22.8.08

Perutz

Una recomendación a los amantes del policial

Dada la índole del género que los apasiona, los seguidores de la novela policial tienen un trabajo cada vez más difícil: con cada lectura se vuelven más suspicaces, más atentos, más difíciles de sorprender y menos inocentes ante las trampas y los escondrijos de la ficción. Por eso, cuando encuentro una novela del género que tenga una dimensión adicional que ofrecer, una perspectiva diferente, no puedo evitar las ganas de recomendarla.

Y en este caso, no se trata de una novedad editorial, sino de un libro escrito hace más de ochenta años:
El maestro del juicio final, de Leo Perutz (1885-1957), autor judío de Praga, matemático de profesión, miembro de una familia de origen español, y que escribió toda su obra en alemán. Perutz estuvo entre los judíos afortunados que, viviendo en Viena, pudieron migrar a Palestina en 1938, en los días de la anexión de Austria a Alemania, y debido a ello pudo salvar la vida.

En El maestro del juicio final confluyen muchas vertientes genéricas distintas: es un policial, sí, pero uno de estirpe fantástica, metafísica incluso (la metafísica, después de todo, decían los habitantes de Tlön, es una rama de la literatura fantástica). Es también una novela de horror (el célebre escritor americano de ciencia ficción Karl Edward Wagner la citaba como una de las mejores trece novelas de horror no sobrenatural de cualquier época). Y además es una ficción autorrefleja, es decir, una que se vuelve sobre sí misma para cuestionar el estatus de veracidad y verosimilitud de su propia trama.

Como en "El sur" de Borges, o en "La noche boca arriba" de Cortázar, en
El maestro del juicio final se cuestiona la frontera entre vigilia y sueño, entre realidad y ficción, y se empuja al lector a reformular continuamente su manera de entender las muchas bifurcaciones argumentales, hasta convertir la novela en una fuente inagotable de hipótesis no sólo referidas a la solución del enigma, sino a muchos temas paralelos: la naturaleza de la creación artística, el estigma de la culpa y la represión de la conciencia, etc.

(La traducción española de esta novela es de Jordi Ibáñez, y fue publicada por primera vez en 1988, por Tusquets).

21.8.08

In Memoriam

Hace un año murió Manuel Morales

Como muchos de mi generación y de otras, leí por primera vez a Manuel Morales en la antología Estos trece, de José Miguel Oviedo, hace ya dos décadas. Ahora, viendo Perú 21, me entero de que el poeta murió casi un año atrás, en Porto Alegre, Brasil, y su deceso permaneció todo este tiempo desconocido para los medios nacionales.

Aquella vez, hace veinte años, este es el poema suyo que leí:

SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR

Si tienes un amigo que toca tambor
Cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
Más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo, entonces,
Que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
Que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
Mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
Y un amigo que toca tambor.


20.8.08

¿Imprescindibles?

Gutiérrez, Reynoso y la Historia de Oviedo

Como escribí hace algunos días, un libro de historia literaria no es una repartición de premios: no caben en él necesariamente los favoritos del historiador, ni es la antipatía una razón para desestimar la obra de unos u otros escritores. Una historia literaria es un intento de entender el devenir de una tradición, y son en ella imprescindibles sólo los autores que han influido, modificado o alcanzado un relieve preponderante en esa tradición.

Dicho esto, se entenderá mejor por qué pienso que el debate acerca de la no inclusión de escritores como Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez en la
Historia de la literatura hispanoamericana de José Miguel Oviedo (discusión que puede parecer extemporánea tratándose de un libro del año 2001) sólo puede partir de una discusión sobre la mayor o menor importancia de tales autores en la tradición narrativa regional.

Así pues, lo que debería considerarse no es simplemente si Reynoso o Gutiérrez son autores de talento considerable, de aspiraciones importantes o de logros reconocibles: debería discutirse, más bien, si su obra ha sido determinante en el decurso de la narrativa latinoamericana de su tiempo, y en la posterior, es decir, si sus obras son callejones sin salida, anacrónicas y pasatistas, como considera más de un observador, o si son una puerta abierta a nuevas y ajenas intervenciones: ¿son Reynoso y Gutiérrez influyentes, o lo fueron? ¿Hay líneas apreciables de la narrativa peruana y regional que se construyan a partir del trabajo de ellos?


