31.1.09

De mal en peor

El cuarto poder y el octavo mandamiento

Ante el problema promovido por Yolanda Vaccaro, la periodista mentirosa y lengualarga que acusó gratuitamente de maltratos xenofóbicos a un ciudadano español, y ante el descubrimiento de la falsedad de sus acusaciones, la prensa peruana y la blogósfera han quedado divididas en cuatro grupos principales:

a) Los que dijeron aquí algo huele mal y se pusieron a buscar versiones encontradas, hasta dar con la verdad. Ese grupo lo forman Paola Ugaz y Beto Ortiz, hasta donde sé.

b) Los que dijeron esta es mi oportunidad de hacer un escándalo, cocinaron vivo al sibarita español, le dijeron de todo y luego tuvieron que rectificarse.

c) Los que dijeron esta es mi oportunidad de hacer un escándalo, cocinaron vivo al mencionado, le dijeron de todo y luego no se rectificaron. Este grupo lo conforma en diario El Comercio.

d) Los que, sin investigar nada, sin confirmar nada, saltaron hasta el techo a condenar al español, y armaron una prepotente y matonesca campaña de hostilización en su contra, para luego rectificarse entre chistes fuera de lugar, como adolescentes inimputables. Ese grupo lo conforma Marco Sifuentes.

La nómina es espantosa, porque nos demuestra que, del cien por ciento de los comunicadores peruanos que reaccionaron ante los hechos, sólo dos individuos tuvieron el mínimo de pericia profesional necesario para hacer lo que se supone que cualquier periodista debe hacer.

Y para colmo, uno de esos dos es... ¡Beto Ortiz!, tradicional mancha de papilla en el babero de la prensa oligofrénica nacional. Como para que los demás pongan las barbas
muy en remojo.

¿Y El Comercio? ¿Qué hará? ¿Cuando exploten casos de xenofobia o de racismo en España, seguirá recurriendo, como auroridad en la materia, a su corresponsal estrella, Yolanda Vaccaro, luego de esta gigantesca demostración de deshonestidad?

Porque, ojo:
ella es quien ha escrito los informes sobre el tema que El Comercio ha publciado desde Madrid en meses y años anteriores... Como para tener confianza en el diario, ¿no?

No me gusta la ópera

¿Por ignorancia o por exceso de ciencia?

Hace poco una amiga me confesaba su gusto por la ópera con la misma culpa con que podría haberme revelado su fascinación por las antiguas novelas de Corín Tellado.

A mí, en cambio, la ópera no me atrae; en principio, de seguro, porque nunca he vivido en un lugar donde pueda disfrutarla sin mutilaciones ni pobrezar sensibles.

En Lima la ópera se conoce unas pocas semanas al año, si acaso, y librándose a la loteria de cruzar los dedos para que el par de montajes de la temporada no resulten demasiado pobres --y algunas veces han sido en verdad buenos.


Si los limeños tuviéramos que confiarnos únicamente a lo que vemos desde la platea para ir formando nuestra cultura operística, no pasaríamos de las veinte piezas en una vida.

(Quizá no estaría tan mal: unos cuantos siglos atrás un intelectual que hubiera leído más de cien o ciento cincuenta libros era un verdadero ilustrado).

La ópera en un equipo de audio, la ópera en dvd: todas son amputaciones, astillas, cuerpos incompletos, como ver un cuadro en la reproducción verdosa de un libro, o una película en ese lecho de Procusto inmisericorde que es la televisión.


Así que nunca he vivido en condiciones de conocer mucho sobre ópera. Y aun así lo digo: lo que conozco nunca me ha fascinado.


Por algún motivo, la ópera entró en declive como género musical antes de descubrir que también era un género dramático. En el reino de la música, la ópera ha dado centenares de joyas; en el reino del teatro, como dramaturgia, ha generado muy pocas.


Hasta hace un tiempo solía repetirme una definición de cursilería, o huachafería, en la que ya perdí confianza, pero que puede venir bien aquí: algo es cursi, huachafo, cuando su forma es tan excesiva que eclipsa o ridiculiza a su propio contenido.


La cortina de arpas y violines al inicio de una pieza romántica en un film musical; el retuntún de los tambores cuando la vieja actriz mexicana le dice al joven actor mexicano que en verdad ella es su madre; las dos decenas de adjetivos sobrantes en cada poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

Los siete metros de cola en el vestido nupcial de Diana de Gales; cualquier orquesta sinfónica en cualquier disco de Luis Miguel; las columnas griegas en el estrado de Obama el día de la Convención Demócrata.

La ópera suele darme la impresión de ser ese mismo tipo de exceso: una huachafaería, las más sofisticadas melodías con las letras más lamentables, la música más inesperada con los diálogos más previsibles.


Gracias a Dios, existen el italiano y el alemán y poca gente en el mundo los habla: si todos comprendieran de inmediato lo que las óperas dicen, el contraste escandaloso entre la belleza de sus mejores melodías y la trivialidad de sus peores letras podría resultar en un choque anafiláctico mortal.

La ópera, entonces, tiene un universo de seguidores en vías de extinción, cercado por los que no gustan de ella porque creen que es demasiado compleja, elevada o intelectual, y los que no gustan de ella porque piensan que es muy desbalanceada, previsible y trivial.

(Problemas que han perseguido durante toda su historia a un género que siempre ha sido híbrido, siempre ha tenido un pie en las artes populares y uno en la alta cultura, sobre todo póstumamente, en siglos recientes).


Y también están los que, como mi amiga, saben todo esto pero están dispuestos a tomar lo que la ópera les quiera dar, excesos y
shortcomings incluidos.

La ópera, cuando apareció, en el paso del siglo XVI al XVII, fue un intento de resucitar el drama griego, hecho por una camarilla de intelectuales que, entre otras cosas, suponía que los coros de la tragedia eran musicales. Fue una intentona estrictamente académica y en extremo elitista.

Pero en sólo cuatro décadas se convirtió en espectáculo no sólo público sino además popular: las óperas venían de la esfera de la música academicista, pero eran pensadas para la atención de todo el mundo. Cuando el elemento popular, durante los siguientes dos siglos, fue decayendo hasta casi desaparecer, lo que quedó fue lo que había en el origen: un arte cultista y reservado de facto a unos pocos, aunque nada en él, en su estructura, hiciera necesaria la segregación.

No es un fenómeno extraño: pasó con el jazz y está pasando con el blues e incluso con ciertas formas alternativas de rock, sobre todo el nórdico (Sigur Ros, Bjork, Paavoharju, por ejemplo).

Una pregunta: en este último puñado de años, la cumbia se ha vuelto la música para todos en el Perú. Obviamente, no siempre fue así. De hecho, hasta que no impuso el nombre cumbia, no ocurrió. Y sospecho que muchos cumbiamberos limeños no aceptarían que los llamaran chicheros. La pregunta es: cuando pase la moda de la cumbia, ¿quiénes seguirán gustando de ella?

¿Los que la defienden diciendo que es original, compleja, múltiple, idiosincrásicamente local y global al mismo tiempo, etc.? ¿O serán nuevamente los que no le tuvieron miedo a decir que les gustaba incluso cuando se llamaba chicha y sus rostros más vendedores eran los de Chacalón y Chapulín el Dulce y no los de los chicos de clase media de Bareto?

¿Cuàl será el grupo duro, de cumbiamberos a muerte, que siga escuchando a Los Destellos cuando la ola haya pasado y no queden muchos de pie en la resaca?


30.1.09

Caminos cruzados

Arte poular / arte elitista

Una fuerza conduce a las artes populares hacia la sofisticación: suele ser un movimiento de hibridación que las aproxima a formas menos abiertas, menos artesanales, menos repetitivas. La novela en manos de Cervantes; el poema burlesco en Quevedo.

Suele ser, además, una fuerza centrípeta: artistas del mundo oficial, digámoslo así, que miran hacia afuera (o hacia muy adentro) y encuentran la necesidad de incorporar lenguajes y modos del arte popular en su mundo creativo. Borges y el policial; Picasso y la escultura africana; Gershwin y el blues.

Una fuerza conduce a las artes más o menos elitistas hacia la popularización: suele implicar la simplificación formal y el allanamiento intelectual, pero también puede producirse una mayor complejización de las formas y una ampliación ideológica. El drama moral en Brecht; el drama brechtiano en Van Sant; la vanguardia musical en Zappa.

Ninguna de las dos rutas se recorren sin ejercer cierta violencia sobre el alcance y el contenido ideológico de las formas de arte en cuestión. La forma de la ópera se hace más sofisticada en Wagner, sus contenidos también se complejizan: se aleja de lo popular burgués, se aproxima a lo populista nacionalista.

Al rock progresivo, por ejemplo, en medio de su interés inoculto de echar mano a los recursos de la música barroca, la música clásica, la música romántica, el
lore tradicional europeo, la canción renacentista, etc., se le hacía muy difícil equilibrar todo ello con la carga de protesta y liberación generacional que las otras variantes del rock seguían reclamando para sí: el rock progresivo se aburguesa muy rápido, se vuelve discursivamente conservador pese a que en muchos aspectos era la rama más exploratoria y experimental de la familia.

A veces las dos rutas --la de la raíz popular y la de la sofisticación elitista-- se recorren simultáneamente, y el contenido ideológico se hace más o menos esquizoide: el vals de Chabuca Granda regresa a la huella africana en su ritmo y su estructura, pero también subraya la estirpe europeizante en la retórica de su poesía.

Así, por ejemplo, la música de Granda puede ser democrática en su antirracismo y sin embargo aristocratizante a la vez, en la dicción de su tradicionalismo capitalino y la glorificación de las costumbres de las clases altas limeñas.

La tercera ruta es la muerte silenciosa, o el eco de la muerte: el arte se vuelve folclore (sé que mi idea de folclore puede ser idiosincrásica) cuando deja de inventar, cuando renuncia a reflejar el presente y a anunciar el futuro y se conforma con repetir la fórmula del pasado, o a reproducirla infinitamente.

El vals peruano, por ejemplo, dejó de ser arte para vovlerse folclor hace algunas décadas: cuando su guardia nueva cumplió cincuenta años y no había aportado una sola canción memorable al archivo criollo.

Curiosamente, ese proceso se dio en la misma época en que lo que desde Lima se percibía como el estático folclor andino musical decidió entrar en un frenesí de transformaciones y reclamarse arte una vez más: expresión del tiempo y de la variación de la cultura en el tiempo, experimento de una franja social que ensaya caminos nuevos también en su propia vida cotidiana.

Las nuevas fusiones de la música andina, por ejemplo, son una expresión de vitalidad. Eso no quiere decir, de ninguna manera, que sean un proyecto exitoso: son un proceso en marcha, que puede conducir a muchos resultados desconocidos. El que un proceso artístico refleje de manera interesante un proceso social, no significa que sus frutos han de ser, por necesidad, estéticamente acabados.

Así como el folclor se hace arte, el arte puede hacerse folclor. La pintura de Fernando de Szyszlo es hoy, en gran parte, la saga folclórica de lo que fue su arte en las décadas pasadas: es su repetición inacabable, su evocación librada de peligros y nuevas empresas.

La poesía contracultural, antes
underground, antes marginal, antes subte, etc., se ha vuelto folclor en gran medida: recluida a su propio círculo de paredes opacas, se ha vuelto reiteración desconectada de la realidad, un pájaro que se da de cabezazos contra el mismo vidrio una vez y otra, desmoronando sus neuronas, una por una.

La vida de una forma de arte se distingue en su capacidad de modificación, de variación, de reformulación. El arte estático no es arte. El arte sólo es arte en movimiento, pero el movimiento puede llevar a todo tipo de colisión, todo atropello, todo accidente de carretera.

29.1.09

República Chicha

¿Chauvinismo musical o algo más?

No tiene pierde: si se me ocurre proponer que Arthur C. Clarke es un escritor menor, no crucial, quizá incluso olvidable, ese mismo día, antes de que se ponga el sol, algún amante de la ciencia ficción descolgará el pescuezo desde su nave espacial para decirme que lo mío es un puro prejuicio conservador, un problema de percepción ocasionado por mi idea elitista de las artes.

Si alguien desliza por allí la idea de que, en el policial latinoamericano, las obras consistentes y originales son pocas en medio de una nube de desperdicio que sería mejor pasar por alto, casi de inmediato un detective aficionado (quizá yo mismo) se le habrá de lanzar al cuello pistola en mano exigiendo que retire sus palabras: ya estamos en pleno siglo veintiuno, dirá, ya no es hora de mirar a ciertos géneros por sobre el hombro.

De hecho, no invento: ambas cosas han ocurrido en los diálogos de este blog, alguna vez. Hace unos cuantos días, se me ocurrió decir que las piezas de cierto género musical (la cumbia peruana) eran 95% mamarracho y 5% hallazgo. Ha pasado una semana y los reclamos, rectificaciones, alegatos y dardos envenenados siguen llegando, puntualmente, todos los días.

Lo curioso es que ese tipo de reacción parece reservado a los amantes de ciertas artes, o, más precisamente, a los de ciertos géneros o variantes dentro de ciertas artes. Colocándome a mí mismo como conejillo de indias: soy amante del rock, pero no me ofende si alguien me dice que noventa y nueve de cada cien canciones de las últimas cuatro décadas de rock son triviales, olvidables, predecibles, que, en lo que a la historia y el largo plaza respecta, han nacido muertas.

Rápidamente: la mitad de mis cineastas favoritos son americanos, pero creo que el cine americano es nueve décimos basura; mi grupo favorito de hoy es Flaming Lips pero sobreviviré el resto de mi vida sin volver a escuchar tres de cada cuatro canciones suyas; Vallejo, uno de mis autores peruanos favoritos, escribió muchos más libros malos que libros buenos.

Es una gran cosa que Francia produzca cien novelistas nuevos cada año, porque eso nos permite disfrutar del maravilloso autor número cien, el único que sobrevivirá; el hecho de que, de entre cientos de dramaturgos del barroco español, hoy sobrevivan solo las obras de cuatro o cinco, no significa que ese no haya sido uno de los mejores periodos del teatro universal.

Nadie me matará por decir estas cosas.

