Durante los días que pasé en Lima recibí tres invitaciones para entrevistas en videoblogs, y acepté una de ellas, la única que me sonó interesante: la que me hizo llegar Francisco Ángeles para Porta 9. Hoy Francisco ha colgado en ese blog una versión corta (29 minutos) de la larga conversación que tuvimos en una librería de San Isidro.
30.6.08
Para Porta 9
Una entrevista en Lima
Durante los días que pasé en Lima recibí tres invitaciones para entrevistas en videoblogs, y acepté una de ellas, la única que me sonó interesante: la que me hizo llegar Francisco Ángeles para Porta 9. Hoy Francisco ha colgado en ese blog una versión corta (29 minutos) de la larga conversación que tuvimos en una librería de San Isidro.
Durante los días que pasé en Lima recibí tres invitaciones para entrevistas en videoblogs, y acepté una de ellas, la única que me sonó interesante: la que me hizo llegar Francisco Ángeles para Porta 9. Hoy Francisco ha colgado en ese blog una versión corta (29 minutos) de la larga conversación que tuvimos en una librería de San Isidro.
29.6.08
En Middlebury
Regresa Puente Aéreo
Se acabó (hace cuatro días) la visita a Lima. Volé a Nueva York y luego a Portland; por tierra a Brunswick y, luego, cinco horas hasta Vermont, como el año pasado, para dar un curso de periodismo y otro sobre Borges en la Escuela de Lenguas de Middlebury College, donde la invitada especial este año es Rosa Montero. Ahora estoy entrando, poco a poco, de vuelta en una rutina, en un cierto orden, y eso quiere decir que Puente Aéreo regresa esta misma semana: nos reencontramos muy pronto.
Se acabó (hace cuatro días) la visita a Lima. Volé a Nueva York y luego a Portland; por tierra a Brunswick y, luego, cinco horas hasta Vermont, como el año pasado, para dar un curso de periodismo y otro sobre Borges en la Escuela de Lenguas de Middlebury College, donde la invitada especial este año es Rosa Montero. Ahora estoy entrando, poco a poco, de vuelta en una rutina, en un cierto orden, y eso quiere decir que Puente Aéreo regresa esta misma semana: nos reencontramos muy pronto.
16.6.08
En Lima
Sigo de vacaciones por unos días más, pero ahora en Lima, rodando de restaurant en restaurant, engordando para el invierno norteño, y reencontrándome con la ciudad y sus baches. Parece que se viene un aire nuevo para Puente Aéreo, algo de lo que ya les hablaré cuando sea tiempo. En todo caso, falta poquito para que el blog vuelva a renovarse de manera constante.
6.6.08
Intermezzo bajo el sol
Por qué Puente Aéreo está en receso
Vacaciones en California: las clases en Stanford terminaron, mi amigo Daniel Salas está de visita en Palo Alto, acabé de escribir un libro y debo comenzar a corregir otro: ésas son las razones de la ausencia de posts en Puente Aéreo.
Pero ya pronto volverán. Y en julio comenzará el Círculo de Lecturas del blog, con La carretera (The Road) de Cormac McCarthy. Nos vemos muy, muy pronto.
Vacaciones en California: las clases en Stanford terminaron, mi amigo Daniel Salas está de visita en Palo Alto, acabé de escribir un libro y debo comenzar a corregir otro: ésas son las razones de la ausencia de posts en Puente Aéreo.Pero ya pronto volverán. Y en julio comenzará el Círculo de Lecturas del blog, con La carretera (The Road) de Cormac McCarthy. Nos vemos muy, muy pronto.
24.5.08
Más McCarthy al cine
Y quizá también en nuestro Círculo de Lecturas
Todo parece indicar que, después de todo, sí habrá un Círculo de Lecturas de Puente Aéreo y que el primer libro elegido podría ser The Road (La carretera) de Cormac McCarthy, el más mencionado hasta ahora entre las sugerencias de los lectores (aunque Paul Auster ha sido también nombrado con alguna insistencia, los comentaristas no se han puesto de acuerdo en ningún volumen en particular).