Mi propia opinión es que sí: de Reynoso viene cierta narrativa urbana, cierto realismo sucio, cierta aproximación compleja a la narrativa de temas adolescentes y juveniles, y también está en Reynoso un eslabón nada despreciable de la narrativa de temática homosocial, que las últimas dos generaciones han extendido y diversificado. Y las novelas y los cuentos de Gutiérrez ofrecen una visión políticamente radical (no por ello desatendible) de las relaciones sociales en el Perú, sobre todo en el Perú provinciano, una mirada aguda sobre temas relativos al mestizaje cultural, sobre cuya huella han elaborado su obra otros autores, como José de Piérola, Víctor Andrés Ponce, Zein Zorrilla,etc.


¿Alcanza eso para hacerlos imprescindibles en un canon latinoamericano? Esa pregunta la podríamos responder, ojalá, con las intervenciones de los comentaristas (y previamente habrá que prenderle una vela al patrono de los comentarios alturados).

19.8.08

El horror silencioso

Cierto pasaje de una novela polaca

En España, en los años sesenta, seguramente debido a la censura franquista, Seix Barral publicó la novela Pornografía, del polaco Witold Gombrowicz, con el título La seducción. Leí esa versión la semana pasada; el libro es notable en general, pero hay un pasaje que me llamó la atención especialmente.

Es el año 1943, en la Polonia ocupada por los nazis. El protagonista, Witold, y sus amigos, la mayoría escritores y artistas plásticos, han dejado Varsovia temporalmente y una tarde entran en la populosa Cracovia, ciudad por la que no han pasado en varios años. El personaje describe lo que ve: la ciudad está perfectamente normal, es la misma de siempre, tiene la misma vitalidad y está atravesada por el mismo ajetreo de costumbre.


Algo falta, sin embargo; algo le da a las calles un no sé qué inefable que atraviesa de angustia al personaje, pero que el personaje no sabe reconocer. No en un principio, al menos. Pero luego se da cuenta: todo está igual pero en las calles no hay judíos. Ninguno; ni uno solo.


En ese pasaje de la novela, el horror no es mencionado: se abre como un agujero de silencio y pánico trascendente, como un vacío y una precariedad que ahueca las apariencias y expresa la fragilidad del mundo bajo la opresión fascista y el oprobio del genocidio. Es otra forma de hablar sobre la violencia.

Que levante la mano...

... el que quiera figurar a toda costa

Rodolfo Ybarra --les cuento a mis lectores-- es un escritor peruano adicto a la verborrea y afecto a conjugar la retórica senderista con el balbuceo underground (se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía"; habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad").

Tiene un blog dedicado a la acumulación de insultos y que sirve de tribuna a los más arbitrarios comentarios anónimos (no bajan de cien los ataques que yo mismo he recibido en esas páginas). Su técnica es sencilla: postea manifiestos biliosos pero no menciona al atacado por su nombre, de forma que los anónimos se sienten libres de arremeter contra quien deseen.

Iván Thays, uno de los blancos favoritos de dicho blog, se refirió a Ybarra en un post reciente. Y ahora Ybarra se considera ofendido y me pide a mí que publique su carta de respuesta. A mí, la carta me parece un buen ejemplo del palabreo insulso que Ybarra quiere hacer pasar por argumentación, pero la publico a continuación para que los lectores juzguen por sí mismos, y para que descubran la existencia de este colorido personaje del folclor peruano.

Carta de Ybarra

EL "TERROR" DE IVÁN THAYS

Debido al último comentario (bastante lamentable por lo demás y en donde se me acusa de tener "nostalgias terroristas") proferido por el escritor Iván Thays, debo decir lo siguiente:

El hecho de que en mi blog no se "moderen" los comentarios y deje en libertad (como debería de ser) para que el lector vierta su opinión sin mayores inconvenientes o premisas, no me convierte en cómplice de opiniones contrarias, mucho menos en el "asesor" o el "provocador" de los insultos, creo que esa observación (en lenguaje emocional) es más un prejuicio que una verdad creíble. Si usted no quiere "enlazar" el link respectivo "porque "Moleskine" no avala blogs sin moderación" es su problema. Si usted cree que la "seriedad" de un blog depende de los comentarios que dejan los lectores es su problema. Si usted cree que el repudio de los lectores se traduce sólo en los comentarios (furibundos, racionalistas, adjetivistas, etc.), es, también, su problema. Considero que la cultura está por encima de las opiniones, mucho más si estas son subjetivas o alejadas de lo concreto, por eso usted encontrará en esta página el link respectivo a su famoso weblog (¿cuándo se acabará eso de las regencias con vestigios coloniales? ¿No hay acaso en algunos el gen de la esclavitud, el gen del libertador, y, en otros, el gen del despotismo?). No reclamo reciprocidad, quizás por eso no entiendo eso de "atrabiliario" que usted hábilmente pretende endosarme; qué "maldad" puede haber en alguien que busca la verdad de los conceptos o en alguien que discrepa abiertamente, salvo que usted considere el hecho de discrepar como una "maldad" en sí misma; entonces no me equivoco cuando considero que sus críticas con respecto a "Un Mundo Dividido" son de un "individualismo dogmático". Usted no entiende razones sino ideas prefijadas que le van a dar conclusiones prefijadas. Razones que no provienen de la lectura rigurosa del libro (ni de la necesaria "arborescencia") en cuestión, sino de prejuicios y de ideas fuerza donde confunde la "libertad del individuo" con la libertad para denostar sobre una obra literaria a su libre albedrío y con la venia de un círculo literario cada vez más desacreditado (no, no se preocupe, no voy a hablar de eso). Lástima que usted sólo vea la punta del iceberg, se sorprendería si leyera con detenimiento y sin subjetivismos lo que en mi anterior artículo he tratado de decirle (y que muchos han entendido, lamentablemente usted no). Por eso usted no entiende que "mi defensa" (esto ya parece un juicio) del libro de Gutiérrez pasa menos por —como dice usted— "la falacia" de que fue marginado por el establishment y que sus parientes murieron en la cárcel" (qué visión tan recortada y epidérmica, me sorprende su reduccionismo académico) que por el mismo análisis del libro, análisis que por cierto usted haciendo alarde de ese minimalismo post-industrial quiere reducir a una comparación por demás peyorativa y ridícula como son los accesorios o baratijas de guerras pasadas, "artefacto anacrónico" lo llama usted intentando ironizar con poca suerte.

Así, usted apunta: "Si el blogger hubiera leído la reseña objetivamente, sabría que lo que sostengo es que lo que hace anacrónico al libro no es el contexto que lo produjo sino el dogma que defiende". En este silogismo condicionante encuentro que —por si acaso, usted no se ha dado cuenta— los contextos son los que producen los dogmas y no al revés (aunque en cierta forma podríamos hablar de que precipitan ciertas situaciones) y hasta el "mejor" de los libros escritos con el "mejor" de los dogmas no escapa a su tiempo, aquí es donde sirve para enjuiciar o para ser condenado, por pecado expreso u omisión que es como usted quiere —o quisiera— que se resuelva esta segunda edición de "Un Mundo Dividido". Lástima que usted piense que alguien le quiere imponer algún tipo de dogma (¿no hay ahí un prejuicio bastante patológico?) o que —peor aún— alguien quiere coactar su libertad individual o frustrar su obra creativa. Eso no sólo es exagerado sino que demuestra una paranoia, un delirio por la "pérdida de la libertad" en cuyo caso usted no necesita una observación a un artículo errático, sino un médico frenópata.

No, no se preocupe usted: NO SOY TERRORISTA. No quiero volar su casa, mucho menos dinamitar su obra literaria. Eso sería una cobardía. Tampoco guardo relación alguna con ningún miembro del grupo "Narración" (a quienes debo mi admiración por la lectura de sus obras y no por el conocimiento de sus personas) o con algún "blogger exiliado que pulula por ahí". En todo caso es el tiempo y los lectores quienes acusarán recibo de sus palabras y quienes harán lo que se tiene que hacer con una literatura acomodaticia o de salón cuya mirada estrábica insiste en negar una realidad evidente.

Finalmente, apunta usted: "Si buscar comparaciones es un nivel bajo de argumentación (en relación a lo vertido por Javier Ágreda, esta precisión es mía), defender a un autor por datos biográficos y solidaridad política es el grado cero de cualquier discusión". Ergo, motejar e incriminar a alguien, sin ninguna prueba, de anidar "nostalgias terroristas" es el non plus ultra de que la discusión ha descendido a zonas batipelágicas, quizás en el terreno de lo abisal tenebroso. No sabía que a usted le interesaban los bajos fondos y las altas presiones (cuando quiera le recomiendo la mejor escuela de buceo del país), en algún momento creí percibir que a usted le interesaban más las luces, los flashes y las lentejuelas literarias.