Pero, aparentemente, sí corro peligro si digo algo similar sobre: la ciencia ficción, el policial, la cumbia peruana, la poesía de los noventa, el periodismo nacional, los jugadores de la U, el rock argentino, la nueva narrativa femenina latinoamericana.

Tengo la impresión de que es una mezcla de entendible rebeldía y predisposición chauvinista, combinadas en proporciones diferentes cada vez: el que ha encontrado un placer especial en la novela de ciencia ficción, por ejemplo, se sabe (más precisamente, se cree) parte de una relativa minoría, y siente que tiene que defender ardorosamente la virtud de su afición.

O sea, ser amante de la ciencia ficción es como ser peruano: ciudadano de una patria que significa mucho para uno pero poco menos que nada para los demás. Imagino que por ahí va, también, la quemante rapidez para la respuesta de quienes se sienten tocados por la cumbia: la suya no es una respuesta que tenga que ver con la música misma, sino con lo que piensan o sienten que esa música representa.

Para ellos, si alguien critica negativamente a la cumbia, en el fondo, de una manera más o menos velada, está diciendo que el nuevo Perú no sirve, que nuestro mestizaje es un desastre histórico, que la palpitante cultura popular peruana no vale la pena, que el desborde popular debería ser puesto nuevamente entre paredones de contención, etc.

A eso se debe, imagino, el que un buen número de quienes respondieron a mis comentarios hayan terminado refiriéndose a mí como elitista, aristocratizante, arrogante, incapaz de aceptar lo mestizo, lo cholo, o como enemigo de las culturas populares, o, por último, como un agente imperialista empeñado en recolonizar al Perú empezando por las radios AM.

(Todo porque me ven como un amante del blues, el jazz y el rock. Olvidando que el blues, el jazz y el rock son música de esclavos, hermanos del festejo y el alcatraz, primos del candombe, nietos de la samba y la cueca).

Lo que nadie me ha explicado todavía es por qué cuernos me tiene que gustar la cumbia (¿ya no vale decirle
chicha, no?). O, para preguntar lo mismo desde otro ángulo y con otro tono: ¿acaso no es posible, siquiera posible, que la cumbia sea, en su gran mayoría, un completo mamarracho desde el punto de vista artístico y estético, sin que eso descalifique los proyectos sociales, comunales, económicos, identitarios o políticos que se asocien de una u otra forma con ella?

28.1.09

Salinger x Marías

Cuento del americano traducido por el español

El diario Crítica de la Argentina, dirigido por el célebre periodista Jorge Lanatta, ha publicado recientemente un cuento de J.D. Salinger (no recogido en libro) en traducción del anglófilo impenitente Javier Marías.

El cuento se títula "El corazón de una historia quebrada" ("The Heart of a Broken Story") y apareció originalmente en 1941 en la revista Squire.

Irónicamente, el relato es en buena parte una parodia del tipo de historia por entregas que las revistas de ese tipo publicaban en aquella época. Pueden leerlo aquí.

Un artículo de The Guardian, que yo encuentro republicado en la página australiana The Age, da cuenta brevemente de la relación de Marías con la traducción. Allí se dice que su momento de mayor productividad como traductor sobrevino tras la muerte de su madre, después de la cual,
"... for six years he did not publish a novel of his own. Instead he became a translator, from English to Spanish, beginning with Museums and Women by John Updike, moving on to Hardy's The Withered Arm. His next translation, Tristram Shandy, had more than 1000 footnotes and won a national award; it was followed by Conrad's The Mirror of the Sea and poems by O'Hara, Nabokov, Faulkner, Robert Louis Stevenson. For "the pleasure of incorporating something you like into your own language", he has added Ashbery, Wallace Stevens, Yeats, Anthony Burgess, Auden, Salinger, and the Religio Medici of Sir Thomas Browne".
Que disfruten del cuento.


500 soles

Un misterio numismático

Por andar buscando cosas en los lugares menos apropiados, me encontré con una versión en pdf de un libro de Raúl Torres Martínez, titulado
César Vallejo: poemas y tormentos.

En cierto pasaje del libro, mientras cuenta la partida de Vallejo a París, Torres cita un fragmento de la página 51 de un libro de Ángel Flores publicado en México con el título de
César Vallejo: síntesis biográfica, bibliografía e índice de poemas.

El pasaje dice que, durante el viaje, en un bolsillo, Vallejo llevaba "un librito para aprender francés en quince días; en otro, una moneda de quinientos soles de oro".

La referencia a la moneda la he encontrado en internet en decenas de páginas. Pero casi todas reproducen la idea tomándola de, para variar, un artículo de Wikipedia, donde, sin citar referencias, se nos dice que Vallejo "viaja en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923, con una moneda de quinientos soles. Arriba a París el 13 de julio"

Puedo suponer que, así como Torres tomó la información de Flores, Flores la habrá tomado de alguien más. Quizá el autor anónimo de Wikipedia también la leyó en Flores. Pero su fuente podría ser cualquiera de las decenas de textos que refieren la vida del poeta norteño.

Hay dos cosas que me gustaría preguntarle a cualquier lector informado: la primera es si saben cuál es la fuente original de esa información. ¿Acaso un texto del mismo Vallejo? ¿La confidencia hecha a alguno de sus biógrafos tempranos?

La segunda es más trivial pero me resulta más intrigante: por más que he puesto de cabeza mi navegador y mis buscadores, no encuentro ninguna prueba de que en 1923, año del viaje, existieran monedas peruanas de 500 soles.

En fechas cercanas pero, hasta donde sé, posteriores, hubo billetes de 500 soles. Y los billetes de esa denominación hicieron una triste reaparición en todas las décadas entre los cuarentas y los ochentas (cuando hubo también monedas). Pero, ¿monedas de 500 soles en 1923? No tengo noticia alguna de ello.

Sin embargo, aun si fuera falsa, se entendería la alteración de la historia: un billete no tendrá jamás el mismo gusto romántico de una moneda, mucho menos si es una moneda de oro, mucho menos si la moneda de oro se llama sol.

¿Será esa moneda un invento posterior del mismo Vallejo, como la fecha "imposible" del dólar en el cuento de Borges?

Facilito nomás

Para Elisa, sin dificultades

¡Ups! Le dije adefesio a la versión que Los Destellos hicieron de la
bagatelle "Für Elise" de Beethoven y me saltaron a la yugular los tigres de la cumbia.

El grito común: Enrique Delgado, el guitrarrista fundador de Los Destellos, fue un genio, un sofisticado músico de conservatorio que vio antes que nadie las posibilidades de la cumbia peruana y no dudó en hacerla desfilar por los pasillos de la música clásica, tomando de allí cuanto le saliera al paso.

No comprendí nunca, si la cumbia es tan bacán, por qué habría que justificar a sus ídolos diciendo que estudiaron en el conservatorio o que sabían tocar piezas de Beethoven.

Un afanoso comentarista me puso en mi sitio:

Me parece de una extraordinaria y sorprendente miopia de tu parte considerar a la version de "Para Elisa" de Los Destellos como adefesiera. ¿Qué diablos quiere decir este adjetivo? Cada vez que he escuchado esa pieza, me ha sobrecogido, no sólo por el virtuosismo de la guitarra sino tambien por la extraordinaria precision de la ejecucion, en la que --conozco la pieza de memoria-- no hay ni una nota más ni una nota menos".

Otro comentarista, uno menos apasionado, quizás, me podrá explicar cómo es que no alterar las notas de una partitura al hacer una versión de la pieza original puede ser un mérito en sí mismo.

Por ahora quiero hacer notar algo sobre lo cual llamó mi atención Daniel Salas: la versión de "Für Elise" de Los Destellos, arreglada e interpretada a la guitarra por Delgado, no es fiel al original nota por nota: punto para Delgado, pero queda en evidencia la mala memoria juguetona del comentarista que decía conocer la pieza "de memoria".

Lo malo es que la adaptación de Delgado consiste en
eliminar por completo todos los tramos más complejos y difíciles de ejecutar de la pieza original, para reemplazarlos con un solo ad lib absolutamente convencional, esperable y, por qué no decirlo, bastante soporífero.

Quienes quieran comprobarlo pueden hacerlo de varias maneras. Si saben leer música, escuchen la versión de Los Destellos y mientras tanto denle una mirada a esta partitura.

Si no saben leer música, sólo paren la oreja al escuchar las siguientes versiones. En la primera, del notable maestro Artur Schnabel
(foto), presten atención a los cambios rotundos de la melodía que se producen desde el minuto 1.14 hasta el 1.30, primero, y, luego, desde el minuto 2:08 al 2:40.

En la versión de Los Destellos, tengan la amabilidad de esperar sentados por la llegada de todos esos pasajes: no están. Delgado ha preferido eliminar las partes más complicadas, las de difícil ejecución, y reemplazarlas con su propio
gibberish. No es raro: la eliminación de esos fragmentos es lo que usualmente hacen los estudiantes primerizos de piano cuando se enfrentan a esta pieza.

Y, en fin, dirán que fue otro rapto de su genio musical y que ese solo de guitarra es superior a toda la tradición occidental: yo no diré nada.

Pynchon y nosotros

Encuesta: las mejores novelas policiales del español

Los ojos entrenados de Scott Esposito, de Conversational Reading, y Carolyn Kellog, de Jacket Copy, blog literario del
Los Angeles Times, han detectado, en el nuevo catálogo de Penguin, el anuncio del próximo libro de Thomas Pynchon, una novela detectivesca titulada Inherent Vice, sobre la cual pueden encontrar información en cualquiera de esos dos enlaces.

Y mientras esperamos la novela de Pynchon, anunciada recién para el verano boreal, ¿qué tal si volvemos a la vena de las encuestas y las votaciones?

¿Cuáles son las narraciones policiales, cuentos o novelas, clásicas o negras, más importantes o mejor logradas de la tradición hispana? ¿Cuáles son los relatos policiales escritos en español que ningún amante del género debería pasar por alto? ¿Borges, Taibo II, Vásquez Montalbán, José Carlos Somoza, Angélica Gorodischer?

Vayan lanzando títulos (libros, no autores en general), y cuando haya una lista considerable, les diré cuáles son los nominados para empezar a votar.

27.1.09

Burro

De blog-star a blog-ass

Las cosas parecen haber sido así: una corresponsal de El Comercio en España habría usado epítetos racistas para dirigirse a sus colegas fotógrafos en una ceremonia pública. Un crítico culinario español familiarizado con el lenguaje racista peruano, le habría llamado la atención y la habría puesto en su sitio.

Días después, la corresponsal aludida arma un escándalo ficticio quejándose por haber sido maltratada por un puñado de matones xenofóbicos. La blogósfera salta en puntas de pies, el diario de la periodista consgina su versión sin contrastarla.

El blogger Marco Sifuentes llama "xenófobo" al español; lo llama, además, "agresor"; convoca a sus lectores a boicotear la revista para la cual trabaja el crítico culinario y publica la dirección de correo electrónico de esa persona, propiciando con ello que algunos de sus lectores (a los que él mismo se ha encargado de desinformar) envíen amenazas anónimas al mencionado.

Incluso publica los comentarios de los anónimos que se vanaglorian de haber lanzado esas amenazas: "Kien se cree este miserable!! X suerte nos diste su email ya q le he dicho de todo por correo!!! Regresa a tu patria a seguir criando chanchos!!!"

Y se supone que esa es una reacción contra la xenofobia.

Espero que les quede claro a los lectores que la tontería de un blogger, conjugada con un ego fuera de lugar y una prepotencia cada vez más cabalgante, son armas, en efecto, potencialmente peligrosas. Esta vez mandó a sus lectores a agredir verbalmente a alguien que estaba físicamente lejos. ¿Después qué se le ocurrirá?

¿Y el cuento ese de que Sifuentes es periodista? ¿Cuántos de quienes no hemos estudiado periodismo ignoramos que una historia de este tipo hay que cruzarla con más datos, confirmarla y contrastarla mil veces antes de consginarla por escrito? ¿Quiénes piensan que es labor de un periodista (o de un blogger) divulgar los datos de contacto de una tercera persona para que --con pruebas o sin ellas-- los lectores se le lancen encima, sin que haya mediado la menor preocupación por verificar la historia?

Y la gente seguirá diciendo que qué bacán Sifuentes; que qué mostra la manera en que conduce su blog; que uy, esta vez se le pasó la mano de nuevo, pero no importa: es divertido.


Conejo muere

Updike, lector de Spider-Man

Todos o casi todos los blogs literarios dirán algo más o menos importante, más o menos necesario sobre John Updike, en este que ha sido el último día de su vida.

Yo dejé de leerlo hace varios años, y pasé por alto sus últimas novelas, aunque nunca dejé la costumbre de seguir sus notables reseñas literarias, que lo hacían acaso el crítico más interesante de la prensa norteamericana.

(Hace unos días, en Lima, les decía a Alonso Cueto, Iván Thays y Fernando Ampuero que para mí John Irving era mejor ensayista que novelista. Debe ser una
boutade insostenible, y, sin embargo, me parece menos arbitraria si la digo ahora sobre Updike).

Mi único aporte a la ola de obituarios y homilías será recordar un lado olvidado de la vida de Updike: el hecho de que la carrera de escritor haya sido para él una segunda opción, asumida sólo tras demostrarse a sí mismo que no tenía mucho futuro en caso de perseverar en su vocación original: la de caricaturista y creador de cómics.

Updike, gran amigo y confidente de Harold Gray --el creador de
Little Orphan Annie-- fue hasta la vejez un lector inmoderado e incontenible de Spider-Man, y cuando, en 1994, The Boston Globe, su diario de todas las mañanas, decidió dejar de publicar las tiras del arácnido, Updike les envió esta carta furibunda:
Thursday, October 27, 1994
CUT THE UNFUNNY COMICS, NOT 'SPIDERMAN'
I can't believe that you're cutting "Spiderman" -- the only comic strip in the Globe, except for "Doonesbury" half the time, worth reading. Do think again in making way for what sounds like one more jejune set of unfunny panels pitched at the nonexistent (or at least nonreading) X-generation.
And what ever happened to "Mac Divot" -- the most helpful set of golf tips I ever read?
JOHN UPDIKE
Beverly Farms
Por cierto, las líneas finales del párrafo principal de la carta son una reivindicación perfecta de las verdaderas generaciones pioneras del cómic: son los años 90s y Updike se queja de que los jóvenes (miembros de la generación X) no leen, y como no leen, se pierden a
Spider-Man. Allá ellos, dice Updike, pero por favor no nos priven a los demás de las historias del sorprendente Hombre-Araña.

