16.2.07

Y otros cinco más en Quipu...

Seguimos. Otras cinco entregas que se suman a las cuatro de ayer en Quipu. Esto ya amerita hacer un pequeño índice, ¿no? Así que eso hago aquí.

Las nuevas entradas son: El monstruo, cuento de Luis Gallardo; Cinco poemas, de Salomón Valderrama Cruz; El encuentro, cuento de Mariano Carranza Lucero; En tierras lejanas, cuento de Lino Sangalli (sobre la guerra del Pacífico) y El deseo infame, cuento de Jorge Luis Huamán.

Las de ayer fueron Personajes de San Francisco, fotos de José Antonio Galloso; El Golem, texto de Jack Farfán; Un cuento, de José de la Vega; y Microcuentos, de Marco Tulio Capica.

15.2.07

Quipu de regreso

Hace unas pocas semanas, cuando empezaba el semestre, coloqué en Puente Aéreo un pedido a los lectores que quisieran enviar colaboraciones: fotografías, videos, cuentos, poemas, etc.

La cantidad de cosas recibidas ha desbordado un poco mi capacidad de procesarlas y publicarlas. Les puse como avance, hace días, un cuento de Michael Wilson Reginato. Ahora he decidido no confundir esas colaboraciones con el cuerpo habitual de
Puente Aéreo, y publicarlas, más bien, en el espacio que ya tengo habilitado desde hace tiempo: el del blog Quipu (que, por cierto, cumple un año de vida y ha publicado a más de cuarenta autores peruanos jóvenes, mayoritariamente del interior del país).

Pido disculpas por anticipado a quienes han enviado videos (el maestro Roberto Forns, por ejemplo): no encuentro aún una manera de ponerlos en el blog sin recargar mucho la página. Y quienes han mandado textos muy largos tendrán que esperarme un poco hasta que tenga tiempo de revisarlos...

Pero, de todas maneras, abro hoy ese nuevo periodo de
Quipu con cuatro cosas distintas: una muy nutrida colección de microcuentos de Marco Tulio Capica; un relato breve de José de la Vega; una variación borgeana de Jack Farfán; y una primera selección de fotografías de José Antonio Galloso (luego vendrá una segunda), que es parte de su colección Personajes de San Francisco. (De allí procede la fotografía de arriba).

Todo ello lo encontrarán aquí.

El zoncito

Hace varios meses, quizá alguien se acuerde, un zoncito que tiene un blog publicó un post alucinante, en el que colocaba mi número de IP y cierta información supuestamente extraída de un servicio de internet (algo tipo StatCounter) que demostraba, según el zoncito, lo siguiente: que yo había estado leyendo su blog durante algo así como catorce horas...

A partir de ese dato que sólo cabe en la mente de un megalómano de caricatura, el zoncito decidió que yo tenía no sé qué forma de locura y no sé qué forma de obsesión. Y lo escribió. Así como lo oyen. Me acuso de loco... No sabía nada sobre mí, no tenía ninguna otra información sobre mi existencia. Sólo ese dato idiota imaginado por él mismo, inventado en su delirio, publicado en su nerviosa estolidez e interpretado como interpretan las cosas los alucinados: estúpidamente.

El dato todavía lo cuento como anécdota cada vez que alguien me pregunta cómo hice para terminar tres libros y publicar dos de esos tres, todo ello durante el año pasado: les digo que no hice nada más que leer catorce horas al día el blog de un zoncito. Y también los blogs de otras decenas o acaso centenas de personas en los que aparece mi nombre, tomado por desconocidos, como firma de cientos de comentarios que, curiosamente, casi siempre son ataques en mi contra.

Ayer, el zoncito tuvo otro ataque de genialidad y decidió volver a usar mi IP. Esta vez, para decir que yo soy quien se esconde detrás de la firma de un tal Juan Pérez (así como lo oyen) que ha tenido la maligna idea de escribir, en el blog del zoncito, que el zoncito es un zonzo y que César Hildebrandt "es un miserable". Curiosamente, ambas cosas las he dicho yo varias veces, y las he firmado con mi nombre, como siempre.

¿Y cuál es la prueba que usa el zoncito? Coloca un IP del campus en que trabajo, que, si no entiendo mal, es el mismo IP que aparece en los mensajes que escribo desde mi oficina, la biblioteca, los laboratorios de la universidad y mi casa, que, por cierto, también está dentro del campus. Y al lado de ese IP pone un mensaje que alguien, firmando como Juan Pérez, envió a su blog (esto, concediento que Juan Pérez no sea él). Y ya. Entonces yo soy Juan Pérez. Brillante.

