en el aire sólo porque un día decidamos suponer que las literaturas nacionales no existen: existen tanto como la literatura mundial: son conceptos, y son válidos en la medida en que un sistema de pensamiento los sostenga. Dejarán de ser cruciales cuando no sirvan a ningún propósito. Sospecho que ninguna de las dos ideas desaparecerá pronto: son primas hermanas; ambas suponen a la literatura como reflejo o emanación de una sociedad, sólo que una piensa a los estados-nación como cifra de esa sociedad y la otra supone un mundo "globalizado" en lugar de estados-nación. Sin embargo, paradójicamente, también la noción de "literatura mundial" o "globalizada" está, como la otra, hecha de límites, fronteras y segregaciones. Y no me refiero solo al hecho evidente de que casi cualquiera que habla de literatura mundial se refiere solamente a la literatura occidental comerciada en circuitos transnacionales, como si en efecto el mundo fuera un local de Barnes and Noble.

Me refiero también a otras cosas, más cercanas: si los "genuinos peruanos" desacreditan la "peruanidad" de los otros, los otros a veces parecen pensar en la "gran literatura mundial" como un estamento superior, supremo, al que los meramente locales no son capaces de acceder. Como si las literaturas nacionales fueran la Copa Perú y la literatura global fuera la Copa del Mundo, y solo algunos magníficos talentosos fueran capaces de calificar a ella. Arrogancia absurda, sin duda; el talento de los escritores es un factor entre miles para el éxito comercial de un libro en el mercado.


¿Cómo se supera eso? Quizá la idea de pluralidad, a la que aludió Iván Thays días atrás, sea más crucial y necesaria de lo que algunos parecen pensar. O quizá nada de eso termine hasta que no termine la época de las naciones (o la época del mundo).

11.2.08

Sigue creciendo

Las pruebas de una blogósfera constructiva

La nueva etapa del Proyecto Quipu va tomando forma: quienes quieran participar (las bases son las mismas de siempre y las publico al final de este post) sólo tienen que enviar sus poemas o cuentos a mi dirección de correo electrónico ( gfaveron@gmail.com ).

Cada catorce días, el texto que haya sido seleccionado como el mejor o el más interesante de los recibidos esa quincena será publicado en diversos medios.

Esos medios incluyen hasta ahora veintiséis blogs, un diario de circulación nacional y un programa de radio bilingüe emitido desde Alemania. (Nota: luego de escrito este post, se incorporó además la Editora Mesa Redonda, con el proyecto de publicar Quipu también en libro).

Los blogs que ya han aceptado o se han ofrecido a colaborar en la publicación (y cuyo número seguirá creciendo) son los siguientes:


Kolumna Okupa, de Rocío Silva Santisteban
Moleskine Literario, de Iván Thays
Libros, de Javier Ágreda
La Soledad de la Página en Blanco, de Camilo Fernández Cozman
Lado B, de Juan Carlos Bondy
Editora Mesa Redonda, de Juan Miguel Marthans
Haltestelle Iberoamerika, de Ute Petsch, Maja Schweiger et al.
Literatambo, de José Carlos Contreras
Gran Combo Club, de Silvio Rendón, Daniel Salas et al.
El Lápiz y el Martillo, de Javier Garvich
Letra Capital, de Carlos Sotomayor
La Peña Lingüística, de Miguel Rodríguez Mondoñedo
José Antonio Galloso, de José Antonio Galloso
Notas Canarias, de Fernando Velásquez
Amores Bizarros, de Max Palacios
La Fortaleza de la Soledad, de Gabriel Ruiz Ortega
Tanque de Casma, de Ernesto Carlín
Letras Lesivas, de Luis Ángel Pardo
Borrones y Otros, de Vanessa Soldevilla
Club de Artes y Letras, de Laura García
Mundo de Teatro, de Carlos Vargas Salgado
Enfrentados, de Jorge Malpartida Tabuchi
Casa de estrafalario, de Katya Adaui
Peruanista, de Carlos Quiroz
Puente Aéreo, de Gustavo Faverón
Quipu, de Gustavo Faverón

El diario de circulación nacional es El Peruano, a través de su suplemento Variedades. El programa de radio es Haltestelle Iberoamerika (Paradero Iberoamérica), que, según nos cuenta uno de sus productores, "
se transmite por Querfunk a tavés de UKW, FM, Cable en los estados de Baden Wurtemberg y Renania Palatinado y para todo el mundo por internet en www.querfunk.de En el programa, el texto seleccionado sería leído en español y en traducción al alemán.

Bases para la participación

Podrán enviar sus textos (cuentos o poemas) a Quipu todos aquellos escritores peruanos que cumplan con al menos UNO de los siguientes requisitos (no necesariamente con los tres; basta con cumplir uno):

1. Ser menor de 30 años.

2. No haber publicado más de dos libros (se preferirá a los autores inéditos).

3. No haber publicado nunca en una editorial limeña.

Repito: basta con cumplir con UNA de las tres condiciones anteriores. Y pueden enviar sus cuentos al siguiente correo electrónico: gfaveron@gmail.com

Las bases no especifican que el autor deba ser del interior del país. Es sabido, sin embargo, que una de las intenciones centrales de Quipu es la difusión de la literatura escrita en provincias. Por ello se anima especialmente a los jóvenes escritores no limeños a participar, pero no se discriminará a los de la capital.

La decisión de cuáles de los cuentos recibidos serán publicados en Quipu será tomada por un grupo de evaluadores, de preferencia elegidos entre los administradores de los blogs participantes.

Quipu impreso

No desaparece: los nudos se multiplican

Ya está. La gente empieza a manifestarse: en vez de cerrar Quipu, el proyecto seguirá adelante y será modificado de la siguiente manera: se volverá a hacer una convocatoria amplia para que los escritores peruanos, de preferencia (pero no exclusivamente) jóvenes, inéditos y del interior del país, envíen sus textos literarios; inicialmente, se preferirán poemas y cuentos.

Una vez cada dos semanas se seleccionará un texto, el mejor de los recibidos durante esa quincena, y ese texto será publicado en los blogs Kolumna Okupa, Moleskine, Gran Combo Club, La Fortaleza de la Soledad, Tanque de Casma, Notas Canarias, José Antonio Galloso, Letra Capital, Amores Bizarros, Puente Aéreo y, por supuesto, Quipu.

Además, gracias a una gestión del periodista Ernesto Carlín, el texto podrá aparecer también, ocupando hasta una página completa, en el suplemento Variedades, del diario El Peruano
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Debo decir que los administradores de los blogs mencionados --Iván Thays, Rocío Silva Santisteban, Silvio Rendón, Daniel Salas, Carlos Sotomayor, Gabriel Ruiz Ortega, Ernesto Carlín, Fernando Velásquez, José Antonio Galloso, Max Palacios-- son sólo los primeros en responder a una convocatoria mía, hecha ayer domingo, que incluyó a algunos otros bloggers. Espero que la red de blogs que coopere con esta nueva etapa del proyecto se amplíe en los días próximos.

Por cierto, no estoy limitando el proyecto a los blogs que yo quiera convocar: todas las bitácoras de la blogósfera peruana que quieran participar están efectivamente invitadas a hacerlo. Sólo escríbanme al siguiente correo electrónico: gfaveron@gmail.com