(Los datos de este post los he tomado del blog Sans Everything, el blog de Jeet Heer, periodista del
Boston Globe y The Guardian).

Otra versión

¿Racismo o xenofobia?

Según la versión de la fotógrafa peruana Yolanda Vaccaro (izquierda), enviada de El Comercio, en una reunión culinaria en Madrid ella fue objeto de maltratos xenofóbicos, víctima de un número reducido pero abusivo de españoles que la llamaron "sudaca" y otras lindezas.

Según declaraciones de testigos, incluyendo a la premiada fotógrafa peruana Inés Menacho, el incidente no ocurrió de esa manera, y quien inició la bronca fue Vaccaro, que habría usado la frase "cholos de mierda" para referirse a sus colegas, desatando la furia de un español vindicante y para quien es conocido el viejo racismo limeño.

Mientras la versión de la Vaccaro dominó las noticias, decenas de medios, sobre todo blogs, pero también el mismo diario El Comercio, protestaron en voz alta contra la supuesta xenofobia de los españoles.

Ahora que, al parecer, la tortilla se voltea y el saunto parece originarse no en la xenofobia sino en el racismo secular y mal escondido de una peruana como tantas otras, tendremos que ver si las protestas son igualmente sonoras, visibles y enfurecidas.

Claro, tras constatar qué versión es la correcta, o si se produjeron tanto los insultos racistas como los xenofóbicos, cosa que no deja de ser posible.

Yo sólo quiero hacer notar que, en la noticia dada originalmente por El Comercio, ya había al menos una frase que, de cierta manera oscura y sospechosa, parece confirmar las versiones de quienes contradicen a Vaccaro: el hecho de que el más ruidoso de los españoles se refiriera a Vaccaro como "criolla de mierda".

En efecto, ese es un término xenofóbico cuando se lo dice un español a un blanco latinoamericano, y su formulación es ofensiva. Pero alguien que, como ese español en particular, conoce el Perú, también sabe que criollo se usa con frecuencia en oposición a cholo.

Me suena a un caso más que extraño, en el que quizá se haya respondido al lenguaje racista con lenguaje xenofóbico.

Wicked Pedia, 2

El parsinismo de José María Eguren

Entiendo que el mérito mayor de Wikipedia está en la supuesta horizontalidad con que en ella se construye el conocimiento.

Es un sistema abierto, en el que la información entra y sale rápidamente, es corregida, discutida, rechazada, incorporada, proceso a lo largo del cual, eventualmente, si todo marcha bien, se va alcanzando algo así como una forma más voluminosa y a la vez más depurada de saber sobre un asunto cualquiera.

Quienes se oponen a ese mecanismo señalan que Wikipedia está demasiado desprotegida ante la filtración de errores, prejuicios, desinformaciones, inexactitudes y, por qué no, voluntarias deformaciones de la verdad.

Quienes defienden la dinámica de Wikipedia aseguran que su mismo proceso va desechando las falsedades y dinámicamente limpia el contenido de nubes, manchas y desperdicios. O, en otras palabras, que Wikipedia tiende naturalmente a su propio perfeccionamiento, que su proceso garantiza algo así como una utópica limpieza final.

Quiero hacer notar que esa defensa sólo tendría sentido en un mundo en el que Wikipedia fuera la
única central de almacenamiento, elaboración y reelaboración de información, y en el que los estadios precios al punto final del proceso no fueran capaces de influir en nada ni en nadie.

Es decir, es una defensa que no sirve.

Quiero mostrarles un ejemplo corto y conciso de lo que Wikipedia puede hacer, en cada recodo de su erróneo camino a la perfección, con las ansias de conocimiento de sus lectores.

El artículo de la Wikipedia en español sobre el poeta peruano José María Eguren (quien nació en 1874 y murió en 1942, según informa Wikipedia, ya ustedes decidan si creerlo o no), el artículo, decía, afirma, entre muchas otras cosas, la siguiente:

"La obra de Eguren fue vista por algunos conocedores como parsiasnista, otros pocos la ponderaron como meramente un romancista, por su falta de conexión con la naturaleza y la realidad... Aunque considerado, después de la publicación de un libro suyo, como parsinista, la verdad parece ser que rehuyó de la estética parnasianista a la cual la encontraba demasiado objetiva".

Primero lo más evidente: allí donde el autor ha querido nombrar al parnasianismo y sus derivados, el texto muestra al menos tres formas distintas y conflictivas: llama a su obra
parsiasnista, parsinista y parnasianista, sucesivamente, sin reparar en la transformación.

También usa lo que, pensando caritativamente, podríamos llamar un préstamo del portugués: la palabra
romancista, pero queriendo significar romántico, y, para colmo de males, ensaya la más absurda definición de romanticismo: una estética sin "conexión con la naturaleza y la realidad".

Los defensores de Wikipedia dirán que, ahora que yo hago notar este misterioso caso de descuido escritural, nada más sencillo que incorporar las correcciones necesarias, y ya: la dinámica de Wikipedia se impone sobre sus errores y los soluciona.

Mis objeciones: un blog llamado Letra Universal, tomando textos de Wikipedia, ya anda difundiendo por allí las bondades del parsianismo y lo parsianista; lo mismo hace el blog titulado Espacio Libros, que no se niega tampoco a usar el préstamo lusitano
romancista.

No se queda atrás el blog Peruanos Ilustres, que repite la operación copiando entero el artículo de Wikiepdia. Vivi, Enciclopedia Web, de Argentina, también recoge el guante y multiplica el error: otra copia tomada de la misma fuente.

En conclusión: antes de que Wikipedia corrija un error, el error puede multiplicarse hasta alcanzar a decenas, cientos o miles de lectores (el ejemplo de Byrd y Kennedy del post anterior). Y Wikipedia de seguro puede corregir su propio contenido, pero no podrá corregir los errores que otros cometan por confiar en ella.

(Por cierto, si no recuerdo mal, cierta edición de la Enciclopedia Ramón Sopena, hace muchos años, en el artículo sobre Bécquer, a manera de ilustración, mostraba un retrato falsamente atribuido: era un dibujo del rostro de Eguren hecho por Abraham Valdelomar. Si he recordado mal la historia, considérenlo mi momento
wiki del día).

Y ya después les cuento la historia de la moneda de quinientos soles de César Valejo, cortesía de otro artículo de Wikipedia.


Wicked Pedia

Dos cadáveres más en su ropero

La tarde del día de su juramentación, Barack Obama asisitó a una cena formal en la Casa Blanca, a la que concurrieron familiares, amigos y miembros del Congreso.

Durante la velada, dos senadores de edad avanzada y salud frágil sufrieron malestares de diversa índole: un pequeño colapso, Robert Byrd, y un ataque espasmódico producto de una reciente operación al cerebro, Ted Kennedy.


CNN y otras cadenas de televisiòn, cuyos reporteros no habían tenido acceso a la cena, debieron reportar desde fuera, sin tenerlas todas consigo: sugirieron que un senador había sufrido un desmayo, dijeron que se había mencionado el nombre de tres congresistas, y de esos tres eligieron repetir dos: Byrd y Kennedy (el tercero, de hecho, había sido un rumor errado).

Sólo más tarde, cuando contaban con informes más precisos, los periodistas afirmaron que eran dos los enfermos, cada cual con síntomas diferentes, y que ambos parecían camino a recuperarse. Se trataba, en efecto, de Byrd y Kennedy.

Pero, durante esos largos minutos (quizá un par de horas), otros medios habían sido menos cautos, y se habían dejado conducir por la impertinente urgencia de
decir antes que por la serena necesidad de confirmar los datos antes de hacerlos públicos.

Todos eran medios electrónicos. Notoriamente, Wikipedia había resbalado, por la millonésima vez. En el caso de Kennedy, la página dedicada a él en Wikipedia publicó esto:

"Kennedy suffered a seizure at a luncheon following the Barack Obama presidential inauguration on 20 January 2009. He was removed in a wheelchair, and died shortly after."

La página sobre Byrd contaba una historia similar, con un muerto diferente.

Esa falsa información hubiera significado la vergüenza más intolerable para cualquier diario impreso que se respete, y mucho más aun para cualquier enciclopedia medianamente seria.

Wikipedia, sin embargo, parece haber encontrado la fórmula para decir imprecisiones y no sufrir en su prestigio. Quizá la fórmula sea, precisamente, no tener prestigio: dejarle saber al lector que es sumamente probable que la ordenada, compendiosa y selecta información que encuentra en sus páginas es, muy posiblemente, una sarta de patrañas antojadizas.

Aunque, valgan verdades (en este blog valen todavía), esta vez, dada la magnitud de las personas afectadas y las quejas numerosas que se hicieron escuchar, Wikipedia puede haber recibido un cocacho importante, que quizá le haga cambiar cosas centrales en su funcionamiento.

El diario The Independent explica cómo es que esta nueva metida de pata ha movido las aguas dentro de Wikipedia, y cómo parece inminente que la entidad asuma, finalmente, un método de edición central que la asemeje a las enciclopedias más tradicionales.

Se perderá velocidad y se ganará precisión y veracidad. O, para decirlo en los términos que son relevantes para los fanáticos habituales de Wikipedia: se perderá velocidad.


26.1.09

La quinta

... rueda del coche cumbiambero

Hasta hace solo unos años, uno podía ser una verdadera nulidad en materia de música académica, pero había unas cuantas cosas que se sabían sí o sí.

Por ejemplo, uno sabía reconocer esa secuencia rápida de nueve notas ligeras, seguida por otras dos de tres, que componían el inicio y anunciaban las variaciones de Für Elise, la famosísima
bagatelle en forma de rondó compuesta por Ludwig Van Beethoven para una pretendida de nombre Therese (que lo rechazó y motivó el rebautizo arbitrario de la pieza).

Y uno inevitablemente conocía las cuatro notas dramáticas, resonantes, profundas, también de Beethoven, que formaban el motivo inicial de su Quinta Sinfonía.

Y por eso, entonces, uno no confundía una
bagatelle amorosa y juguetona, lúdica y sencilla, como Für Elise, con una sinfonía romántica, como la Quinta, que los críticos interpretan como una interrogación sobre la fuerza del destino en la vida del ser humano.

Hoy, en
La República aparece un artículo sobre la historia de la cumbia, presidido por una entrevista de Jorge Loayza y Raúl Mendoza al sociólogo y profesor de la PUCP Santiago Alfaro. Entre las acotaciones adicionales, los autores añaden una larga serie de datos sobre el pasado de la cumbia nacional. Entre ellos, colocado entre comillas, como frase textual de Alfaro, aparece la siguiente afirmación del profesor:
“Enrique Delgado [funfador de Los Destellos] era un músico de conservatorio y un virtuoso de la guitarra. Tocó en grupos de música vernácula y criolla. Creció en una época en que estaba de moda el hippismo y tuvo un grupo de nueva ola. Le gustaban Los Beatles. Y por su formación musical escuchó a los clásicos, entre ellos Bethoveen. Tiene una canción ‘Para Elisa’ que es la quinta sinfonía en ritmo tropical”.
Ok. El profesor Alfaro (DJ Shanti, en su otro lado) es entrevistado como una voz conocedora capaz de aclararnos un poco la importancia de la cumbia en el Perú. Y en la entrevista dice varias cosas de interés. Pero de pronto sostiene que Para Elisa, Für Elise, y la Quinta Sinfonía, son lo mismo. Y, para colmo, parece suponer que la adefesiera versión en cumbia de Für Elise que grabó Delgado con Los Destellos es una prueba de que el hombre era un conocedor musical, crisol de casi infinitas influencias. Un genio.

(Mencionemos sólo de pasada el hecho de que
Für Elise se toca con un solo instrumento, mientras que toda sinfonía es hecha para una conjunción numerosa de instrumentos: ¿cómo puede alguien hablar académicamente sobre música y no notar la diferencia entre esas dos cosas?).

El asunto no termina allí: el inefable abanderado blogger de todas las formas de ignorancia postea sobre el tema, repite la cita, no encuentra en ella nada raro, y la complementa con un video bajado de Youtube que ilustra la genialidad de Delgado: en efecto, adaptó a Beethoven (lo adaptó a la música horrísona).

Ahora bien, quien ha colocado
el video en Youtube no lo llama, afortunadamente,
Quinta Sinfonía. Pero lo presenta como si su título original fuera For Elise. O sea, Beethoven era inglés. O quizá gringo. Buena.

Pregunta ingenua: ¿sería mucho pedir que quienes van a ocupar los medios con opiniones musicales supieran algo de música? ¿O que los periodistas confirmen sus datos antes de publicarlos?

Hipotermia

Un profesor en Nueva Inglaterra

Hipotermia es un libro peculiar del mexicano Álvaro Enrigue: compuesto a lo largo de ocho años, su cuerpo lo forman veinte relatos que pueden seguirse como tales o como fragmentos de una o de varias novelas breves, siempre vinculadas con individuos arrítmicos y más o menos soltiarios, varados en la orilla opuesta de sus propios ideales, convertidos en extraños para sí mismos.

Uno de los exiliados es un profesor mexicano de literatura que da clases en una universidad del noreste de los Estados Unidos. En cierto momento, este personaje autorreflexivo, pero a la vez alienado de su propia mirada, intenta describir su situación laboral, ironizando al recurrir a la mención de
"... el consabido elogio de la calma quevediano que todos citamos tanto en la hora de nuestros frívolos retiros y que nos llena la boca de orgullo a los profesores de universidad gringa, sin duda las personas que menos trabajan por más dinero en todo el mundo.

"Encerrado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho por los ojos a los muertos".
Por supuesto, pocas defensas de la soledad intelectual como caldo de cultivo de la creatividd han sido tan sonoras y memorables como esos versos de Quevedo, que el narrador de Hipotermia rememora mientras se refiere al caso de Martín Luis Guzmán, muchas veces exiliado, gran novelista de la revolución, alguna vez colocado bajo las órdenes de Pancho Villa, capaz de novelas solamente cuando era forzado a dejar su país.