Parece que la gente se tomó en serio lo de seguir el ejemplo de Oprah: The Road es hasta la fecha uno de los libros más exitosos del multitudinario club de lecturas de la conductora televisiva americana. Pero nosotros no aspiramos a la muchedumbre, claro está, sino apenas a una conversación interesante cada mes entre un grupo de interesados que ojalá sea relativamente numeroso.
Para no desaprovechar la oportunidad, les cuento un par de datos sobre McCarthy y la suerte que sus libros están corriendo en Hollywood, desde el éxito abrumador de la versión cinematográfica que los hermanos Cohen hicieron de No Country for Old Men.
Actualmente, están en diversos estadios de filmación otras tres cintas basadas en libros suyos: Stephen Imwalle prepara una adaptación de Outer Dark; John Hillcoat (director de la notable The Proposition, con guión de Nick Cave), trabaja su propia y multiestelar versión de, precisamente, The Road, con Charlize Theron, Vigo Mortensen, Robert Duval y Guy Pearce en los papeles principales, y, por último, el rey de los altibajos, Ridley Scott (el mismo de Blade Runner), estrenará el 2009 una versión fílmica de Blood Meridian.
Todo parece indicar que, después de todo, sí habrá un Círculo de Lecturas de Puente Aéreo y que el primer libro elegido podría ser The Road (La carretera) de Cormac McCarthy, el más mencionado hasta ahora entre las sugerencias de los lectores (aunque Paul Auster ha sido también nombrado con alguna insistencia, los comentaristas no se han puesto de acuerdo en ningún volumen en particular).Parece que la gente se tomó en serio lo de seguir el ejemplo de Oprah: The Road es hasta la fecha uno de los libros más exitosos del multitudinario club de lecturas de la conductora televisiva americana. Pero nosotros no aspiramos a la muchedumbre, claro está, sino apenas a una conversación interesante cada mes entre un grupo de interesados que ojalá sea relativamente numeroso.
Para no desaprovechar la oportunidad, les cuento un par de datos sobre McCarthy y la suerte que sus libros están corriendo en Hollywood, desde el éxito abrumador de la versión cinematográfica que los hermanos Cohen hicieron de No Country for Old Men.
Actualmente, están en diversos estadios de filmación otras tres cintas basadas en libros suyos: Stephen Imwalle prepara una adaptación de Outer Dark; John Hillcoat (director de la notable The Proposition, con guión de Nick Cave), trabaja su propia y multiestelar versión de, precisamente, The Road, con Charlize Theron, Vigo Mortensen, Robert Duval y Guy Pearce en los papeles principales, y, por último, el rey de los altibajos, Ridley Scott (el mismo de Blade Runner), estrenará el 2009 una versión fílmica de Blood Meridian.
21.5.08
¿El ejemplo de Oprah?
Una posible utilidad de la blogósfera
¿Qué pasaría si un blog literario se encargara de organizar un club de lecturas? Me explico: un círculo de lectores que se comprometieran a leer un libro diferente cada mes y luego, a través de los comentarios de un determinado post, participaran de una discusión on line sobre ese libro.
¿No sería una manera interesante de hacer que la blogósfera contribuyese en algo a la activación del debate literario en el país, y a la difusión y promoción de la costumbre de leer y opinar?
Podría incluso discutirse primero el tipo de libro, en función de varios factores: que sea una lectura que valga la pena y que pueda convocar el interés de un número considerable de personas; que se trate de un libro que pueda ser adquirido sin mayores dificultades (de bajo precio, de presencia actual en librerías); que sea un libro interesante y polémico, en el sentido menos banal de la palabra: un libro digno de discutir y capaz de propiciar ideas y debates.