Digamos que tuviera el tiempo del zoncito para andar rastreando los IP´s de todo el mundo. Digamos que encontrara que el IP del zoncito es 200.89.18.236. Es sólo un ejemplo, claro. No lo es. Aunque sí es un IP de Lima. Digamos que coloco aquí debajo esto:

Nombre: Zoncito
Email: zoncito@zoncito.com
IP: 200.89.18.236
Mensaje: "Hola, soy inimputable".

Y después coloco esto otro:


Nombre: Opa
Email: opa@zoncito.com
IP: 200.89.18.236
Mensaje
: "Fulano es un miserable"

(O cualquier otro de los muchos mensajes bajo seudónimo que llegan a mi blog diariamente, y que nunca aparecen publicados cuando son ofensivos contra alguien).

Y claro, ya está: ya "probé" que zoncito y opa no sólo son lo mismo, sino que además son la misma persona. Un pequeño detalle: en verdad, lo máximo que podría decir, por una cuestión de escrúpulos, es que zoncito y opa comparten un IP (quizá, por ejemplo, el IP de un sitio público).


Pero además, claro, también puede ser que me haya inventado absolutamente todo. Así como hace un año el zoncito se inventó (y presentó idénticas "pruebas" para demostrarlo) que yo pasaba catorce horas al día leyendo las babas que él derrama cotidianamente en su blog. (Catorce horas leyendo ese blog: imagen salida de la mente de un torturador).

Fuera de ironías, el problema es este: el zoncito (¡que da entrevistas en las que dice que su táctica conmigo es ignorarme!) escribe sobre mí cada vez que se le juntan dos neuronas, a razón de una vez a la semana, y suele salir mal parado, pero repite la operación cada cierto tiempo. Acto seguido, veta mis comentarios en su blog, y todos los comentarios que respondan sus pamplinas.

Luego comienza a admitir o inventar comentarios insultantes contra mí, a la vez que admite comentarios en contra de personas a las que yo quiero y que nada tienen que ver en esto. Ahora mismo, en el blog de este pobre infeliz hay comentarios sobre mi novia. Debe ser lo que llaman new journalism.


Esa es la única razón por la que, después de este post --no me interesa qué haga el zoncito con su vida--, no voy a responder nada más. No sólo hay que poner la basura en la basura: también hay que tirarla al camión y ver cómo se aleja tras doblar la esquina.

14.2.07

Flaco favor

Ese Daniel Salas es incorregiblemente elitista. Esta vez, el famoso cabecilla de la secta, amo del calabozo, mandrake de la mafia, corleone talibán y senséi del amiguismo ha ido demasiado lejos.

No le basta con vivir a cuerpo de varios reyes con el dinero de todos los americanos, o, al menos, el de todos los colorados del Midwest, gozando como puercoespín su beca doctoral en la universidad semiestatal de Boulder, allí donde van a esquiar Paris, Lindsay y Nicole.

Encima, se lo quiere restregar en la cara a todos los que no disfrutan el placer preternatural de unos años como candidato a doctor, con todo pagado, all inclusive: los libros en sus estantes, la casa dentro del campus, el seguro médico, los pasajes para congresos, los mejores profesores, etc.

Vive entre incunables, pasa por caja, se quema las pestañas tanto en el salón de los manuscritos como en la vereda del café mejicano al otro lado de Pearl Street.

¿Qué hace para merecerlo? Pequeñeces: una carrera admirable, unos ensayos juiciosos, unas clases transparentes, ser un estudiante de primera y un profesor igual, convertir cada conversación en un debate interesante, tener una opinión siempre y ganas de discutirla.

Es tan, pero tan elitista, vive tan encaramado en su torre de marfil, se complace tanto en tener las comodidades para estudiar de las cuales muchos otros carecen, que se da el trabajo de escribir, en el blog Gran Combo Club, un texto en el que aconseja, a todos los interesados en estudiar un postgrado de literatura en Estados Unicos, que lo hagan, que olviden sus prejuicios contra la academia americana y no se dejen llevar por la inercia que tantas veces conduce a jóvenes con interés intelectual a convertirse en adultos sin curiosidad por nada en la vida.

Si compartir la propia experiencia con los demás y recomendarla a los cuatro vientos no es ser un perfecto elitista, me pregunto yo, ¿entonces qué es?