"Los profesores de universidad gringa, sin duda las personas que menos trabajan por más dinero en todo el mundo", dice el personaje.

Más adelante, ya en otro de los relatos fragmentarios, otro narrador, que acaso sea el mismo, dice:
"La familia de mi padre, de la que seguramente heredé la proclividad a la mudanza --de casa, de país, de esposa--, tiene raigambre en el gremio de los profesores, por lo que una buena cantidad de parientes viven en países en los que producir y reproducir el conocimiento es un trabajo del que se puede vivir con dignidad".
Digo que acaso sea el mismo narrador porque, a pesar de que sus circunstancias se asemejan, así como los nombres de quienes los rodean, y las coyunturas de ambas historias parecen calzar a la perfección, está claro al menos que el estado de ánimo de esas dos voces es muy disímil.

Una es la voz de un ácido desencantado que ve la carrera académica como refugio pragmático de vagos y haraganes, y para quien el ocio es ocio y nada más, no el disparador de la creación o la refleión.

El otro es un realista que celebra las condiciones del investigador universitario en el primer mundo, pientra expresa tácitamente su pesimismo ante la indignidad del trato dado a las carreras intelectuales en países como el suyo, México (o el nuestro, añadimos de inmediato).

Esos deben ser, si nos limitamos a las inclinaciones predominantes, los dos polos entre los cuales fluctúa el juicio de un extranjero en la academia americana, y el ritmo del vaivén es la alternancia de estados de ánimo de un intelectual en un mundo extraño, no muy distintos de los de cualquier otra persona que se haya sumergida en un universo algo artificial y algo ajeno.

25.1.09

Ignorema

Comienza la cacería de resbalones

Esta, si funciona, es una nueva sección de Puente Aéreo. No viene a reemplazar a los tradicionales trabalenguas, que seguirán apareciendo eventualmente, sino sólo a darles un toque democrático. Se trata de la elección, cada cuatro semanas aproximadamente, de El Ignorema del Mes. Definámoslo técnicamente.

Un "ignorema" es la unidad sintáctica mínima de expresión de la ignorancia de su hablante. En otras palabras, es la idiotez sintagmática, la barbaridad hecha frase, la pereza mental con sujeto y predicado, la bestialidad textualizada.

Todos quienes lo deseen pueden enviar sus frases candidatas, citando con exactitud el ignorema dicho o escrito (por un político, un intelectual, un personaje público en general), el nombre de quien lo profirió y el medio donde el ignorema fue difundido.

Si surgen dudas, las iremos aclarando en el camino, durante el desarrollo de esta primera versión del muestreo. Por ahora, me permito aclarar una: no se trata de recolectar frases con erratas, aparentes errores gramaticales o lo que un lector pueda considerar imprecisiones de expresión. Se trata de frases que reflejen ideas ridículas, o aberrantes, o detestables, o profundamente confusas, o abierta o sutilmente desviadas, oscuras o equivocadas.

23.1.09

Adornos

Estética y corrupción

Una cosa que creí aprender hace muchos años, en mis primeros cursos de literatura en la universidad, es que en una obra literaria no existen los adornos.

Es decir, no existen elementos que sean estrictamente decorativos y no funcionales: una vez que entra en el texto, todo signo añade sentido y ocupa un lugar en la estructura; o descalabra el sentido y hace colapsar la estructura (sin dejar de ser parte de ella).

Cuando alguien dice de un poema que es en exceso verboso, o de una novela que es
palabrera (como escribió Vargas Llosa sobre cierto relato de Faulkner), lo que está diciendo es que en el texto hay signos que carecen de funcionalidad, excesos que hubiera sido mejor eliminar.

En una famosa escena de
Amadeus, la cinta de Forman, el rey le dice a Mozart que una pieza que acaba de tocar tiene "demasiadas notas". Mozart se enfurece: la pieza no tiene ni más ni menos notas que las que necesita; nada en ella sale sobrando.

Por algún motivo extraño, estas cosas me vinieron a la mente tras leer un post de Daniel Salas sobre un tema enteramente distinto: el post se titula "Robó pero hizo obra" y es un enjuiciamiento del secular prurito peruano de elogiar a los gobernantes que cumplen con algunos de sus deberes incluso si ejercen su trabajo en medio de gran corrupción.

Es la aceptación tácita (o no tan tácita) de que robar, defraudar y abusar del poder son, después de todo, gracias a la fuerza iterativa de la tradición, algo así como funciones adicionales de un gobernante, gratificaciones colaterales, o, cuando menos, efectos secundarios inevitables.

El juicio moral que me merece ese tipo de observación ya se lo imaginan los lectores de Puente Aéreo. Prefiero escribir mi juicio puramente racional: la corrupción es un elemento sobrante en la estructura del Estado y en el oficio del gobierno, y, por lo tanto, es un elemento que contribuye a su mal funcionamiento.

Los peruanos tienden a suponer que la corrupción es como una comparsa lateral, obviable: si el gobernante cumple con su misión, qué tiene de malo que sea corrupto. No puedo imaginar, sin embargo, que la corrupción pueda existir sin afectar la labor del gobierno.

Un amigo que trabajó muchos años en un ministerio me contó sobre la cantidad de veces en que, ante un cambio de ministro, una serie de proyectos casi culminados fueron echados a la papelera para beneficiar otros planes, no porque fueran mejores, sino porque al desarrollarlos la nueva burocracia podría beneficiarse con negociados, licitaciones, colocaciones, ventas bajo la mesa, chanchullos y sobornos.

¿Alguna vez les ha pasado que el descubrimiento de un delito les deja una impresión estéticamente negativa? ¿Que un crimen les parece, más que malo,
feo? Tengo la idea de que eso se debe a que, en efecto, lo percibimos desde un mirador estrictamente estético: el delito mata la perfección de la estructura, desorganiza las formas, corrompe no sólo en el plano moral sino también en el plano formal.

La corrupción es el decaimiento de una forma, por eso nos afecta estéticamente: es un elemento que sobra, que debe ser eliminado, que nunca debió estar allí.


22.1.09

Niñas malas

Qué leen las chicas lindas que leen

Supongo que se debe a que soy un cerdo criado en un mundo de machos irredentos y también un hombrezuelo débil con una inclinación inmoderada por admirar doblemente a las chicas guapas cuando son inteligentes.

Mea culpa, me doy con una piedra en el pecho y sigo adelante. Me casé con una bailarina de danza moderna doctorada en literatura en la Ivy League. Eso lo dice todo: no tengo salvación.

Esto para explicar por qué desde siempre me ha llamado tanto la atención descubrir los gustos literarios de modelos y actrices: es mi argumento ontológico para probar la existencia del paraíso y el hecho de que una corte de criaturas maravillosas lo habiten.

En mi calidad de lector amaestrado, aunque eventual, del medio de comunicaciones más trivial del mundo (Goop, el boletín semanal de Gwyneth Paltrow), me entero de cosas extrañas, como, por ejemplo, los gustos literarios de la supermodelo Christy Turlington (en la culposa foto de este post).

Sus novelas preferidas son
The Sound and the Fury, de Faulkner; The Sun Also Rises, de Hemingway; y Pride and Prejudice, de Austen. Pero Christy es una estudiante de postgrado en Columbia University, así que la cosa no resulta tan sorprendente (no tanto como saber que Milla Jovovich es una nerd lectora fanática de Rushdie, García Márquez y Naipaul).

La misma Paltrow (que ha hecho el papel de Dorothy Parker en alguna película) recomienda
Jane Eyre, de Charlotte Brontë; Crimen y castigo, de Dostoievski; y The Sheltering Sky, de Paul Bowles. No se toma muchos riesgos.

¿Y la chica mala, Madonna Ciccone? No podía defraudar su fama: su novela preferida de estos días es
The Bad Girl, es decir, Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, la historia, claro, de una femme fatale transnacional, de origen modesto y eternamente reinventada: Madonna, sin duda, se ve a sí misma como un avatar de carne y hueso de la antiheroína ficcional de nuestro compatriota.

El mito es mejor que la historia

Un rápido regreso al pensamiento primitivo

¿Cómo actúa el antisemitismo sobre la mente de un antisemita? Es un proceso patético, patológico. El individuo comienza por sentir que debe acusar a los judíos de algo pero que debe hacerlo desde alguna plataforma racional, con justificaciones meridianas, porque --se repite a sí mismo, una y otra vez--
él no es un antisemita.

Acto seguido, procede a construir su argumentación: el Ejército de Israel es criminal, no ha aprendido la lección de la segunda guerra mundial; defiende la existencia de un Estado que nunca debió ver la luz del día; los judíos utilizan la historia del Holocausto para justificar sus paranoias; y eso del genocidio valdría la pena revisarlo, no vaya a ser que sea otro invento de estos mitómanos; después de todo, ¿no es demostrable que la confabulación judía mundial siga en marcha, ahora bajo la forma del omnipresente lobby judío?

El antisemita, entonces, empieza a olvidar la coyuntura, deja de buscar sus explicaciones para los hechos históricos cotemporáneos (como la guerra en Gaza) en los sucesos de la historia reciente, en los afanes políticos de ingleses, palestinos e israelíes desde finales del siglo XIX. Entonces tiene una iluminación mayor.

Descubre que la explicación de lo que hacen los israelíes no está en la historia política verificable sino en el alma misma de los judíos. Arroja los tratados de historia y va directamente al
Antiguo Testamento: allí está todo: los judíos son asesinos ahora porque siempre han sido asesinos. Está en su naturaleza. Son la encarnación de un mal permanente.

¿Ejemplos de ese tipo de construcción mental antisemita? La prensa mundial ofrece muchos, así que me limito a la nacional: vean este vuelo del delirio del peor novelista nacional, el huachafo recurrente César Hildebrandt. Y miren luego qué cerca del precipicio se le paran los caballos del papelón milenarista a Carlos Tapia.

Curioso: se trata de supuestos intelectuales (bueno, al menos Tapia), pero, colocados ante un problema que bien podrían discutir en términos políticos, sociales, antropológicos, culturales, etc., lo que hacen es elegir dos terrenos distintos: en primer lugar, el de la comparación atrabiliaria: Tapia, luego de afirmar que los judíos no son dignos de su propia religión, formula una analogía en la que Israel es como Sendero Luminoso y el pueblo peruano es como Hamas--.

Y en segundo lugar, el de la pura barrabasada antihistórica perpetrada por un ignorante candidato a predicador milenarista: Hildebrandt, el gato callejero de Natuba, lee las metáforas bíblicas como si fueran noticias de hoy por la mañana, al mejor estilo de su gemelo americano Pat Robertson.

Nota: Una respuesta a la pregunta del post anterior la ofrece el blog de Z World, que traduce nuestro último texto sobre Egipto al inglés.

20.1.09

Walk like an Egyptian

En el otro lado de la franja

Uno de los asuntos que más me intriga en medio de esa montaña de inexactitudes que la gente suele repetir en relación con el conflicto en Gaza es la siguiente: que Israel mantiene un bloqueo que ha arrojado a los palestinos a la miseria total, el hacinamiento y la desesperación.

Como si Gaza sólo tuviera fronteras con Israel o como si Israel amenazara con sanciones económicas a quienes comercien con los palestinos. Como si Gaza no tuviera una frontera con Egipto, país árabe a quien nadie acusa de ningún bloqueo.

Israel, en efecto, ha cerrado todas sus fronteras con Gaza, cosa que no tiene nada de raro si uno considera la historia de bombardeos suicidas y los 3,200 cohetes disparados desde Gaza a ciudades israelíes el año 2008.

Cuando se habla del cierre de fronteras israelíes al tránsito de palestinos, se le llama bloqueo, aun a pesar de que Israel sigue enviando ayuda humanitaria a Gaza (tanta que las Naciones Unidas pidieron, dos semanas atrás, que se detenga el flujo porque los almacenes estaban colmados).

Pocas veces se señala que Egipto, país árabe que más de una vez condujo ataques e incluso guerras contra Israel, también ha cerrado sus fronteras a los palestinos, y no permite que los habitantes de Gaza entren en su territorio ni siquiera en casos de necesidad de refugio humanitario o político, ni siquiera en tiempos de guerra,
ni siquiera durante las últimas tres semanas.

Egipto cierra su frontera y, sin embargo, permite que se construyan centenares de túneles desde su tierra hacia Gaza, a través de los cuales se introducen en la franja las armas y explosivos que Hamas utiliza en sus ataques terroristas. Es decir, Egipto colabora con los palestinos violentistas y contribuye a encerrar en Gaza a los palestinos que quisieran evadirse del conflicto.

¿Dónde es la manifestación humanitaria contra Egipto? ¿O el impulso humanitarista está reservado exclusivamente (no nos preguntemos por qué) para ser usado en protesta contra los israelíes?

19.1.09

W.C.

Washington Cucurto y la casa vuelta a tomar

Hace un par de semanas leí una novela que quise recomendarles y se me fue pasando. Su título es
1810. Su largo subtítulo, que pueden leer en la foto, explica dudosamente su contenido: es el relato falsamente histórico (descabellado, más bien) de la revolución independentista de San Martín en Argentina del modo en que habría sucedido si los soldados de su expedición hubieran sido, todos ellos, negros africanos insólitamente cumbiamberos y peculiarmente altisonantes.

El autor, ya lo habrán adivinado, es Washington Cucurto, el prolífico poeta y narrador de Quilmes, lanzado a la celebridad inmediata con su novela
Cosa de negros, y fundador de ese insólito fenómeno editorial llamado Eloísa Cartonera. Washington Cucurto, por cierto, es el seudónimo de Santiago Vera, reivindicador de la bailanta, la chicha, la cumbia y el desorden como estéticas literarias, en la corta rama mulata de la tradición de los extraños rioplatenses, la de los Lamborghini, Aira, Wilcock, Levrero y los otros bichos raros.