La participación de lectores comunes junto a críticos y escritores sería sin duda un aliciente y un paso adelante para superar la brecha que separa la esfera de los intelectuales de oficio de la del público en general, de paso que contribuiría a clausurar la idea de que el mundo de la creación, el mundo de la crítica y el de quienes leen principalmente por esparcimiento están irremediablemente divorciados.
¿Qué pasaría si un blog literario se encargara de organizar un club de lecturas? Me explico: un círculo de lectores que se comprometieran a leer un libro diferente cada mes y luego, a través de los comentarios de un determinado post, participaran de una discusión on line sobre ese libro.¿No sería una manera interesante de hacer que la blogósfera contribuyese en algo a la activación del debate literario en el país, y a la difusión y promoción de la costumbre de leer y opinar?
Podría incluso discutirse primero el tipo de libro, en función de varios factores: que sea una lectura que valga la pena y que pueda convocar el interés de un número considerable de personas; que se trate de un libro que pueda ser adquirido sin mayores dificultades (de bajo precio, de presencia actual en librerías); que sea un libro interesante y polémico, en el sentido menos banal de la palabra: un libro digno de discutir y capaz de propiciar ideas y debates.
La participación de lectores comunes junto a críticos y escritores sería sin duda un aliciente y un paso adelante para superar la brecha que separa la esfera de los intelectuales de oficio de la del público en general, de paso que contribuiría a clausurar la idea de que el mundo de la creación, el mundo de la crítica y el de quienes leen principalmente por esparcimiento están irremediablemente divorciados.
Reencarnación del Eternauta
Novela de Oesterheld y Solano López al cine
Ésta es sin duda una noticia notable para los amantes del cine latinoamericano, los enamorados de la ciencia ficción y los fanáticos del cómic: Lucrecia Martel, la cineasta argentina que saltó a la fama siete años atrás con su primer largometraje, La ciénaga (2001), y que posteriormente confirmó su talento con La niña santa (2004), está concluyendo la preparación de un guión para llevar a la pantalla una adaptación de El eternauta, el legendario cómic de Oesterheld y Solano López.
Martel, cuya tercera cinta, La mujer sin cabeza (2008), compite este año en Cannes por la Palma de Oro, no parece la primera elección que a uno se le cruzaría por la cabeza para dirigir una película basada en la novela gráfica ideada por Oesterheld y dibujada por Solano López: el cine de Martel es personal y muy íntimo, superrealista y orientado a la construcción de escenarios opresivos y psicologías complicadas, muy en la onda de buena parte del silencioso y demorado cine argentino de autor que prolifera en la última década, mientras que El eternauta es, claro, una delirante y paranoica epopeya de resistencia antiautoritaria, bajo la forma del relato de una invasión entraterrestre y la lucha de los renegados que le ofrecen resistencia.
Si les picó el diente la noticia, pueden ver más información en el cable de AFP que reproduce el blog Entrecómics.
Imagen: antes de su llegada a la pantalla, el Eternauta ha sido llevado a los muros de Rosario.
Ésta es sin duda una noticia notable para los amantes del cine latinoamericano, los enamorados de la ciencia ficción y los fanáticos del cómic: Lucrecia Martel, la cineasta argentina que saltó a la fama siete años atrás con su primer largometraje, La ciénaga (2001), y que posteriormente confirmó su talento con La niña santa (2004), está concluyendo la preparación de un guión para llevar a la pantalla una adaptación de El eternauta, el legendario cómic de Oesterheld y Solano López.Martel, cuya tercera cinta, La mujer sin cabeza (2008), compite este año en Cannes por la Palma de Oro, no parece la primera elección que a uno se le cruzaría por la cabeza para dirigir una película basada en la novela gráfica ideada por Oesterheld y dibujada por Solano López: el cine de Martel es personal y muy íntimo, superrealista y orientado a la construcción de escenarios opresivos y psicologías complicadas, muy en la onda de buena parte del silencioso y demorado cine argentino de autor que prolifera en la última década, mientras que El eternauta es, claro, una delirante y paranoica epopeya de resistencia antiautoritaria, bajo la forma del relato de una invasión entraterrestre y la lucha de los renegados que le ofrecen resistencia.