Usted ha degradado el debate más allá de lo audible. Desde aquí puedo escuchar sus ecos.

Amable, pero firmemente,

Rodolfo Ybarra

DNI 09441432

12.8.08

Indultados

Todos caminan por las calles

Kapanga es un grupo argentino de rock no muy conocido fuera de su tierra. Yo supe de él por una amiga bonaerense, que le hizo escuchar a mi esposa la canción cuyo video posteo aquí debajo. Se titula "Indultados". Escúchenla: es como un grito visceral contra la dictadura rioplatense y sus líderes rescatados de la cárcel. (¿La habrán escrito en la misma época en que, en el Perú, roqueritos sin talento como Raúl Romero se alquilaban al poder de Montesinos y Fujimori?). Una canción para tener en mente ahora que a nosotros nos toca juzgar a nuestros asesinos.



10.8.08

Muere Darwish

El poeta nacional palestino

En gran parte como un hecho ajeno a la prensa hispana, sobrevino hace dos días la muerte de un poeta extraordinario, el palestino Mahmoud Darwish, largamente considerado por muchos uno de los más importantes escritores contemporáneos del mundo árabe.

Darwish, nacido en 1942 en un pueblo de Galilea (que desapareció seis años más tarde, al ser arrasado por el ejército israelí) fue desde su juventud un activista de izquierda, miembro del Partido Comunista de Israel, primero, y luego líder secundario de la Organización para la Liberación de Palestina. En 1971 había perdido su ciudadanía israelí, debido a lo radical de sus posturas y a un largo viaje de carácter político a la Unión Soviética.

Exiliado en París por muchos años, regresó a vivir en la Franja de Gaza a mediados de los noventas, época en la que gozaba ya de una extensísima popularidad entre el pueblo palestino, no sólo debido a su poesía, mayoritariamente política, sino también al éxito masivo de un manifiesto suyo conocido comúnmente como la "declaración de independencia" de su pueblo.

Darwish fue uno de esos intelectuales limítrofes y difíciles de encasillar en el mundo del conflicto árabe-israelí: fue un duro crítico de los sucesivos gobiernos de Israel, pero también de los líderes políticos palestinos. Pese a que siempre sostuvo que confiaba en la posibilidad de la paz entre los dos enemigos, fue especialmente crítico de los gobernantes palestinos cada vez que estuvieron dispuestos a ceder en aras de la conciliación: Darwish esperaba la paz, pero pensaba que ésta dependía más de un "cambio de mentalidad" en los gobiernos israelíes.

Al menos dos veces poemas suyos fueron leídos públicamente en el Congreso de Israel: una vez para demostrar que los intelectuales palestinos estaban dispuestos a pactar con miras a una paz sostenida, y otra vez para probar precisamente lo contrario. Lo cierto es que Darwish también es muy leído en la patria de sus rivales históricos, y no poco admirado, además de haber recibido innumerables reconocimientos por el idealismo pacificador de su poesía y su interés en rescatar la dignidad del pueblo palestino. Hace no mucho, una ministra de Educación de Israel propuso que la poesía de Darwish fuera estudiada en las escuelas de ese país: el escándalo no demoró, pero la sola propuesta fue síntoma de una apertura saludable.

Ideólogo nacional, poeta político y político nacionalista, Darwish solía repetir una frase: "hace años que mi nación es solo lenguaje". Curiosamente, es un concepto que fácilmente podría aplicarse a los dos mil años previos de historia del pueblo hebreo. Paradójico, y no por ello menos triste.

En este enlace pueden ver la página web más completa con información sobre Darwish, en árabe y en inglés. Y en este otro un interesante artículo sobre él.

7.8.08

Las afinidades electivas

El canon de Oviedo y el grupo Narración

Esta semana leí, por recomendación de una amiga argentina, la
nouvelle La casa de papel, de su compatriota Carlos María Domínguez. Libro libresco si los hay, y si la redundancia se me disculpa: libro hecho de libros y de bibliofilia desenfrenada, poblado de lectores y lecturas, al centro de los cuales se yergue un enigmático protagonista cuya morada está construida, literalmente, con libros en lugar de ladrillos.