La novela está escrita en una clave carnavalesca que tiene más de Rei Momo y Padre Ubú que de M.M. Bakhtin, y que encuentra una inusitada armonía en la sucesión de disparates de su argumento: libidinosa y tanática, mortífera y mortal, abrupta y descortés, ruidosa y aleatoria, subversiva y cómica, anacrónica y, sin embargo, inusualmente consciente de sí misma.

Quizá lo más interesante del libro, sin embargo, no está en el cuerpo principal de la novela, sino en uno de los dos textos adicionales que le sirven de doble epílogo: se trata de una versión hipertrófica y desbocada del célebre relato "Casa tomada", de Julio Cortázar. En la versión de Washington Cucurto, el texto se convierte en la historia del misterioso desalojo vista desde la óptica del grupo de negros invasores que han penetrado en el hogar burgués para ir empujando a los invisibles señores de la casa en dirección a la calle. Imperdible.


18.1.09

Los niños de Gaza, 2

El humanitarismo en el planeta de los tuertos

Umm Nidal es una mujer palestina que envió a sus tres hijos a efectuar operaciones de bombardeo suicida en Israel. Los tres obedecieron, incluyendo el más pequeño, menor de edad. Ese supuesto acto de heroísmo hizo que la Nidal ganara un sitio en el congreso palestino, como candidata de Hamas, grupo que ocupa la mayoría absoluta del parlamento.

El asunto, visto desde la perspectiva de las culturas occidentales, parece evidente: Umm Nidal es una criminal, sanguinaria, brutal, abusiva, indolente, que ha construido una carrera política parándose sobre la tumba de sus hijos.

En cambio, desde la perspectiva de esa mayoría de votantes palestinos que le dio una curul en el congreso, Nidal es una heroína, y sus hijos, que para nosotros no deberían ser considerados otra cosa que terroristas, aunque lo fueran ante la desesperación, pues arrancaron la vida de civiles inocentes en las calles de Israel, son mártires y próceres.

Hamas ha construido una lógica de la guerra terrorista que no parece explicable desde nuestra mirada: para Hamas, todos los judíos son enemigos eliminables, no importa si son civiles o militares, adultos o niños, jóvenes o ancianos, europeos o sabras.

Esa idea es el reflejo perfecto de cómo se ven a sí mismos los palestinos radicales: como guerreros, desde la infancia, en cualquier circunstancia, todos ellos.

Lo cierto es que no hace falta ser occidental para sentir que todo eso es una aberración. La glorificación del martirio, la instrucción de los niños en la cultura de la muerte fanática, han sido denunciadas también por musulmanes y específicamente por musulmanes palestinos.

Puedo y debo considerar todas las circunstancias culturales para formular un juicio ético, pero es inevitable que formule ese juicio desde los principios morales de mi propia cultura. Es ineludible: no puedo hacer otra cosa.

Hamas no puede ser justificado excusándolo en consideraciones culturales. Mucho menos aun cuando uno distingue el más bajo de sus métodos recurrentes: el de enviar civiles y menores de edad a la muerte, colocándolos en medio del campo de combate, para luego acusar al enemigo de asesinar civiles y menores de edad.

Quienes conocen mi postura ante los hechos de la violencia política peruana de los años ochenta y noventa, quienes saben de mi indudable apoyo a los hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad, parecen sorprendidos ante mi interés por evaluar el conflicto de Gaza en sus detalles, y en relación a las posturas de ambos lados, en lugar de simplemente asumir una posición humanitarista en favor único de las víctimas palestinas.

El humanitarismo, como yo lo entiendo, no debe ser una fe dogmática sino la actitud resultante de una evaluación ética y moral de la historia: después de todo, el humanitarismo moderno es un resultado de la historia contemporánea.

Las circunstancias de la guerra actual no se han generado hace tres semanas, sino luego de una larga historia, antigua y sumamente compleja, que, en su versión contemporánea, se inició cuando el pueblo judío --en la diáspora y en Palestina-- parecía disolverse y morir en manos del antisemitismo en Europa y el Medio Oriente.

Quien suponga que el origen del Estado de Israel es ilegítimo, no necesitará preguntarse mucho: los judíos sionistas serán, para esa persona, los culpables de todo. Pero tendrá que preguntarse, por lo menos, si esa consideración se condice con el humanitarismo que dice defender.

Quien piense que los muertos de Gaza son más dignos de compasión que los miles de israelíes asesinados durante los últimos años por Hamás y los demás grupos radicales palestinos, tiene un grave problema de juicio moral. No se puede enarbolar una protesta válida por los inocentes de Gaza sin abrazar una protesta
idéntica por los inocentes de Sderot, Ashkelon, Jerusalén y Tel Aviv.

Lamentablemente, no he leído, entre los comentaristas peruanos, una sola línea de condolencia humanitaria por esas otras víctimas. Cuando he colocado aquí mismo las pruebas, los nombres propios, las circunstancias de esos crímenes, sólo he obtenido acusaciones arbitrarias de falsedad.

Quien se niega a evaluar los datos concretos, puede asumir una postura de apariencia humanitaria, pero está distorsionando la naturaleza de su humanitarismo, usándolo como una máscara, sin ninguna profundidad, sin cuestionar sus prejuicios, sin detenerse a efectuar la operación básica de la compasión humana: colocarse en los dos lados de cada divisoria antes de alcanzar un juicio.

Los niños de Gaza, asesinados por el ejército israelí en las últimas semanas, y por el oscuro e inhumano fanatismo del terrorismo nacionalista palestino, se han transformado en el cruel símbolo de una de las luchas más violentas de nuestro tiempo.

Se encuentran atrapados entre, por un lado, un ejército profesional que tiene el imperativo de erradicar las amenazas que asoman contra la supervivencia de sus ciudadanos, y, por otro lado, un ejército no tradicional, que proclama la naturaleza secundaria del individuo bajo el imperativo fundamentalista de la supremacía del pueblo musulmán.

Quien quiera taparse un ojo para no ver uno de los fuegos que cercan a esos niños, no les estará haciendo ningún bien; los estará utilizando como los utilizan sus padres, sus abuelos, y los jefes de sus padres y sus abuelos: con un fin secundario en el que ellos no son sino peones y caballos de un ajedrez ajeno.

Los niños de Gaza

El crimen de guerra y sus responsables

No cabe duda: si el ejército de Israel mata civiles teniendo la oportunidad de evitarlo, comete un crimen de guerra. Las noticias repiten las cifras parciales: hablan de mil 200 palestinos muertos, afirman que la mitad de ellos son civiles y que una cuarta parte son menores de edad.

Las mismas noticias dejan de buscar una explicación viable para esos porcentajes sorprendentes. ¿Es que el ejército de Israel intenta de manera voluntaria hacer de los menores y los civiles un blanco prioritario? Mientras la explicación no se ofrezca, la conclusión de los desinformados parece inevitable: al ejército de Israel lo conduciría la más pura maldad.

De hecho, resulta imposible comprender la mecánica de esa operación y las motivaciones de un ejército que, en medio de una guerra, prefiere asesinar niños y civiles antes que acertar a blancos militares que representen un peligro inminente.

Quizá valdría la pena buscar la explicación para todas esas cifras.

Sobre el asunto de las víctimas civiles: Hamas tiene una rama civil y una rama militar. Después de cada ataque israelí, las autoridades de Hamas hacen pública la identidad de los caídos, y señalan si eran civiles o militares. Esa es la única fuente de toda la información que se maneja en el extranjero.

Lo que Hamas no aclara es que gran parte de las muertes israelíes han sido ocasionadas por miembros civiles de Hamas, como, por ejemplo, los que se ofrecen para los atentados suicidas. Los miembros civiles de Hamas, entonces, son también un enemigo activo del pueblo y el Estado israelíes.

(Sólo los atentados suicidas de Hamas han causado 480 muertos desde 1994. Los de la Jihad Islámica, 162. Los de la Brigada de Mártires de al-Aqsa, 130. Los del Frente Popular para la Liberación de Palestina, 15. Es decir, contando únicamente los atentados suicidas, los radicales palestinos han eliminado a 787 israelíes, más de un 90% de los cuales eran civiles, en la última década y media. La población palestina ha elegido para gobernar su rama legislativa a Hamas, el más criminal de todos los grupos que operan en su tierra, responsable además de la muerte de palestinos moderados, miembros de Fatah y cualquiera a quien consideren colaboracionista. De hecho, contando desde el 27 de diciembre último, Hamas ha asesinado a 70 palestinos miembros de Fatah y a un número desconocido de civiles).

Sobre el triste y doloroso tema de los niños palestinos: Hamas ha sido denunciado en innumerables oportunidades por el notorio abuso al que somete a los niños de Palestina, a quienes entrena militarmente, en cuyas manos pone armas y a quienes coloca como carne de cañón en zonas de conflicto, además de acostumbrarlos a la idea de que morir en un ataque suicida es una inmolación gloriosa y deseable.

Pueden ver aquí y aquí --aunque advierto que es muy chocante-- la naturaleza de los programas de televisión infantil que se ponen en el aire en Palestina (el primer video recoge principalmente programas de Hamas; el segundo incluye algunos otros y se centra en años anteriores). Y aquí les dejo también las declaraciones de un líder de Hamas en las que confiesa cómo y con qué intención Hamas lleva niños para que sirvan de escudos humanos a los lugares en los que se espera un ataque israelí.

Quiza eso ayude a los lectores de este blog a comprender por qué, en la lucha del Estado de Israel contra Hamas, se produce un número tan elevado de víctimas menores de edad. La costumbre de Hamas de construir escudos humanos con civiles queda documentada también aquí y aquí.

Otra especie que corre es la idea de que los palestinos atacan a los israelíes con bombas caseras, como si se hablara de pequeños cocteles Molotov. Las armas a las que se alude son los llamados cohetes Qassam. Los cohetes Qassam son de tres tipos; el Qassam 3 puede pesar hasta noventa kilogramos, medir dos metros de largo y lograr un alcance de 10 kilómetros.

Se cree que la mayor parte de los cohetes Qassam son construidos fuera de Palestina e introducidos a Gaza a través de los centenares de túneles que llegan desde Egipto, ante la mirada distraída de las autoridades de ese país. La destrucción de esos túneles es el objetivo militar que Israel anunció al inicio de la invasión de las últimas semanas.

Las ciudades israelíes que los palestinos han convertido en blanco predilecto de esos cohetes son Sderot y Ashkelon, debido a su situación próxima a Gaza.

Hamas, partido que controla el congreso palestino con 72 de 120 representantes, dispara esos cohetes, que carecen de cualquier sistema de guía, indiscriminadamente, contra la población civil israelí: se escuchan pocas quejas al respecto en la prensa mundial, en internet, en las noticias de las agencias internacionales, y entre los comentarios que llegan a este blog.

Durante el año 2008 los palestinos de Gaza dispararon más de 3 mil 200 cohetes antes de que Israel respondiera con la invasión de las últimas tres semanas. Ese dato ha sido virtualmente silenciado por gran parte de la prensa mundial.

¿Por qué no han muerto cientos o miles de israelíes como producto de esos ataques? Ciertamente, no se debe a la voluntad de Hamas, sino al sistema israelí de defensa temprana llamado Color Rojo: un radar que localiza los cohetes en pleno vuelo y que hace sonar una alarma, lo que da a la población de la ciudad atacada un tiempo de entre 15 y 45 segundos para buscar refugio en las decenas de bunkers y escondites construidos para ello en escuelas, colegios, fábricas, residencias y edificios de oficinas.

Pueden ver aquí y aquí dos breves avisos televisivos sobre la vida cotidiana de los israelíes sometidos al bombardeo palestino en la ciudad de Sderot, y acerca del funcionamiento del mecanismo de la alerta Color Rojo.

Hoy, durante las primeras horas del alto al fuego, los radicales palestinos de Gaza dispararon 16 cohetes Qassam contra ciudades israelíes, buscando que la nueva provocación desencadene una ofensiva renovada. ¿No es hora de protestar contra eso?

17.1.09

Vida y obra

Bolaño y los círculos biográficos

Semanas atrás escribí un post sobre el asunto de la supuesta adicción de Roberto Bolaño a la heroína, y en él confirmé que la única fuente escrita de la repetida historia era un texto de estatus dudoso, que unos han querido leer como testimonio y otros han entendido como ficción.

Desde ese momento hasta ahora no son pocas las personas que me han preguntado sobre el tema vía email, y ese grupo incluye a un periodista inglés, un escritor
freelance chileno-americano y Noam Cohen, redactor de The New York Times.

Eso añade un dato a los que enumeré en aquel post: no sólo son únicamente anglosajones los medios de prensa que señalaron la supuesta adicción de Bolaño. También son casi en exclusiva anglosajones los medios y los periodistas que siguen interesándose en el tema.

No se trata de un dato casual: los libros sobre la vida de los grandes autores, o, en el cine, los
biopics de poetas y novelistas, son una costumbre vigorosa y proliferante en los Estados Unidos y en Inglaterra, una costumbre tan antigua y remota como la obra de Boswell sobre Johnson.

En el mundo hispánico la biografía no es un género demasiado saludable ni auspicioso, ni es un árbol especialmente proficuo (y algunas de las mejores biografías de escritores hispanohablantes han sido escritas por críticos e historiadores de otras lenguas).

El escritor interesa en España y, más aun, en América Latina, en tanto figura en la sociedad, en su relación con la esfera pública, como partícipe de la comunidad y actor en el ágora abierta.

Esa imagen del autor es casi inexistente en el universo anglosajón, donde el escritor es atractivo como individuo, en su intimidad, en el retiro --más atractivo cuanto más secreto: Salinger, Pynchon, McCarthy--, y es investigado y descubierto en ese arco en la circunferencia de su vida: no el que lo incluye en la esfera pública, sino el que lo encierra en el círculo de su privacidad.

Bolaño apenas acaba de alcanzar la fama en sus traducciones inglesas y ya es objeto de un tráfico de certezas e incertidumbres sobre su intimidad. En la década transcurrida desde su consagración en el mundo hispano, nadie se había interrogado tanto sobre los datos de su biografía.

Alienación

Kaurismäki en la cinta continua

La chica de la fábrica de fósforos (traduzco libremente) es una estupenda cinta que el finlandés Aki Kaurismäki dirigió y estrenó en 1990, protagonizada por Kati Outinen, la notable actriz de El hombre sin pasado.