Si les picó el diente la noticia, pueden ver más información en el cable de AFP que reproduce el blog Entrecómics.
Imagen: antes de su llegada a la pantalla, el Eternauta ha sido llevado a los muros de Rosario.
20.5.08
Top 10: mundos alternos
Mis universos imaginarios favoritos
Toda obra literaria es la invención de un mundo alterno, pero algunas lo son más que otras, o, al menos, lo son de maneras más específicas. En ciertos casos, pretenden literalmente la creación de un universo regido por unas leyes propias, escenario de la imaginación que reemplaza al mundo tal como lo conocemos, aunque de manera esquiva quiera reflejarlo o comentarlo. Mi lista está hecha de ese tipo de ficciones.
1. La República, de Platón. La primera utopía, anterior por muchos siglos a la acuñación del término, es este largo tratado filosófico que, a través de la forma del diálogo, intenta delinear los pesares de los estados corruptos y las virtudes de las naciones física y metafísicamente victoriosas. Platón como autor y Sócrates como cicerone: ¿qué más se puede pedir?
2. Utopía, de Thomas More. Otro tratado filosófico, bajo la forma de una narración. More propone un universo alterno del que ambiguamente se abstiene de opinar, dejándonos sólo con su invitación final a la reflexión: del reino de Utopía, dice More al final, hay cosas que no se deben imitar pero también otras que debería ser justo seguir.
3. La nueva Atlántida, de Francis Bacon. Con bastante más vocación novelesca que la obra de More, a la que alude e, implícitamente, incluso cita, el texto de Bacon es uno de los cimientos de la ciencia ficción, debido al interés de su autor de mostrar a sus lectores las numerosas virtudes que se deribarían de la aplicación social de las ciencias naturales y del método experimental.
4. La ciudad del sol, de Tommaso Campanella. Con el impulso novelesco de Bacon y la finalidad moral de More, Campanella compone una civilización teocrática, pacifista, de afán comunitario y complejidades éticas como la que le hace proponer un mundo en el que objetos los materiales, los niños y las mujeres fueran una suerte de fondo común y compartido.
5. El otro mundo: los estados e imperios de la luna y del sol, de Savinien Cyrano de Bergerac. Yo solía creer que Cyrano era un personaje ficticio hasta que leí estos dos pequeños volúmenes suyos, en los que no sólo se narran viajes a la luna y al sol, sino los muchos encuentros con sus habitantes: se trata, como era costumbre en la época, de una indirecta sátira de los males de las sociedades contemporáneas del autor.
6. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Otra sátira social y sobre todo política, que el tiempo y los frecuentes tijeretazos de decenas de editores incescrupulosos ha transformado, irónicamente, en una ficción para niños. La imaginación de Swift no sólo construye un mundo alternativo, sino media docena de ellos, cada cual más inesperado que el otro y cada uno más imbuido con la semilla polémica del autor.
7. 1984, de George Orwell. La ciencia ficción y la novela política se encuentran cara a cara, en sus mejores facetas, en esta novela de Orwell que los fascismos de izquierda y de derecha han transformado en una referencia inevitable. Es sabido que el 1984 de Orwell aludía al año 1948, y es sabido también que el imaginario de la novela ha pasado a ser moneda corriente en la imaginación del autoritarismo contemporáneo.
8. La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Las islas (Utopía, la nueva Atlántida, las ínsulas de Swift, la ciudad del sol) son escenario favorito de la ficción utópica y también de esta ficción argentina en la que el mundo y sus habitantes se vuelven proyección imaginaria y hasta los sentidos y las sensaciones parecen adquirir la transparencia del holograma y el simulacro.
9. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Macondo, descrito en esta novela y en varias otras ficciones del autor colombiano, es una pequeña ciudad colombiana, inspirada, como Comala, Santa María o Yoknapatawpha, en un lugar real, pero la singularidad mágico-realista que informa la lógica de su mundo le permite distinguirse tan consistentemente del mundo cotidiano como para integrar esta lista hecha de universos irreales.
10. París, de Mario Levrero. Si algo está claro acerca de este París de Levrero, es que no queda en Francia ni en ningún otro lugar del mapa conocido. La ciudad de los trenes que viajan en círculos de trecientos años de duración, de los taxis fantasmas y los hombres a quienes crecen alas de pterodáctilo es una de las creaciones más idiosincrásicas y enigmáticas de la novela latinoamericana en el siglo pasado.
Imagen: como quien le pide disculpas a Faulkner por no incluirlo, coloco aquí el mapa de Yoknapatawpha que él mismo diseñó para el volumen de sus obras reunidas.
Toda obra literaria es la invención de un mundo alterno, pero algunas lo son más que otras, o, al menos, lo son de maneras más específicas. En ciertos casos, pretenden literalmente la creación de un universo regido por unas leyes propias, escenario de la imaginación que reemplaza al mundo tal como lo conocemos, aunque de manera esquiva quiera reflejarlo o comentarlo. Mi lista está hecha de ese tipo de ficciones.1. La República, de Platón. La primera utopía, anterior por muchos siglos a la acuñación del término, es este largo tratado filosófico que, a través de la forma del diálogo, intenta delinear los pesares de los estados corruptos y las virtudes de las naciones física y metafísicamente victoriosas. Platón como autor y Sócrates como cicerone: ¿qué más se puede pedir?
2. Utopía, de Thomas More. Otro tratado filosófico, bajo la forma de una narración. More propone un universo alterno del que ambiguamente se abstiene de opinar, dejándonos sólo con su invitación final a la reflexión: del reino de Utopía, dice More al final, hay cosas que no se deben imitar pero también otras que debería ser justo seguir.
3. La nueva Atlántida, de Francis Bacon. Con bastante más vocación novelesca que la obra de More, a la que alude e, implícitamente, incluso cita, el texto de Bacon es uno de los cimientos de la ciencia ficción, debido al interés de su autor de mostrar a sus lectores las numerosas virtudes que se deribarían de la aplicación social de las ciencias naturales y del método experimental.
4. La ciudad del sol, de Tommaso Campanella. Con el impulso novelesco de Bacon y la finalidad moral de More, Campanella compone una civilización teocrática, pacifista, de afán comunitario y complejidades éticas como la que le hace proponer un mundo en el que objetos los materiales, los niños y las mujeres fueran una suerte de fondo común y compartido.
5. El otro mundo: los estados e imperios de la luna y del sol, de Savinien Cyrano de Bergerac. Yo solía creer que Cyrano era un personaje ficticio hasta que leí estos dos pequeños volúmenes suyos, en los que no sólo se narran viajes a la luna y al sol, sino los muchos encuentros con sus habitantes: se trata, como era costumbre en la época, de una indirecta sátira de los males de las sociedades contemporáneas del autor.
6. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Otra sátira social y sobre todo política, que el tiempo y los frecuentes tijeretazos de decenas de editores incescrupulosos ha transformado, irónicamente, en una ficción para niños. La imaginación de Swift no sólo construye un mundo alternativo, sino media docena de ellos, cada cual más inesperado que el otro y cada uno más imbuido con la semilla polémica del autor.
7. 1984, de George Orwell. La ciencia ficción y la novela política se encuentran cara a cara, en sus mejores facetas, en esta novela de Orwell que los fascismos de izquierda y de derecha han transformado en una referencia inevitable. Es sabido que el 1984 de Orwell aludía al año 1948, y es sabido también que el imaginario de la novela ha pasado a ser moneda corriente en la imaginación del autoritarismo contemporáneo.