La novela tiene dos ejes temáticos: el primero es la noción de que la literatura es terreno peligroso y que la influencia de los libros en la vida es palpable y tangible además de decisiva e inmediata (vital a veces, o mortal). El segundo es la idea de que no hay lector que no diseñe, a lo largo de su vida, un canon personal, y que cada uno de esos cánones se elabora a partir de criterios únicos, diferentes, no necesariamente comprensibles ni justificables para otros lectores.

También elabora un canon, pero en un plano público y de gran influencia (y, por lo tanto, con criterios que sí merecen explicarse), quien, como hizo hace varios años el crítico peruano José Miguel Oviedo, confecciona una historia literaria. Me refiero, claro, a los cuatro tomos de su
Historia de la literatura hispanoamericana, que en estos días ha sido objeto de discusión en diversas columnas de prensa (comenzando por dos del crítico Abelardo Oquendo).

En contra de lo que algún desinformado parece suponer, proponer un canon latinoamericano no implica hacer una sumatoria de dos decenas de selecciones nacionales: un autor puede ser relevante en una tradición nacional y no ser crucial en una que se construya de modo internacional o transnacional. Escribir una historia es articular las líneas maestras de una serie de procesos intelectuales y estéticos, sus interrelaciones, sus comunicaciones y sus influencias; no se hace una historia literaria con la lógica de una repartición de premios.

No es cuestión, entonces, de preguntarse por qué no aparecen en el registro de Oviedo un infumable Salaverry o un cuasi ilegible Lora y Lora. Sí es válido, en cambio, interrogarse, como lo ha hecho Juan Morrillo, sobre la ausencia en la
Historia de Oviedo de los miembros más conspicuos del influyente grupo Narración: ¿no son Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso dos autores con una obra determinante en el curso de las letras peruanas recientes y con una impronta clara en cierta narrativa posterior? Pero más aun: ¿no es el grupo Narración, en sí mismo, una línea poderosa en la historia del realismo social peruano, atendible a nivel regional, y parte, a su vez, de un fenómeno que tiene ecos y orígenes en diversos lugares de América Latina?

Foto de J.M. Oviedo tomada de Caretas.

4.8.08

Emma Zunz

El narrador amnésico

¿Cómo describir al narrador de "Emma Zunz", el célebre cuento de Jorge Luis Borges? Si uno le da una mirada rápida al relato, la primera impresión es que se trata de un clásico narrador omnisciente, capaz de ingresar incluso en la conciencia de la protagonista y transformar sus sensaciones, deseos y desvaríos en un discurso finamente articulado.

Leyendo con más cuidado, se descubre que son no pocos los pasajes en que el narrador apenas acierta a conjeturar acerca de los hechos del relato, y a proponer hipótesis sobre las ideas y pensamientos de Emma. En algún momento se declara casi incapaz de penetrar el tejido mental del personaje, impotente ante la tarea de narrar la historia.

Aquí una propuesta para explicar la calidad indecisa y cambiante de ese narrador: su omnisciencia tiene un límite; no puede trasponer la barrera del trauma de Emma y sus memorias aún no elaboradas: la muerte del padre, la clandestina desfloración con el marinero desconocido, la razón más íntima de su venganza. Un narrador omnisciente con amnesia parcial, valga la paradoja: una mirada capaz de verlo todo excepto las zonas opacas de represión en la mente de Emma.

3.8.08

Adiós a Solzhenitsyn

Murió el más famoso disidente de las letras rusas

Demasiado conservador para mi gusto y lejos de ser uno de mis autores preferidos, Alexandr Solzhenitsyn, sin embargo, se ganó con su vida el respeto de todos los que creemos en las libertades del individuo, en la democracia y el derecho a disentir. Apenas hace dos años el Estado ruso inició, con la publicación de su obra completa en treinta tomos, la reivindicación oficial de este autor que hace unas horas ha fallecido y que estuvo en actividad hasta hace muy poco.

Quizá una mirada a esta breve y parcial autobiografía suya
sea un buen homenaje. Pero si quieren pasar un rato placentero evocando la figura de este disidente ejemplar, denle una mirada a este divertido artículo en el que Stig Fredrikson cuenta cómo hizo para sacar del cerco fronterizo de la URSS el discurso de aceptación del Premio Nobel de Solzhenitsyn en 1970 (las autoridades soviéticas le prohibieron viajar para recogerlo). Y para completar el círculo, pueden leer aquí el controversial discurso.

Imagen: Solzhenitsyn a la salida del gulag en 1953, tras el más largo de sus varios encarcelamientos.