La película dura apenas más de una hora; sus personajes cruzan menos de cien palabras, y eso; sus escenarios son pocos, fríos, desolados, estrictamente funcionales; la mayor parte de su música es en extremo trivial.

Pese a su brevedad, la historia tiene tres momentos definidos: la exposición mecánica y repetida de la rutina alienante de la mujer en la fábrica; la exposición mecánica y repetida de la rutina de la mujer en los bares, a la busca de una experiencia sexual que casi nunca se produce; la exposición mecánica y repetida de la rutina criminal de la mujer cuando decide envenenar a la mitad de las personas relevantes de su vida, y, de paso, a uno que otro desconocido.

La rutina de la alienación industrial, la de la alienación social, la de la deshumanización y el delito: Kaurismäki las yuxtapone y consigue que la mostración de cada una ilumine la naturaleza de las otras. La forma misma de la cinta adquiere la estructura de esas variantes de alienación: la iteración mecánica, imitativa, infinitamente reproducida.

En la primera parte, la chica es una pieza en la máquina de la fábrica de fósforos. En la segunda, su vida misma es sometida a la lógica industrial, y la búsqueda del amor (o del placer) se convierte en un tramo más de una línea de producción. En la tercera, la mujer se ha vuelto productora de sus circunstancias, pero el producto es la muerte casi siempre indiscriminada de quienes ella juzga culpables de algo, por acción, por omisión o por asociación.

Kaurismäki da un ejemplo de economía expresiva: escasos elementos en juego, enorme densidad de sentidos: nada, ningún cuerpo, ninguna sombra, cruza la pantalla sin dejar una estela significativa.


15.1.09

Limpieza étnica

¿Y el genocidio que propone Hamas?

"Limpieza étnica" es el eufemismo con el que algunos nombran al genocidio cuando su motor es racial o étnico: el Holocausto, la persecución de los kurdos, etc.

Gonzalo Gamio, filósofo, profesor de la Universidad Católica del Perú, escribe sobre el conflicto entre Israel y Palestina lo siguiente:
"Muchos especialistas consideran que los bombardeos sobre la zona pueden obedecer a un proyecto de limpieza étnica".
Gonzalo Gamio y los "muchos" a quienes alude deberían ser más cuidadosos antes de decir cosas como esa. Y, sin van a decirlas, deberían apoyarse en algo más que un rumor sin indicio probatorio alguno.

La quinta parte de los ciudadanos de Israel son árabes, autodescritos como palestinos, protegidos por la constitución, con libertad de culto, con plenos derechos, reunidos en partidos, representados en el Congreso, etc.

Entre ellos están el viceministro de Relaciones Exteriores de Israel, el jefe de su Policía de Fronteras y decenas de diplomáticos que defienden y representan la posición de Israel en todo el mundo.

¿Limpieza étnica? ¿Judíos genocidas?

¿Israel quiere acabar con un pueblo entero y para ello se sirve de artimañas como esta guerra, que en el fondo no sería sino un señuelo y un simulacro, un movimiento subordinado en un plan mayor, la extinción total de los palestinos?

¿Se ha detenido a medir el alcance de sus palabras Gonzalo Gamio cuando escribe, por ejemplo, lo siguiente?:
"Muchos de los partidarios de las acciones en Gaza tienen parientes que fueron víctimas de la insania nazi: constituye un atentado contra la memoria de esas víctimas inocentes el negarse a aprender del terrible sufrimiento y la injusticia padecidos en la Shoá al permitir que se comentan las atrocidades que hoy se cometen contra la población palestina".
¿Cuál es exactamente el paralelo entre el Holocausto y el conflicto en Gaza?

En el Holocausto se asumió como proyecto la eliminación absoluta de todos los individuos de un grupo étnico por el hecho de pertenecer a ese grupo, y se puso en operación el proyecto, que sólo colapsó cuando ya se había eliminado al menos a media decena de millones de judíos.

Los judíos asesinados no formaban parte de un movimiento violentista, no habían tomado ningún tipo de acción militar, guerrillera o terrorista, no representaban ningún tipo de amenaza, no estaban siquiera advertidos de que existiera un conflicto en el que ellos estuvieran directamente implicados como grupo.

No había nada que un judío pudiera hacer para dejar de ser visto como un enemigo natural por los nazis y sus aliados: era asesinado en virtud de su sangre, su apellido, su religión, su simple existencia.

Por supuesto, los antisemitas habían construido todo tipo de teoría descabellada para justificar el genocidio; el resumen de esas teorías era este: los judíos son causantes de todas las inequidades e injusticias del mundo.

Eso es exactamente lo que dice Hamas hoy en día (Hamas incluso culpa a los judíos por el Holocausto).

Por ello, Hamas llama a la eliminación de todos los judíos de Medio Oriente. Eso es lo que un intelectual agudo y perpicaz como Gonzalo Gamio, sinceramente preocupado por el asunto de la ética y la moral en la política pragmática, debería llamar "limpieza étnica".

Sin embargo, es muy raro, inusual e insólito, en verdad, toparse con alguien que diga, con todas sus letras, que Hamas, grupo terrorista que gobierna a los palestinos de Gaza, es una organización genocida con un proyecto de limpieza étnica.

Sorprendentemente, se usan ambos términos para calificar a los israelíes (y, por extensión, a todos los judíos, en un giro que es expresamente antisemita).

Me temo que, a pesar de que la mayoría de quienes actúan de esa manera lo hacen guiados por su humanitarismo, la desinformación los ha conducido a una posición paradójica, en la que acaban por justificar, en la práctica, la supervivencia de un grupo terrorista radical, racista y de intención genocida, que ha producido no sólo la muerte de miles de israelíes sino también la de cientos de rivales políticos palestinos.

¿Qué han aprendido los judíos del Holocausto?, se pregunta Gonzalo Gamio, con ese giro retórico, tan frecuente, que asume que el Holocausto debería representar una lección no para sus perpetradores y sus testigos inmóviles, sino para sus víctimas.

Bien, esto es algo que los judíos pueden haber aprendido del Holocausto: que cuando una organización política sostiene que hay que eliminar a todos los judíos, asesinarlos uno por uno, borrarlos de la faz de la tierra, hay que actuar en contra de ese proyecto.

¿Qué cosa proponen Gonzalo Gamio y los "muchos" a los que se refiere en su artículo para proteger al pueblo israelí de la amenaza de un grupo radical antisemita y de ideología genocida que ha alcanzado el poder en un territorio vecino?

Lo he escrito muchas veces: Israel ha recurrido a procedimientos criminales en su ingreso a Gaza, y no le hace ningún bien a su causa con ello. Pero los palestinos de Gaza han depositado su futuro en las manos de un partido esencialmente definido por su intención criminal, nacido para coronar un proyecto genocida, un partido que existe para asegurar la extinción de su enemigo.

Gamio habla de la dificultad de negociar en un contexto en que tanto israelíes como palestinos han dado mayor fuerza a los radicales de cada bando. Olvida decir que los sionistas radicales proponen que Israel no devuelva los territorios ganados en sucesivas guerras, mientras que los radicales palestinos proponen la aniquilación del pueblo judío... ¿Se entiende la diferencia?

Mi creencia más sincera es que la única manera en que se puede criticar la actitud del gobierno israelí desde una postura ética, es proponiendo a la vez una forma viable en que ese gobierno pueda ofrecer seguridad a su ciudadanía sin llevar a cabo acciones como esta invasión. Pero simplemente decir "judíos genocidas" y atarle las manos al Estado de Israel ante la amenaza de sus enemigos, sin proponer una salida alterna, es contribuir al explícito plan genocida de esos enemigos.

14.1.09

Bueno mientras duró

De regreso a Maine

Un mes exacto desde que llegamos y ya nos estamos yendo: vuelo a New York, cambio de aviones, y vuelo a Portland, Maine. Supongo que mañana en la noche o pasado mañana estaré posteando nuevamente.

12.1.09

El otro negacionismo

Los números y sus "certezas imbatibles"

Un inocente pero desinformado comentarista me envía una carta en la que afirma una cifra: dice que, en los últimos ocho años, los grupos violentistas palestinos han causado la muerte de 23 israelíes, versus miles de víctimas asesinadas por el ejército de Israel.

Varios artículos de columnistas peruanos ponen sobre la mesa números similares, y nadie parece interesado en discutirlos. El efecto es inmediato y previsible: el ejército israelí resulta abusivo, criminal; los resistentes palestinos son descritos como una fuerza minúscula con la que bien se podría lidiar sin recurrir a la fuerza.

El único inconveniente de esa reflexión es que se basa en datos falsos. Contando sólo desde setiembre del año 2000, los palestinos han causado la muerte de más de mil 200 israelíes y herido a un número que bordea los 8 mil 500 (casi 6 mil de ellos civiles).

Sólo los bombardeos suicidas han sido más de 140 y ha ocasionado la muerte a un número que se acerca a las 550 personas, en su mayoría civiles. Y sí: esa nómina incluye a decenas de menores de edad.

¿Cómo es que, con tanta facilidad, esas mil 200 vidas caídas en atentados de todo tipo se convierten en apenas dos decenas en los rápidos y descuidados artículos de tantos desinformados columnistas en el Perú y en el resto del mundo?

En su blog de la edición electrónica de la revista Caretas, citando como fuente un artículo del periodista colombiano Antonio Ungar, Rafo León afirma que Hamas ha sido responsable de la muerte de apenas 26 israelíes en 28 años. León dice, de inmediato, sentirse angustiado ante "los números con sus certezas imbatibles".

Aquí le ofrezco a León otro número que debería considerar: 27.03.2002

Es la fecha de uno de los muchísimos atentados reivindicados por Hamas. Sólo ese día, un bombardeo suicida asesinó a 30 civiles israelíes durante una celebración religiosa de pesaj (la pascua judía) e hirió a otros 140. Y 20 de las víctimas tenían entre 70 y 97 años de edad.

Otro número, otra "certeza imbatible" que bien podría considerar Rafo León: 05.03.2003.

Ese día 17 israelíes murieron en un bombardeo suicida en un bus. Nueve de los muertos eran menores de edad. Hamas proclamó la autoría del atentado, como lo ha hecho en decenas de ocasiones. ¿De dónde sale la ridícula cifra que publicita Rafo León?

Otro número: 19.08.2003.

Ese día Hamas reivindicó un bomardeo suicida en el que murieron 23 personas y fueron heridas 130, pasajeros de un bus y peatones que andaban por allí. La mayor de las víctimas tenía 73 años. La más joven tenía 3 meses de nacida.

¿Dónde quedan esas muertes y las de los otros mil 200 israelíes caídos sólo en los últimos ocho años cuando columnistas como Ungar y León suman y restan sus datos? ¿Dónde queda la responsabilidad de los periodistas?

Nadie será tan bajo ni tan obtuso como para afirmar que las matanzas llevadas a cabo por Hamas justifican la matanza de palestinos inocentes. Pero está claro que quien quiera entender la naturaleza del conflicto no lo logrará si sólo recibe información falsa y datos mentirosos como base para formar su propia opinión.
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Sobre la foto: el hombre que aparece herido es Tuvia Grossman, ciudadano israelí víctima de un atentado. Cuando el New York Times publicó la fotografía, colocó una leyenda en que decía que se trataba de un palestino herido en un ataque israelí. Esas cosas pasan en la prensa. Errores. Pero la suma de errores acaba por tener otro nombre: desinformación.
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7.1.09

Gaza

El terror a la paz y la guerra infinita

Cualquiera que tenga el corazón en el lugar correcto debe sentir compasión y tristeza por los muertos de Gaza, así como por las víctimas inocentes de todos los conflictos en el planeta. Convertir esa compasión en el único factor de juicio ante el problema, sin embargo, no es el mejor servicio que se le puede hacer a la paz.

El conflicto entre israelíes y palestinos no se puede comprender si uno lo mira como un asunto congelado en el presente, sin una larga historia política y social (como si el conflicto hubiera empezado la semana pasada, como si el bombardeo israelí no fuera un tramo en un relato mayor).

Tampoco es entendible si uno lo ve sólo como un tema histórico y social, leyéndolo con la frialdad de las estadísticas y la memoria de pactos, acuerdos, paces y rebrotes violentistas, olvidando que hay vidas humanas atrapadas en el conflicto, y, sobre todo, olvidando que esas vidas están a ambos lados de la divisoria.

Evidentemente, en la respuesta de Israel ante los constantes bombardeos del grupo terrorista Hamas, hay una desproporción que hiere la sensibilidad de cualquier observador. No menos evidente es, sin embargo, que el Estado de Israel no puede quedarse de brazos cruzados ante los atentados que parten de la franja de Gaza, constantemente, efectuados con el visto bueno de la mitad de las autoridades palestinas y la vista gorda de la otra mitad.

Hamas es un grupo terrorista responsable de la muerte de cientos de civiles israelíes y palestinos, motor de guerras, crímenes y vendetas internas en Palestina tanto como de atentados contra Israel. Hamas no es un grupo guerrilero ajeno al poder oficial palestino: el primer ministro del gobierno palestino pertenece a Hamas, agrupación caracterizada por su constante bloqueo a todo tipo de negociación, y por operar sus atentados más radicales cada vez que las conversaciones bilaterales progresan en dirección a la paz posible.

Por supuesto, es entendible que quienes no forman parte del conflicto, así como quienes no conocen su historia, al observar con horror la respuesta israelí, reaccionen de inmediato en su contra. Pero quienes quieran expresar su opinión deben también evaluar que el enemigo de Israel es un grupo terrorista, y que, lamentablemente, abismado por el caos de su situación y sus circunstancias, el pueblo palestino ha colocado a ese grupo terrorista en el poder, lo ha convertido en su vocero oficioso y en su instancia representativa.

¿Cómo debería lidiar Israel con un enemigo que considera que el Estado de Israel no tiene derecho a la existencia? ¿Deberían los israelíes decir bueno, sí, tienen razón, no tenemos derecho a existir, vamos a cancelar nuestra existencia, vamos a desaparecer de la faz de la tierra, vamos a regresar a ese momento de la historia en que éramos el único pueblo del planeta condenado a no tener nunca una patria propia?