8. La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Las islas (Utopía, la nueva Atlántida, las ínsulas de Swift, la ciudad del sol) son escenario favorito de la ficción utópica y también de esta ficción argentina en la que el mundo y sus habitantes se vuelven proyección imaginaria y hasta los sentidos y las sensaciones parecen adquirir la transparencia del holograma y el simulacro.
9. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Macondo, descrito en esta novela y en varias otras ficciones del autor colombiano, es una pequeña ciudad colombiana, inspirada, como Comala, Santa María o Yoknapatawpha, en un lugar real, pero la singularidad mágico-realista que informa la lógica de su mundo le permite distinguirse tan consistentemente del mundo cotidiano como para integrar esta lista hecha de universos irreales.
10. París, de Mario Levrero. Si algo está claro acerca de este París de Levrero, es que no queda en Francia ni en ningún otro lugar del mapa conocido. La ciudad de los trenes que viajan en círculos de trecientos años de duración, de los taxis fantasmas y los hombres a quienes crecen alas de pterodáctilo es una de las creaciones más idiosincrásicas y enigmáticas de la novela latinoamericana en el siglo pasado.
Imagen: como quien le pide disculpas a Faulkner por no incluirlo, coloco aquí el mapa de Yoknapatawpha que él mismo diseñó para el volumen de sus obras reunidas.
19.5.08
Trabalenguas 10
Los frutos marchitos de la palabra semanal
--¿Qué pensarías si de aquí a veinte años en el Perú siguen manteniendo la misma indiferencia ante tus libros?
--Igual le pasó a César Vallejo, Carlos Oquendo de Amat y Manuel Scorza. Esa es mi tradición.
--¿Te consideras tan buen poeta como los que mencionas?
--Obvio.
(Entrevista de Carlos García Miranda a Leo Zelada. Plop. Plop. Tres veces plop).
"Saber que Dali era subrrealista antes de saber que significaba esa palabra".
(José Alejandro Godoy, en homenaje por el día de la madre, confunde surrealismo con subrealismo y deja claro que aún no sabe qué significa la palabra. "Surrealismo", como se sabe, viene del francés surréalisme: sur-réalisme, es decir súper-realismo --o más allá de la razón, como lo definía Breton--. De acuerdo con su etimología, el surrealismo sería lo contrario del subrealismo, incluso si no hay nada que llamemos subrealismo).
"Y cuando alguien cometió el error de nombrarme co-editor del álbum de la promo, un ejército de ratas chillantes entonó un himno a la envidia que me dejó en vela toda una noche".
(¿Quién, pasados los sesenta años de edad, se tomaría la molestia de acusar de envidiosos a sus antiguos compañeritos de colegio? Pues quién va a ser. César Hildebrandt, claro. En un artículo, Hildebrandt explica que casi todas las personas que lo han conocido a lo largo de su vida lo han envidiado, desde la cuna hasta su precoz decrepitud. No explica por qué, así que el misterio continúa).
--¿Qué pensarías si de aquí a veinte años en el Perú siguen manteniendo la misma indiferencia ante tus libros?--Igual le pasó a César Vallejo, Carlos Oquendo de Amat y Manuel Scorza. Esa es mi tradición.
--¿Te consideras tan buen poeta como los que mencionas?
--Obvio.
(Entrevista de Carlos García Miranda a Leo Zelada. Plop. Plop. Tres veces plop).
"Saber que Dali era subrrealista antes de saber que significaba esa palabra".
(José Alejandro Godoy, en homenaje por el día de la madre, confunde surrealismo con subrealismo y deja claro que aún no sabe qué significa la palabra. "Surrealismo", como se sabe, viene del francés surréalisme: sur-réalisme, es decir súper-realismo --o más allá de la razón, como lo definía Breton--. De acuerdo con su etimología, el surrealismo sería lo contrario del subrealismo, incluso si no hay nada que llamemos subrealismo).