El ataque contra Elie Wiesel

Como se sabe, Elie Wiesel es no sólo un novelista considerable sino además un activista político notorio, cuya lucha contra el antisemitismo y por la superviviencia de la memoria del Holocausto mereció el premio Nobel de la Paz hace veintiún años.

Su labor ha sido también objeto de críticas muy duras: ha habido quienes, como
Noam Chomsky, le han objetado no incluir a los palestinos entre los pueblos cuya opresión denuncia; ha habido, del mismo modo, quienes lo han acusado de lucrar con el "negocio del Holocausto".

Pero los ataques más duros que ha recibido en las últimas seis décadas han sido las decenas de amenazas de muerte de las que lo han hecho blanco la ultraderecha europea y norteamericana, incluyendo a los neonazis, los negacionistas del
Holocausto y los antisemitas de toda especie.

Esas amenazas aumentaron y se multiplicaron exponencialmente, claro está, luego de la aparición de internet, esta siempre útil ventana en cuyas batientes la humanidad ha decidido colgar su ropa más sucia y sacudir sus instintos más obscenos.

El primero de febrero, apenas hace dos semanas, a punto de abordar un ascensor en un hotel de San Francisco,
Elie Wiesel, a sus setenta y nueve años de edad, fue atacado por uno de esos sujetos lamentables y engorrosos, uno de esos acomplejados que había pasado años denigrándolo, insultándolo y haciendo escarnio de él, anónimamente, desde blogs y sitios web.

Cinco días después de la vergonzosa golpiza, el anónimo se convirtió en sujeto con nombre y apellido: Eric Hunt. El sujeto redactó un artículo en el que describió paso a paso el ataque contra
Wiesel, y lo reivindicó como parte de su "lucha por la libertad".

No tuvo que colgar su texto en un pequeño estercolero unipersonal (como el blog de
Carlos Gallardo, donde los nazis peruanos juegan al Holocausto con la venia del pánfilo anfitrión), sino que lo hizo en una gran publicación antisemita, una de las más visibles del planeta: ZioPedia, donde los nuevos Hitlercitos y Mussolinitos del mundo se dan el lujo de recolectar dinero para su causa a través de depósitos efectuados con tarjetas Visa y Mastercard...

"Temí por mi vida de una manera en que no había temido desde 1945", declaró
Wiesel (sobreviviente de Auschwitz y Buchenwald), poco después del ataque. Y añadió: "Hasta el día de hoy usaron palabras; ahora han pasado a la violencia".

Aquellos que promueven, cobijan y tantas veces aplauden la violencia de palabra que infecta internet de modo creciente deberían pensar un rato en las cosas que están respaldando a la larga: por ejemplo, la cohesión y la coordinación dentro de movimientos unificados de lo que hasta hace poco eran casos aislados de loquitos agresivos sin poder real...

Aunque, a veces, el solo pedirles que piensen un rato pueda resultar abusivo.

13.2.07

There Are More Things

"There Are More Things", el cuento que Jorge Luis Borges dedicara a la memoria de H.P. Lovecraft, me pareció siempre uno de los menos interesantes del argentino.

Quizá porque en una lectura superficial no parece ofrecer mucho más que esa suerte de horror formulaico que modela la mayor parte de los relatos de
Lovecraft: un narrador testigo, al borde de la locura, nos cuenta el asombroso camino que debió recorrer para hacer un descubrimiento espeluznante, pero la narración se detiene justo antes de que el sujeto nos describa su hallazgo, porque el horror es, por definición, inefable.

El interés del cuento cambia significativamente cuando uno lo coloca en el conjunto de la obra borgeana: "There Are More Things" es una reescritura del mito del
Minotauro. El narrador es un Teseo más humano que divino o heroico, un Teseo amedrentado que no acude a su cita con la bestia encerrada en el laberinto por un sentido del deber trágico, sino por pura casualidad, llevado por un accidente.

Él mismo nos cuenta la historia, lo cual es indicio de que el encuentro de este nuevo Teseo y ese acertijo violento y deshumanizado que es el
Minotauro no ha sido mortal para el primero. Pero el relato concluye sin que se llegue a narrar la confrontación, de modo que tampoco sabremos nunca si en esta versión del mito el héroe ha llegado a matar al humano-animal, si le ha cortado la cabeza de toro dejando su cuerpo de hombre en el suelo del laberinto, o si ha salido, indemne y despavorido, a reunir fuerzas para hablarnos del horror sin atreverse a nombrarlo directamente.