Quienes simplemente asumen que eso es así, que el Estado de Israel no debería haber existido jamás, están negando una verdad histórica transparente: en 1945, recién terminada la guerra mundial y concluido el Holocausto, los judíos de todo el mundo tenían perfecto derecho a considerar que sus vidas y su sobrevivencia eran inviables e imposibles si no tenían un país propio y una patria física.

Eso lo pensaron también los líderes de la mayor parte del planeta, y quien hoy diga que la creación de un Estado para los judíos de la diáspora fue un acto prepotente y matonesco demuuestra su incapacidad de comprender la magnitud de la historia del antisemitismo global en la década del cuarenta.

Desde finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, organizaciones judías de todo el mundo intentaron comprar tierras en África y en América (en la Patagonia) para fundar el Estado de Israel. Quizá hubiera sido una decisión más sabia que la de volver a una tierra en la que estarían rodeados de enemigos seculares, pero el hecho fue que la decisión final fue otra.

Quienes creen que fue una decisión arbitraria el regreso a Jerusalén están desinformados: en las tierras del actual Israel nunca dejó de haber una estable población judía, y allí no había ningún Estado independiente árabe, sino uno administrado, primero, por el Imperio Otomano, y, después, por Inglaterra, que prometió, entre 1917 y 1920, en repetidas oportunidades, tanto a árabes como a judíos, que en esas tierras se les otorgaría la posibilidad de fundar sus patrias.

En 1945, años antes de que se decidiera la fundación del Estado de Israel, había un millón de musulmanes, 135 mil cristianos y medio millón de judíos en el lugar, y estos últimos se habían enfrentado por dos décadas a la insurgencia de grupos árabes ultranacionalistas que querían expulsarlos y detener la inmigración de quienes venían huyendo del antisemitismo europeo, primero, y del Holocausto, después.

Un 31% de la población palestina en 1945 era judío. Quienes creen que los judíos llegaron de pronto, súbitamente, en 1948, para apoderarse de tierras ajenas, están ignorando la historia enteramente.

Ahora bien, si el Estado de Israel tiene derecho a la existencia, si los judíos tienen derecho a la patria que han construido, derecho a un país como todos los demás pueblos de la tierra, ¿cómo deberían reaccionar ante sesenta y un años de atentados, dos décadas de intifadas, y amenazas como la del presidente de Irán, quien niega que el Holocausto haya sucedido pero, a cambio, promete perpetrar uno al cabo del cual no sobreviva un solo judío en todo el Medio Oriente?

Soy el primero en creer que a la violencia extremista y criminal no se puede ni se debe (no es cauto y no es justo) responder con violencia de una índole similar. Pero nadie puede evaluar la realidad del conflicto sin antes detenerse a conocer qué cosa es Hamas y cuáles son los principios que guían su postura contra Israel. El artículo 22 de la de la declaración programática de principios de Hamas, a la que ha jurado fidelidad el actual primer ministro del gobierno palestino, dice a la letra:

Enemigos u organizaciones sionistas acumularon una riqueza material grande e influyente con la cual tomaron el control de la prensa mundial. Estuvieron detrás de la Revolución Francesa y las revoluciones comunistas. En cuanto a guerras locales y mundiales nadie objeta que estuvieron detrás de la Primera Guerra Mundial, así como del aniquilamiento del califato islámico. También estuvieron detrás de la Segunda Guerra Mundial, cuando obtuvieron inmensos beneficios gracias al comercio con materiales de guerra, y se prepararon para el establecimiento de su Estado. Inspiraron la creación de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad para reemplazar a la Liga de las Naciones, para dominar el mundo a través de sus intermediarios. No hay guerra que haya estallado en lugar alguno que no lleve sus huellas digitales.
Es decir, Hamas sostiene, como lo hizo antes Hitler, que los judíos son
culpables de todas las injusticias y todas la guerras de la tierra, y que
controlan todo el planeta con su dinero. Increíblemente, Hamas asegura que la Segunda Guerra Mundial (sí, la misma del Holocausto) fue un negocio judío. Ese es el grupo con el cual Israel tiene que negociar.

Yo, como muchos, creo que la negociación debería ser el camino, y no la violencia. Pero, ¿cómo debería negociar Israel con quien defiende como único objetivo político el de abolir y obliterar absoluta y radicalmente la existencia de todos los judíos?

Quienes acusan a Israel de genocida deberían considerar un par de hechos: primero, que el Estado de Israel nunca ha propuesto la persecución de los palestinos por su religión o su pertenencia étnica (en gran medida, la pertenencia étnica palestina es una novedad postcolonial), y, en cambio, ha visto el problema como un asunto eminentemente político.

Segundo, que grupos como Hamas sí describen el tema como una guerra étnica, en la que los judíos representan un mal intrínseco, opuesto a la bondad representada por los pueblos árabes musulmanes, todo ello dentro de un discurso indudablemente genocida. La misma declaración de principios de Hamas dice, en su artículo siete:

No vendrá el Día del Juicio hasta que los musulmanes combatan a los judíos, hasta que los judíos se escondan tras las montañas y los árboles, los cuales gritarán: '¡Oh, musulmán! Un judío se esconde detrás mío, ¡ven y mátalo!
Esperemos que el gobierno de Israel detenga su ataque en Gaza, que los inocentes dejen de morir en uno y otro bando. Pero esperemos también que en un momento cercano Israel tenga al otro lado de la alambrada a un gobierno que pueda representar cabalmente la necesidad de paz de su pueblo y que esté dispuesto a negociarla en lugar de imposibilitarla con sistemáticos atentados, bombarderos suicidas y estallidos de violencia evidentemente destinados a obstaculizar cualquier solución pacífica, y discursos fanáticos e intransigentes.

Dioses

La segunda película de Josué Méndez

Si algo ha ingresado en el cine peruano con las películas de Claudia Llosa y Josué Méndez, algo que no existía o no había logradado mayor sofisticación antes (salvo en casos muy puntuales, como el de La boca del lobo, de Lombardi), es el complejo equilibrio de los relatos arquetípicos que no descuidan ni sofocan, en su afán intelectual, la construcción de la anécdota visible, pero tampoco se extravían en ella ni pierden la ambición de decir algo trascendente.

Lo que hicieron Madeinusa y Días de Santiago con varios modelos clásicos (el descenso a los infiernos, el regreso demoniaco al espacio natal, la mentida tentación de las sirenas, la sublevación de los ángeles) lo hace ahora, velada y sutilmente, Dioses, con una historia que también recurre a la difícil estructura que Joyce llamaba "método mítico": la narración de unos cuantos días en la vida de una familia burguesa limeña bajo la sombra del relato griego de Cronos, el dios egomaniaco que se tragaba a sus hijos, destruyéndolos al nacer para que no lo sucedieran, hasta el advenimiento de su sexto hijo, Zeus, quien habría de trastornar su reinado para siempre.

(De hecho, la historia de Cronos se menciona en la cinta, en los diálogos entre Maricielo Effio y Pilar Brescia, que conversan mientras observan una exposición de flores raras).

El engranaje mítico le sirve a Méndez para dar estructura a su mirada sobre la decadencia de las clases altas tradicionales: un mundo endogámico e incestuoso --por reconcentrado y ombliguista--, un universo que sólo tiene ojos para sí mismo, enclaustrado en una cárcel dorada, recluido del mundo por espanto y autosuficiencia, pero también por debilidad y temor a la realidad: un mundo de "dioses" tuertos y miopes incapaces de atravesar con la mirada los muros de sus casas de descanso para ver más allá del horizonte, incapaces de asomar al mundo sublunar entre los pilares de su olimpo (el primero en hacerlo, en un descubrimiento personal, desde la altura de un cerro invadido de casuchas malparadas, será el hijo, el futuro dios).

Que el relato se construya sobre arquetipos no implica para nada, como han malentendido algunos críticos, que la historia funcione en base a la recreación de estereotipos. De hecho, aunque la película deja muy en claro la injusticia de la división de clases en el Perú, su mérito mayor, en ese aspecto, es lograrlo sin recurrir a la mostración de la violencia implicada en la inequidad: la relación entre patrones y sirvientes resulta cordial, casi amistosa, pero estrafalaria en su racismo soterrado, doblemente chocante porque se plantea como un sometimiento que no parece basarse en la fuerza y la sojuzgación. Es decir, Dioses es un perfecto retrato de la forma más común del racismo peruano, esto es, el racismo y el clasismo sonrientes, benévolos, hipócritas, enteramente naturalizados, que fingen no violentar el campo social, sino, más bien, ser su forma irrefutable.

El breve diálogo en quechua entre las empleadas domésticas, la forma en que sus uniformes blancos parecen hacerlas más parte del decorado que del mundo de los sujetos y los individuos, la sobreposición de una canción latinoamericana sobre las imágenes de una fiesta electrónica, la irrupción de la madre andina en el paraíso artificial de su hija mentirosa: todos son pincelazos apacibles, diestros, de tono menor, pero van construyendo en su conjunto la sensación de impertinencia y artificialidad, de deshumanización y hartazgo decadente que sirve de argamasa a los ladrillos de la sociedad de la que se ocupa la cinta.

A Josué Méndez no hay que seguir esperándolo: está aquí y en este momento es el más solvente e interesante de los cineastas del Perú.


Harry Mulisch

Mi mejor aventura literaria del 2008

Cuando la colombiana Laura García, del blog Arco Libris, publicado en Chile por La Tercera, me pidió hace unas semanas que respondiera a la pregunta ¿cuáles son los mejores libros que leíste el año que termina?, mi respuesta fue monotemática e indudable: todos fueron libros del holandés Harry Mulisch.

Copio debajo, con minúsculas modificaciones, el texto que le envié y que ella colocó en su blog:
Este año, mi mejor hallazgo no ha sido un libro, sino un autor: el holandés Harry Mulisch. Hacia finales del 2007 cayó en mis manos un libro titulado Caso criminal 40/61. Era una compleja y peculiarísima crónica del juicio del criminal nazi Adolf Eichmann en Jerusalén, en 1961. El cronista era Mulisch, entonces un joven periodista y narrador con un pasado familiar conflictivo: hijo de un colaboracionista holandés (de Haarlem) y una madre judía, sobreviviente él mismo de la ocupación alemana de Holanda en la Segunda Guerra Mundial.
Cuando supe que el de Mulisch era, para muchos, el nombre crucial de la narrativa holandesa en el siglo veinte, decidí echarme a buscar el resto de su obra. Son más de treinta libros, pero en traducciones al español o al inglés apenas se puede encontrar seis de esos títulos: los leí todos el 2008. Todos son estupendos. La novela El descubrimiento del cielo es una suerte de épica fantástica, aventurera, sobrenatural, pero en el fondo es una novela filosófica que no teme interesarse por los temas más difíciles de la teología occidental y oriental. Es en cierta forma la gran summa de la obra de Mulisch, aunque yo, personalmente, prefiero sus demás libros, que menciono a continuación.

Sigfrido es una ficción contrahistórica: la trama se construye a partir de una pregunta hipotética: ¿qué hubiera pasado si Adolf Hitler hubiera tenido un hijo con Eva Braun? ¿Cuál habría sido la índole del lazo paternal-filial con un individuo como Hitler en uno de los lados del vínculo? Dando un paso atrás, la novela no cuenta precisamente esa historia, sino la historia de un novelista que quiere imaginar el relato y que de pronto se halla ante la posibilidad de que su imaginación sea, de hecho, una realidad.

El asalto, una de las más conocidas de sus novelas, fue llevada al cine (como ocurrió con El descubrimiento del cielo) hace unos años. La idea es excepcional: un colaboracionista local, pronazi, es asesinado ante la puerta de una casa en Haarlem, Holanda, hacia finales de la guerra. El hombre ante cuya casa ha caído el muerto, decide empujar el cadáver hasta colocarlo frente a otra casa, para evadir una posible acusación. Ese gesto azaroso decide el destino entero de una familia por varias generaciones: la cadena de homicidios que estalla como consecuencia acompaña, traumáticamente, al único niño sobreviviente del hecho, que se reencuentra con las memorias fragmentarias de ese momento (y con diversos actores del hecho) a lo largo de las décadas siguientes.

El procedimiento es acaso mi preferida (y eso la convertiría en mi libro favorito leído en el 2008). La novela cuenta un puñado de historias sucedidas en momentos históricos distintos --desde el siglo dieciséis checo hasta el siglo veinte norteamericano-- pero vinculadas vertebralmente por un mismo tema: todos los relatos paralelos involucran a un ser humano que intenta crear otros seres humanos: un rabino que elabora un gólem en Praga, un científico holandés que contribuye a la creación artificial de seres vivos, pero también la versión más natural de la historia: una madre que da a luz a su primer hijo. Mediante el complejo juego de vasos comunicantes del relato, Mulisch acaba por devolverle a los hechos naturales de la concepción y el nacimiento el aura mágica que sus versiones fantásticas le han arrebatado en la literatura prometeica, desde la tragedia griega hasta Mary Shelley.

Lamentablemente, me faltan sólo dos novelas suyas, una en versión española (Dos mujeres) y una en traducción inglesa (Last Calls) para terminar con todos los libros de Mulisch traducidos a lenguas que puedo leer. ¿Y después, qué hago? Aprender holandés, supongo; o empezar una campaña para que la obra (más de treinta títulos) de este candidato al Premio Nobel tenga toda la atención que merece fuera de Europa.

6.1.09

Montalbetti

Sin jipijapa, pañuelo, ni poncho blanco de lino


Acabo de leer 8 cuartetas en cotra del caballo de paso peruano, el reciente poemario (¿antipoemario?) de Montalbetti, y una vez más tengo la misma certidumbre que me queda luego de revisar cualquiera de sus libros: la de estar ante la obra de uno de los más idiosincrásicos, complejos e inteligentes poetas peruanos de las últimas décadas.