"Y cuando alguien cometió el error de nombrarme co-editor del álbum de la promo, un ejército de ratas chillantes entonó un himno a la envidia que me dejó en vela toda una noche".
(¿Quién, pasados los sesenta años de edad, se tomaría la molestia de acusar de envidiosos a sus antiguos compañeritos de colegio? Pues quién va a ser. César Hildebrandt, claro. En un artículo, Hildebrandt explica que casi todas las personas que lo han conocido a lo largo de su vida lo han envidiado, desde la cuna hasta su precoz decrepitud. No explica por qué, así que el misterio continúa).
18.5.08
Top 10 mortal
Sobre la muerte y la agonía
Hace tres años, en una conversación con un grupo de colegas de la University of Southern California, alguien me preguntó qué libros incluiría en un curso de literatura comparada cuyo tópica fuera la muerte. En mi respuesta mencioné varios de los libros que nombro a continuación.
Aquí van mis diez ficciones favoritas (¿favoritas será la mejor palabra aquí?) sobre el tema de la muerte y/o la espera de la muerte. Van sin ningún orden particular y quedo a la espera de los candidatos que los lectores del blog hubieran elegido.
1. Hamlet, de William Shakespeare. Imagino que esta elección no es necesario explicarla: en el drama de Shakespeare la muerte es más que solo eso: es la interrogación sobre la posible vacuidad de la existencia y la indignación ante quien toma una vida ajena.
2. La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi. En la pequeña novela de Tolstoi un accidente estúpido y en apariencia intrascendente termina poniéndole fin a la vida de un hombre. Pocos relatos señalan tan notoriamente la inconmensurabilidad del discurrir de la vida ante el aparente sinsentido de su final.
3. Aura, de Carlos Fuentes. En la decidida y cíclica (pero pasajera) resurrección de la anciana está marcada la imposibilidad de renunciar a la vida. La mujer que es madre de sí misma es una imagen descarnada (o reencarnada) del monstruoso y sin embargo natural deseo de vivir para siempre.
4. Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir. Hace poco expliqué mi cariño por esta nouvelle en que Beauvoir describe la muerte de la madre de la protagonista evadiendo la dramatización del final, convirtiéndola no en tragedia sino en fin natural de la existencia.
5. La montaña mágica, de Thomas Mann. Hans Castorp, el visitante temporal del hospital, se convierte casi inadvertidamente en uno de sus pacientes permanentes. Los siete años de agonía se transforman en el presagio de una muerte que no causará la enfermedad, sino la entrada del protagonsita en la guerra. Narración filosófica en esencia, La montaña mágica contiene acaso las más profundas reflexiones de la novela europea sobre los temas de la enfermedad, la agonía y la muerte.
6. El sur, de Jorge Luis Borges. En sólo un puñado de páginas Borges plantea, más allá de un complejo estudio sobre la literatura como prolongación de la vida (emblematizado en ese texto de Las mil y una noches que Dahlmann relee constantemente), una revisión compleja del tema de la muerte como corolario y definición retrospectiva de la vida de cada ser humano.
7. Antígona, de Sófocles. Uno de los textos más veces reescritos en las letras occidentales, Antígona no sólo reflexiona sobre la muerte y sus consecuencias en la vida de quienes son afectados lateralmente por ella, sino además acerca del valor de la muerte en la formación de la memoria comunal.
8. Los adioses, de Juan Carlos Onetti. En cierta forma una breve reescritura de La montaña mágica, la nouvelle de Onetti ofrece una mirada singularmente oscura (en cierta forma sucia) más que sobre la muerte, sobre el vacío significativo de la vida, que Onetti parece concebir como una agonía inevitable y una sucesiva degradación.
9. Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Acaso el más interesante clásico latinoamericano sobre el tema de la muerte, la novela de Rulfo, como varios de sus cuentos, comprende la muerte como seña de la destrucción de una comunidad, una destrucción que no es progresiva, sino más bien el estado perpetuo de ciertos gastados y enfermos cuerpos sociales.