El título inglés del cuento me llamó
siempre la atención y, a decir verdad, si lo he releído ahora es porque, revisando a Shakespeare (cosa que por primera vez hago en inglés), encontré su fuente: "There are more things, Horatio, than are dreamt of in your philosophy" es una frase dicha por Hamlet en la primera escena del quinto acto de su tragedia: "Hay más cosas, Horacio, que aquellas que tu filosofía alcanza a soñar".

Y Borges le da un sentido metafísico (que ya está también en la imaginación lovecraftiana, de hecho) pero también un múltiple sentido mítico, pues su ser inimaginable es asociado en el relato, consecutivamente, con el Minotauro, con la anfisbena y con el Gólem de la tradición judía (eso queda claro en la referencia al comprador de la casa, Max Preetorius, como un "judezno"), del mismo modo en que el laberinto es dotado de rasgos que lo conectan con el erigido por Dédalo, pero también con los soñados por Piranesi: "there are more things", nos dice Borges, no sólo más allá de "your philosophy", sino más allá de todas: cada vez que imaginamos un universo, abrimos una cavidad alterna donde
habitan nuestros monstruos (de allí la importancia en el relato de Charles H. Hinton y sus teorías de la cuarta dimensión), pero a esos monstruos sólo somos capaces de evocarlos brumosamente, nunca de identificarlos a plenitud.

El mundo implica un submundo, como el paraíso implica el averno: "que exista el cielo, aunque nuestro lugar sea el infierno" es una frase que repiten varios personajes de Borges, incluido el más despreciable de ellos: Otto Dietrich zur Linde, el subdirector del campo de concentración de Deutsches Requiem. Pero más allá del cielo y del infierno, aun hay otras cosas.

Postdata

Acabo de recordar que mi amigo, maestro y guía Daniel Salas escribió sobre este cuento de Borges, "There Are More Things", en el blog Ficciones, meses atrás. Aquí el enlace.

12.2.07

Certificado de mediocridad

Hasta hace unos años, el asunto de los Grammy tenía cierta gracia: uno de cada tres o cuatro premiados tenía algún talento, de pronto aparecían entre ellos músicos interesantes, grabaciones originales, artistas creativos.

Ahora parece una ceremonia destinada a certificar celebredidades sin que en nada deba intervenir en la selección el mérito artístico de ninguna de ellas.

Uno puede suponer que todo ello es resultado de la decisión tomada adrede por las empresas que controlan el mercado musical americano. Es enormemente posible, claro está: los Grammy tienen un gusto inmensamente más comercial que los Oscares, y eso es bastante decir.

Pero tampoco hay que descartar la profunda ignorancia musical de la comunidad de votantes. En la última ceremonia, hace un par de noches, hubo un par de momentos que lo certificaron.

Uno en especial: Ornette Coleman, acaso la imaginación más clara y renovadora del free jazz de los años sesentas y setentas, apareció en el podio para anunciar a la artista revelación del año: el público miraba a Coleman con sincera intriga, sin la menor idea de quién era ese viejito (viejito que ese mismo día, pero antes de la ceremonia, había recibido uno de esos premios secretos que los Grammy otorgan hoy a los mejores discos de jazz, además de premio especial por los logros de toda una carrera).

Muchos ni siquiera dejaron de hablar durante el discurso de Coleman. Coleman anunció a la artista revelación del año, Carrie Underwood (ex concursante de American Idol, sin más mérito que una bonita voz, una bonita cara y un gusto musical miserable). Underwood se llevó una ovación de pie de parte del auditorio entero.

Si alguien por aquí no ha escuchado la música de
Coleman, le recomiendo ir a estos enlaces y ver los videos del genial saxofonista en una presentación televisiva de 1979, un concierto en Milán en 1980, otro en Roma en 1974, otro en Estados Unidos, junto a Pat Metheny, en 1988, y este fragmento de un documental japonés sobre el Ornette Coleman Trio.

(Y no: no se trata de que los Grammy siempre hayan sido así: el premio que recibió Carrie Underwood este año, lo han recibido en el pasado artistas como Ray Charles, Elvis Presley, Led Zeppelin y los Beatles. El premio al álbum del año, que ahora ha ido a parar a las manos de las aburridísimas Dixie Chicks, lo ganaron antes los Beatles, los Rolling Stones y Bob Dylan. Por mencionar a unos cuantos).

11.2.07

Lost City Radio: Daniel Alarcón

Por lo común, a un narrador le toma muchos años y varios libros ir construyendo un universo que sus lectores lleguen a distinguir e identificar como singularmente suyo: un mundo personal se va diseñando poco a poco, se va destilando a partir de obsesiones, deseos y fantasmas que, en un principio, suelen ser huidizos y acaso desarticulados.