"Compañeros de generación nuestros versos podrían estar escritos en una lengua más conjetural", dice el cuarto de los cincuenta y cinco versos que componen (o se aglutinan en) la sección titulada "Lejos de mí decirles compañeros". Y uno tiene la sensación inmediata de haber descubierto el engañoso bajo continuo del conjunto: poesía de un racionalismo suspicaz y acaso descreído, escrita en una lengua bajo sospecha, con el ánimo de un poeta que desconfía de su propio soporte: "la unidad del idioma la unidad del idioma no tiene la menor importancia compañeros" (verso tres de la misma página).

"No asocio lo que dices con nada la mención del bote en la playa no me dice nada", se lee al principio de "La brisa del N.O.", como seña, quizá, de que no es sólo el lenguaje como estructura y potencia lo que cae bajo la duda del poeta, sino su nexo endeble con el mundo, su capacidad misma de referir.

Tal vez a eso se deba el intento de Montalbetti de abandonar el poema y concentrarse en el verso individual, en el versículo, en la frase y sus fragmentos, como esperanzado en que al menos las unidades menores del lenguaje abriguen todavía algún poder de significancia, que el poeta parece intuir perdido en los textos de mayor aliento, en las construcciones macrotextuales, en los discursos que se pretenden enteramente articulados, y que este libro evita casi maniáticamente: "La autoridad del poema tiene un hueco en el centro" (cuarto verso de "No literal").

Como ya dije antes, este no es el mejor lugar para una reseña, así que aquí me detengo, anotando ese par de impresiones. Pero repito: si quieren leer algo de la mejor poesía que se hace en el Perú en estos días, denle una mirada a este libro negro de carátula semi-ausente.

PD: Una duda me viene dando vueltas en la cabeza, y la menciono sin ánimo polémico, apenas en busca de una respuesta potable: ¿cómo es que, habiendo publicado no una sino dos listas de los libros más destacados del año en el Perú, el doctor Ricardo González Vigil ha preferido no mencionar en ninguna de ellas los libros de Montalbetti (ni 8 cuartetas ni El lenguaje es un revólver para dos, la plaqueta editada en la colección Underwood, de la PUCP)? Si es que me equivoco en el dato, claro, también será bienvenida la aclaración de quien quiera proporcionármela.

Cosas que conocí el 2008, 1

Tómenlo como una (casi) tácita recomendación

No hablo de cosas aparecidas en el 2008, sino de cosas que existían desde antes (en algunos casos, muchísimo antes) y que yo recién descubrí, o aprendí a apreciar, durante el año recién pasado.

Las novelas de Harry Mulisch. Como decía hace unos días, en la presentación de la última novela de Iván Thays, es sumamente posible que quienes satisfacen su sed de ficción con novelas de Ricardo Piglia y Paul Auster, en el fondo estén buscando, sin saberlo, un libro de Harry Mulisch, el novelista más sorprendente, inteligente y conmovedor que he leído en los últimos años... No les hablo más de él por ahora porque en estos días pienso republicar aquí un pequeño texto sobre Mulisch que Laura García me pidió hace unas semanas para su blog de La Tercera de Chile. Por lo pronto que quede constancia: es mi "nuevo" novelista favorito.

La música de Mississippi John Hurt, el gran blusero del sur negro americano, siempre fiel a la guitarra de palo, al sonido acústico, a las letras melancólicas, doblemente melancólicas en la voz cascada y anciana de sus últimos discos. Mississippi John Hurt es el padre natural de Bob Dylan (porque, en efecto, su blues tiene mucho de folk, así como el folk de Dylan tiene tanto y tanto de blues), y su música, bastante reconocida por los expertos, debería ser escuchada con mayor atención por todos los simples aficionados (como yo).

Sigamos con la música: me sorprendo casi infinitamente cada vez que compruebo que Peter and the Wolf es un grupo casi virtualmente desconocido. La mayor parte de su música se transmite en cd´s caseros, apenas un par han aparecido decentemente editados por disqueras pequeñas independientes, y si uno los busca en Google o persigue sus canciones en iTunes, lo que encuentra, con gran frecuencia, es la música de otro grupo del mismo nombre, Peter and the Wolf, no americano sino inglés. El buen Peter and the Wolf es una pequeña banda de música folk, muy urbana, cuyo centro y referente crucial es el cantante y compositor, Red Hunter (no es seudónimo). Supongo (si hay juticia en este asunto) que no sobrevirirá al 2009 la sorprendente anonimia de la banda.

En mi ojo de cinéfilo "high art" ninguna luz ha brillado más que la del cineasta mexicano Carlos Reygadas, el de Japón, Batalla en el cielo y, en este 2008, Luz silenciosa. En mi ojo de cinéfilo "low pop" el placer culposo han sido las películas de horror marquetero (pero hábil, muy hábil) del catalán Jaume Balagueró. Los amantes del género pueden ver todas sus cintas sin arrepetinrse, pero hay una que tienen que ver de todas maneras: [REC]. Yo la busqué por todas partes y terminé por encotrarla en Lima, en copia pirata (mea culpa).

5.1.09

Augusto Higa

La iluminación de Katzuo Nakamatsu


No suelo hacer reseñas en este blog, y no me siento en disposición de romper la costumbre esta vez, pero tampoco quiero dejar de mencionar esto: en un año que nos trajo no pocas obras de alta calidad en la narrativa peruana (novelas y colecciones de cuentos de Iván Thays, Abelardo Sánchez León, Edgardo Rivera Martínez, Luis Nieto Degregori, etc), corre el riesgo de pasar poco percibida una nouvelle estupenda, La iluminación de Katzuo Nakamatsu, de Augusto Higa. Y la verdad es que merece mucha atención: toda nuestra atención.


Si uno se echa a buscar en nuestra tradición, en nuestra usualmente rica tradición narrativa, se encuentra con la sorpresa de que no son muchas, en verdad, las novelas breves peruanas que puedan considerarse hallazgos notables. Eso sólo acaba por dar mayor brillo al logro de Higa, un autor del viejo grupo Narración que parece haber navegado muy lejos de su orilla original en este libro, pero que, sin embargo, se mantiene fiel a la noción elemental de crear un universo íntimo que sea reflejo de un mundo social mayor y, de manera peculiar en este caso, un mundo también marginal.


La iluminación de Katzuo Nakamatsu es la historia de un viaje a la locura, pero uno descrito a la vez como descenso al infierno y descubrimiento: iluminación, entonces, quizás, en el sentido sui generis que le dio Rimbaud: hallazgo de la tiniebla y mirada oblicua al paraíso, todo en un solo y contradictorio movimiento, abismado y maldito.

La novela traza el mapa urbano de una Lima muy claramente demarcada: ciertos barrios del centro, sus márgenes, las fronteras de La Victoria o Balconcillo, las grandes avenidas y las calles menores que han pasado, a lo largo de la segunda mitad del siglo veinte, de la pobreza relativa a la tugurización y de la miseria al lumpen, y que ahora se recomponen bajo la faz ardorosa de las nuevas emergencias sociales, lo chicha, lo informal, la autosuficiencia de lo popular urbano.


Si ese es el terreno en el que se mueve el protagonista (un profesor universitario que ha sido jubilado a la fuerza, enfrentado de pronto a la inacción prematura del retiro, y empujado con ello a la orilla de una locura a la vez senil y rebelde), lo cierto es que hay territorios menos concretos, más bien psíquicos, que levantan el escenario central de la historia: la vivencia de la marginación actual se vuelve memoria de la marginalidad anterior: el personaje --nikkei como el autor-- evoca y revive los años de la migración de japoneses al Perú, los atropellos xenofóbicos de que fueron víctimas en nuestra capital durante la Segunda Guerra Mundial, y acaba por somatizar en la pena y la locura íntima y contemporánea, los rasgos de esa otra locura que es la pasada alienación del migrante rechazado.


En ese movimiento, se sobreponen infinitas capas: el personaje, eminentemente esquizoide, se identifica con un viejo líder de la resistencia a la xenofobia antinipona en el Perú, pero también con Martín Adán, asumiento en ello la duplicidad del doble exilio, el exilio exterior del emigrado, y el interior del paria refugiado en su alma y en el hospital psiquiátrico, escapado hacia el escondite personal de su memoria y enajenado del mundo físicamente y mentalmente.


Libro conciso, tenso, que vence a su propio desequilibrio, que se levanta en el caos de sus largas frases y el ímpetu de su tono confesional, y asoma entre las líneas de su argumento desquiciado, La iluminación de Katzuo Nakamatsu es una de las mejores novelas breves publicadas en el Perú en muchos años.

La mejor música del 2008

Según mi criterio de neófito, por si acaso

Estos son algunos de mis discos preferidos del año, sin colocarlos en ningún orden particular, y reconociendo, claro está, que aunque yo escucho música fanática y compulsivamente, hay muchas cosas universalmente celebradas a las que no he podido prestarles una justa atención.

Olvido algunas cosas, sin duda, y otras dudo en colocarlas (¿es justo dejar de lado el último disco de REM?; probablemente no, pero prefiero hablar de discos un poco menos difundidos entre nosotros). ¿Es buena idea no mencionar a The Bug? Tampoco, pero no sé si sabría explicar cómo ha llegado a gustarme su variante postmo de rap y hip hop.

Third, de Portishead.- Larguísima espera, satisfacción total. La música de Portishead se hace más compleja pero a la vez más transparente, menos electrónica, más terrestre (y más terrícola) y el disco es el mejor de su espaciada y breve producción.

Electronic Arguments, de The Fireman (Paul McCartney & Youth).- Ya lo dije antes: en este disco Paul McCartney descubre el verdadero alcance de la alianza creativa más duradera de toda su carrera (sus colaboraciones con Youth llevan ya década y media). Música experimental que no olvida la melodía, ni la diversión, ni el hecho de que el espíritu reflexivo no tiene por qué renunciar a la vitalidad.

Exit, de Shugo Tokumaru.- Ya había deslumbrado con sus primeros intentos, pero este disco del japonés es mucho más un conjunto de hallazgos que un manojo de exploraciones: Tokumaru, de alguma manera imprevisible, ha encontrado el improbable punto de encuentro entre la electrónica, los Beach Boys y la música tradicional japonesa.

Dig!!! Lazarus Dig!!!, de Nich Cave and the Bad Seeds.- Ya no es sorpresa que Nick Cave (novelista, cineasta, periodista y músico) sólo es capaz de hacer buenos discos, pero, con todo y eso, nada hacía presagiar para el 2008 uno de los puntos más altos de su carrera. Dos canciones para recordar: la que da título al cd y More News from Nowhere.

Welcome to Mali, de Amadou & Mariam.- Según los ránkings consolidados de Metacritic, este es el disco del año para la crítica anglosajona (particularmente impresionante para un dúo de músicos francoparlantes. Rock y pop africano del mejor nivel, en la huella de Geoffrey Oryema, Fela, Ayub Ogada, etc.

Laulu Laakson Kukista, de Paavoharju.- Finlandia ha producido algunas de las agrupaciones más idiosincrásicas del rock contemporáneo, y Paavoharju no es la menos extraña: una canción promedio de este conjunto de cristianos "born again" puede conciliar trance, psicodelia, canción napolitana y experimentalismo de resonancias africanas, así, como quien no quiere la cosa.

(Estoy con ese cansancio moribundo y apacible que dan las vacaciones prolongadas, por eso prefiero no echarme a buscar videos. Pero no puedo dejar de recomendarles una de las canciones más raras y bellas del año: Italialaisella laivalla, de Paavoharju.

4.1.09

3,000 / 14

"Tres mil ejemplares agotados en dos semanas"

Leo en un diario esa observación: Busco novia, el libro de Renato Cisneros que recoge textos antes publicados en su blog, vendió tres mil ejemplares en sus primeras dos semanas, y eso lo convirtió en uno de los grandes éxitos libreros del año pasado en el Perú.


Suponiendo que esa fuera la cifra de ejemplares vendidos efectivamente al público, y no, como es de suponer, la cifra de ejemplares distribuidos a pedido en las librerías del país (y cuando digo "país" me refiero al país de Lima), estaríamos hablando de la astronómica cantidad de 214 ejemplares comprados cada día durante dos semanas.

O, para decirlo de otra manera, promediando: unos veinte ejemplares vendidos diariamente, a lo largo de una quincena, en cada una de las diez librerías limeñas que en verdad venden libros (otra cosa que explicar a los extranjeros: la mayoría de las "librerías" del Perú no venden libros).


Es decir que, en una librería que esté abierta durante diez horas en cada jornada, la larga, interminable y fanática fila de compradores de Busco novia habría alcanzado a estar poblada, durante medio mes, por... dos compradores por hora.

Pongámoslo en porcentajes: un best seller peruano es un libro que alcanza a ser leído por el 0.0107 % de la población nacional o el 0.03 % de la población capitalina. Un best seller peruano tiene en sus dos semanas más exitosas de venta la quinceava parte de los lectores de un diario chicha promedio en un día cualquiera.

Pongámoslo en perspectiva: se trata de un libro, Busco novia, cuyo contenido ya ha sido leído (online) por la gran mayoría de sus compradores antes de adquirir un ejemplar, de modo que, paradójicamente, siendo un "éxito" de librerías, no debe de contribuir casi en nada al ensanchamiento del total de lecturas anuales de los peruanos.

Así estamos.


Regreso a casa

Después de un par de semanas...

Puente Aéreo se fue en silencio y regresa sin dudas ni murmuraciones: Carolyn y yo pasamos dos semanas en Máncora, andamos ya de regreso en Lima, y yo, personalmente, he pasado el tiempo tomando nota de algunos temas para comentarlos aquí, así que en las próximas semanas espero colocar al menos un par de posts cada día.

Antes de salir del tema mancoreño: ¿por qué si la zona de Máncora cuenta con un buen número de hoteles, algunos de ellos bastante caros, decenas de residencias no poco lujosas, tres decenas de restaurantes y bares, etc., el municipio local, que debe recaudar mucho más impuestos que cualquier distrito promedio de la costa norte, es incapaz de cosas elementales como asfaltar pistas o extender el alumbrado público?

No me refiero a asfaltar o alumbrar las calles de los hoteles y las residencias veraniegas, sino a las calles del pueblo, donde viven los habitantes locales, que no parecen beneficiarse de la afluencia de visitantes al menos en cuanto respecta a sus servicios públicos.