10. Everyman, de Philip Roth. Esta novela corta es en cierta forma el más bello responso fúnebre que quepa imaginar: la constación de las nimiedades y los pequeños triunfos incoloros de una vida común a la luz de la desaparición de un hombre que podría ser cualquier persona.
Hace tres años, en una conversación con un grupo de colegas de la University of Southern California, alguien me preguntó qué libros incluiría en un curso de literatura comparada cuyo tópica fuera la muerte. En mi respuesta mencioné varios de los libros que nombro a continuación.Aquí van mis diez ficciones favoritas (¿favoritas será la mejor palabra aquí?) sobre el tema de la muerte y/o la espera de la muerte. Van sin ningún orden particular y quedo a la espera de los candidatos que los lectores del blog hubieran elegido.
1. Hamlet, de William Shakespeare. Imagino que esta elección no es necesario explicarla: en el drama de Shakespeare la muerte es más que solo eso: es la interrogación sobre la posible vacuidad de la existencia y la indignación ante quien toma una vida ajena.
2. La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi. En la pequeña novela de Tolstoi un accidente estúpido y en apariencia intrascendente termina poniéndole fin a la vida de un hombre. Pocos relatos señalan tan notoriamente la inconmensurabilidad del discurrir de la vida ante el aparente sinsentido de su final.
3. Aura, de Carlos Fuentes. En la decidida y cíclica (pero pasajera) resurrección de la anciana está marcada la imposibilidad de renunciar a la vida. La mujer que es madre de sí misma es una imagen descarnada (o reencarnada) del monstruoso y sin embargo natural deseo de vivir para siempre.
4. Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir. Hace poco expliqué mi cariño por esta nouvelle en que Beauvoir describe la muerte de la madre de la protagonista evadiendo la dramatización del final, convirtiéndola no en tragedia sino en fin natural de la existencia.
5. La montaña mágica, de Thomas Mann. Hans Castorp, el visitante temporal del hospital, se convierte casi inadvertidamente en uno de sus pacientes permanentes. Los siete años de agonía se transforman en el presagio de una muerte que no causará la enfermedad, sino la entrada del protagonsita en la guerra. Narración filosófica en esencia, La montaña mágica contiene acaso las más profundas reflexiones de la novela europea sobre los temas de la enfermedad, la agonía y la muerte.
6. El sur, de Jorge Luis Borges. En sólo un puñado de páginas Borges plantea, más allá de un complejo estudio sobre la literatura como prolongación de la vida (emblematizado en ese texto de Las mil y una noches que Dahlmann relee constantemente), una revisión compleja del tema de la muerte como corolario y definición retrospectiva de la vida de cada ser humano.
7. Antígona, de Sófocles. Uno de los textos más veces reescritos en las letras occidentales, Antígona no sólo reflexiona sobre la muerte y sus consecuencias en la vida de quienes son afectados lateralmente por ella, sino además acerca del valor de la muerte en la formación de la memoria comunal.
8. Los adioses, de Juan Carlos Onetti. En cierta forma una breve reescritura de La montaña mágica, la nouvelle de Onetti ofrece una mirada singularmente oscura (en cierta forma sucia) más que sobre la muerte, sobre el vacío significativo de la vida, que Onetti parece concebir como una agonía inevitable y una sucesiva degradación.
9. Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Acaso el más interesante clásico latinoamericano sobre el tema de la muerte, la novela de Rulfo, como varios de sus cuentos, comprende la muerte como seña de la destrucción de una comunidad, una destrucción que no es progresiva, sino más bien el estado perpetuo de ciertos gastados y enfermos cuerpos sociales.
10. Everyman, de Philip Roth. Esta novela corta es en cierta forma el más bello responso fúnebre que quepa imaginar: la constación de las nimiedades y los pequeños triunfos incoloros de una vida común a la luz de la desaparición de un hombre que podría ser cualquier persona.
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