A riesgo de ser arbitrario, me atrevo a decir que son dos los narradores peruanos jóvenes que más rápidamente han colocado los cimientos de un universo propio cuyos rasgos los lectores empiezan ya a intuir con cierta claridad:
Luis Hernán Castañeda y Daniel Alarcón.

Teniendo en cuenta las distancias de origen y formación entre ambos (
Alarcón, recuérdese, es un escritor limeño crecido y educado en Estados Unidos, y escribe en inglés), sorprende que esa temprana afirmación de la propia identidad autorial no sea la única coincidencia: sus mundos ficcionales se parecen en algo, el interés de ambos en construir escenarios alternativos --ciudades que son como espectros de Lima pero que se tejen también con los hilos de la distopía, la anacronía y el delirio-- resulta en mucho semejante.

No pensaba escribir sobre ellos (espero ver pronto el futuro libro de cuentos de
Luis Hernán, que en pocos meses estará en librerías), así que mejor lo dejo allí: sólo quería postear cierta información que Daniel me hace llegar acerca de su gira de promoción de la novela Lost City Radio por numerosas ciudades de Estados Unidos.

La novela, de la que escribí hace algunos meses en Somos y a raíz de la cual le hice, para
Caretas, una entrevista, está recibiendo criticas sumamente positivas en la prensa norteamericana. A ver si los lectores del blog que estén en alguno de los siguientes lugares tienen la oportunidad de escuchar a Daniel y acaso conversar un rato con él. El programa de presentaciones es éste:

2/13: CHICAGO - Barbara's Bookstore (Oak Park)
2/14: IOWA CITY - Prairie Lights Books
2/15: MILWAUKEE - Harvey Schwartz
2/16: MADISON - A Room of One's Own
2/19: BOSTON - Harvard Books (Cambridge)
2/20: BOSTON - Newtonville Books (Newton)
2/21: NEW YORK - McNally Robinson
2/22: NEW YORK - Barnes and Noble (UpperWest)
2/25: NEW YORK - KGB with Francisco Goldman
2/27: PORTLAND - Powell's
2/28: SEATTLE - University Books
3/1: SEATTLE - Elliot Bay Books
3/6: LOS ANGELES - Skylight Books (Los Feliz)
3/7: LOS ANGELES - Libreria Martinez (Lynwood)
3/8: LOS ANGELES - Libreria Martinez (Santa Ana)

Imágenes: la novela, el autor y uno de los puntos de presentación, la librería Harvard Books, en Cambridge, Mass.

Ponga la basura en la basura

En diez días, son ya tres los blogs-basura que van desapareciendo súbitamente de la blogosfera. No sólo me refiero a aquellos que han caído en el abandono (fin previsible de esos espacios, pues son hechos por vagos sin la menor constancia o el menor talento), sino a aquellos que han sido incluso borrados de donde estaban, y de los cuales no queda el menor rastro.

En muchos casos, el paso previo fue que Perúblogs los eliminara de su registro y de sus ránkings. A los sobrevivientes, se les pide que averigüen bien qué pasó con los demás. Después, cuando acaben de perder el juicio, no digan que nadie los puso sobre aviso.

7.2.07

Música paranoide

Para no mencionar a Dostoievski (¿o será para no mencionar a Sófocles?), digamos que por lo menos entre Dalí y Quiroga, o entre Lagerkvist y Piglia, hay una larga nómina de artistas que le han creado un prestigio notable a la paranoia como tema, como excusa, e incluso como método creativo.

Los narradores paranoicos, en particular, son un mecanismo inapreciable, porque su voz es capaz de instaurar la polisemia en cualquier frase: las cosas vistas y reconstruidas por la mente paranoica se desdoblan, adquieren sentidos múltiples, se ensanchan y se multiplican: es casi inevitable que de ellas provenga buena literatura.

Y grandes canciones, claro está. Yo quiero recomendarles algunas, cuyos videos pueden encontrar de inmediato en los siguientes enlaces de Youtube: I Think I´m Paranoid, de Garbage; Paranoid Android, de Radiohead (aquí hallarán además una versión en vivo); Paranoid, de Black Sabbath; y mi preferida: What´s He Building In There?, del maestro Tom Waits... Ah, y... ¡no vayan a pensar que es algo contra ustedes!

Imágenes: Shirley Mason de Garbage, Tom Waits, Radiohead.